TIEMBLA LA CORRUPCIÓN KIRCHNERISTA

La aceleración de los procesos judiciales y de depuración del peronismo como consecuencia del enorme triunfo de "Cambiemos" en las elecciones legislativas
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En mi editorial de ayer dije que el abrumador triunfo de “Cambiemos” en las elecciones legislativas del domingo pasado iban a dar tema para análisis mucho más profundos, como que también sus repercusiones se empezarían a notar en cuanto se calmen los ánimos eufóricos de quienes obtuvieron una victoria contundente y de aquellos que salieron perdiendo en la contienda electoral. Pero la vorágine que supone nuestro apasionamiento, tanto de si política se trata como de otros ámbitos del diario trajinar ciudadano, hacen que no sea posible hacer pausas para la reflexión concienzuda de los acontecimientos y que los hechos se sucedan sin solución de continuidad.

Esto, que si bien es una característica de nuestro ser nacional, se ve potenciado por el ritmo temerario que algunos actores políticos le imprimen a los acontecimientos, sobre todo cuando se comunican con sus simpatizantes y con la ciudadanía en general, con la “calentura” propia de quien se creía inbatible y los fríos números le dicen otra cosa.

En este último sentido, el mensaje pronunciado por la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuando los resultados del escrutinio era irreversibles, casi al filo de la medianoche del domingo, y en el que, por primera vez en su carrera política, perdió una elección, seguramente aceleró un proceso dentro del kirchnerismo y de todo el arco peronista nacional, que se suponía iba a tardar mucho más tiempo en acusar la derrota.

El hecho de auto proclamarse como la única candidata que sumó más votos que en las PASO, algo que en verdad no es cierto, pero que la “abogada exitosa” quiso creer y hacerle creer a acólitos y adversarios por igual, obró en su ánimo como suficiente justificativo para reclamar una posición de liderazgo absoluto e indiscutido dentro de las filas peronistas y produjo en los distintos sectores del partido creado por el General Perón un sentimiento de rechazo que, cual reguero de pólvora, avivó viejos resentimientos y encendió nuevos focos de conflicto.

Es así que, a menos de 48 horas de la victoria de “Cambiemos” en casi todo el mapa político nacional, las consecuencias de la misma no sólo se comienzan a percibir, sino que son palpables de manera concreta en gran parte del frente opositor al gobierno, que también ve una inmejorable oportunidad para despegarse, a la vez que deshacerse, de todos los elementos indeseables que los llevaron a tener que digerir tan amargo resultado.

No fueron pocos los que salieron al cruce de las declaraciones de la senadora electa por la Provincia de Buenos Aires, la otrora hacedora de la “década ganada”, reclamándole por la responsabilidad que le cabe en la derrota experimentada, sobre todo por llevar adelante una estrategia electoral de espaldas al movimiento peronista nacional, con innegables aristas de su fuerte personalismo y egocentrismo, que también es fuente de ceguera y distorsión de la realidad. Es que, en definitiva, el kirchnerismo fue, es y será un desprendimiento del peronismo y nunca dejará de ser otra cosa. Entonces, con mucha razón, aquellos gobernadores que ganaron la elección en sus provincias, como el caso de Gildo Insfran en Formosa, Sergio Uñac en San Juan, Juan Luís Manzur en Tucuman, Lucía Corpacci en Catamarca, Mario Das Neves en Chubut, Carlos Verna en La Pampa y los Rodríguez Saá en San Luís son los primeros en objetar el proclamado alineamiento de todos ellos detrás de la figura de la ex Presidenta. Tanto estos gobernadores, como también los pertenecientes a esa línea transversal que supo construir Néstor Kirchner con el engendro de un “Radicalismo K”, como Zamora en Santiago del Estero y Mourice Closs en Misiones no reconocen en la figura de Cristina Kirchner al líder que pueda conducirlos en 2019 a una elección presidencial con serias chances de ganar.

A esto último cabe agregar el enorme desprestigio que genera en la mayoría de la ciudadanía argentina los nombres de ese kirchnerismo que, a lo largo y a lo ancho de toda su extensión, se encuentra cruzado por la enorme cantidad de procesos abiertos contra ex funcionarios de todas los estamentos gubernativos por los más diversos delitos, que van desde el mal desempeño de su función, corrupción, cohecho, desvió de fondos públicos, hasta el de asociación ilícita, y, con el agravante en este último, de que la sospecha judicial de ser la “jefa” de ella recae en la cabeza de la mismísima Cristina Kirchner.

Otra consecuencia directa y, me atrevo a decir, muy rápida de los resultados electorales del pasado domingo, es el tratamiento que hoy se le va a dar en la Cámara de Diputados de la Nación al pedido judicial de desafuero del diputado Julio De Vido, que ya se descuenta va a contar con el voto favorable en ese sentido. Quizá, si las cifras del escrutinio hubieran sido negativas para la administración de Mauricio Macri, este tema habría sufrido dilaciones, ya que, por muy lamentable que sea, nuestra institucionalidad republicana todavía no ha podido asumir la total y absoluta independencia de cada uno de los tres Poderes que la conforman. Pero, para desconsuelo del ex ministro de Planificación Federal, el desbande que toda derrota supone, ya sea en el frente de batalla como en el electoral, lo van a dejar desprotegido y sin esos fueros a los que tanto se aferró para no tener que dar cuenta de sus actos y negociados durante su largo paso por la administración kirchnerista.

Así las cosas, hoy deben ser muchos los que tiemblan a la espera de que la justicia los llame ante sus estrados, incluida la ex Presidenta de “todos y de todas”, por que la ratificación que la ciudadanía le otorgó a “Cambiemos” es también un delineamiento que le está diciendo al Poder Judicial de la Nación de qué manera espera que actúe en contra de quienes se valieron de sus puestos de servidores públicos para cometer toda suerte de delitos.

La Argentina va dejando atrás una etapa de oprobio y de vergüenza, y se encamina, con paso firme, a consolidar un proyecto de nación con justicia, con valores éticos y morales, pero sin olvidar, ni por un instante, ese pasado reciente que tanto daño le ha causado a todo el pueblo.

Para finalizar, y en consonancia con lo antedicho, ese dejar atrás un pasado oprobioso y vergonzante implica la depuración del peronismo como partido y movimiento que es. Por ello, los apurados dichos de Cristina Kirchner, con la mueca de la derrota dibujada en su cara, en el sentido de que “Unidad Ciudadana” vino para quedarse son tan sólo una triste expresión de un deseo nacido de la frustración que, inevitablemente, se estrellará contra la realidad del país que todos los argentinos bien nacidos queremos y nos merecemos.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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