Con esta victoria, Mauricio Macri alcanzó la escala de líder político

OPINIÓN 23/10/2017 Por
Pocos lo imaginaban antes de las PASO. Es su tiempo. Habrá que ver cómo administra la mochila de cuentas pendientes. Y cómo los transforma en algo definitivamente nuevo
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Nadie lo hubiera creído no ya en el 2003, cuando inició su carrera política como candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad y perdió. Muy pocos lo creyeron posible hace pocas semanas, cuando Cambiemos fue a las PASO con el escepticismo de la enorme mayoría de los expertos, que estaban convencidos de que Cristina Fernández de Kirchner era invencible en la provincia de Buenos Aires, porque no había forma de ganarle al peronismo.

Desde el 13 de agosto, para el círculo rojo, Mauricio Macri no se volvió rubio y de ojos celestes, porque lo es. Se transformó en un peronista, es decir, un imbatible en las elecciones, alguien que conoce los secretos del respaldo popular.

En efecto, Cambiemos demostró que es una maquinaria electoral del siglo XXI, abierta los valores de un tiempo de conversación horizontal, donde los grandes relatos están limitados a minorías, tal vez intensas, pero sin chances de gobernar.
Claro que Macri no es peronista, ni lo quiere ser. Pudo haber sido candidato del Partido Justicialista cuando se lo ofreció Eduardo Duhalde en el 2003, y no quiso. Incluso antes, cuando se lo ofreció Carlos Saúl Menem. No comparte los valores del peronismo, su vocación aluvional, su desordenado andar hacia un extremo y el otro del arco ideológico, ese esfuerzo por poner relato donde a él le gusta poner hechos.


Pero en la Argentina, el peronismo es el partido del poder. O lo era, hasta que llegó Cambiemos al Gobierno nacional y arrasó -sin prisa y sin pausa- con infinidad de creencias, entre ellas, que Macri era otro Fernando De la Rúa, ese débil presidente radical que no pudo contra los desestabilizadores.

Macri demostró que se fortalece en la adversidad, que tiene una paciencia a prueba de los obstáculos más dramáticos, y tuvo el talento de cruzar su visión estratégica de tipo empresarial con una pasión política que supo disimular, porque siempre prefirió que lo tomen por b…, antes que gastar energía con los genios tacticistas que lo aburren, de los que no les interesa nada.

Un funcionario que hace años viene recorriendo su vida política junto a él, a veces más cerca, otras más lejos, dice que "su secreto es que escucha más de lo que habla, y que tuvo la capacidad de convertir sus debilidades en virtudes". Un diputado de larga trayectoria en el peronismo asegura que tiene "una honestidad en las intenciones que llama la atención en el mundo de la política, realmente poco habitual". Un joven del equipo de comunicación, el más eficiente de la Argentina de todos los tiempos, cuenta que "es un jefe magnánimo, con un temple que nos ayuda a pasar momentos difíciles, a superar angustias, los errores de la gestión diaria".

Los amigos de Macri aseguran que el Presidente pasó un día exhultante, convencido de que la victoria que le auguraban todas las encuestas le permitiría encarar las reformas que considera que el país necesita para que los brotes verdes se transformen en un bosque que genere empleo genuino y elimine de una vez por todas la pobreza estructural.

Mañana el Presidente arrancará temprano, como si fuera cualquier lunes, porque es lo que más disfruta, trabajar y trabajar para lograr sus objetivos. La única diferencia es que, cuando se despierte, ya se habrá transformado en un líder indiscutido, una escala política a la que llegaron muy pocos dirigentes en la Argentina. Es su tiempo. Veremos cómo administra la enorme carga de los pendientes de un país que durante 12 años ocultó sus problemas bajo la alfombra populista y los transforma en algo nuevo, que quizás imaginamos, pero nunca vivimos.

Fuente: Infobae

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