KAROSHI

EDITORIAL 13/10/2017 Por
“Hay que acelerar la obra pública, hay que trabajar sábados y domingos, hacerlo flexible para aquellos que quieran hacerlo”. Presidente Mauricio Macri, 3 de abril de 2017
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Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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En japonés, karoshi designa la muerte por exceso de trabajo, y es algo que ocurre con suficiente frecuencia como para llamar la atención de la sociedad y del gobierno del país asiático.

La polémica se reavivó ahora por el fallecimento de una periodista que sucumbió tras agregar 159 horas extras a su horario de labor normal en un mes.

Aunque según las estadísticas de la OIT los empleados japoneses trabajan en promedio 39 horas por semana (la misma cifra que da para Argentina y similar a la mayoría de los países), se estima que el 20% de los japoneses dedica más de 12 horas diarias a su trabajo y el caroshi es responsable por unas 10 mil muertes anuales. Asimismo, se atribuye al estrés laboral un tercio de los suicidos en ese país. Karoshiatsu es la palabra que identifica a este tipo de suicidios.

Aunque desde Japón y otros países asiáticos -los conocidos como los cuatro tigres- llegan con más frecuencia las noticias de tragedias generadas por estrés laboral, éste es un denominador común en el mundo actual.

La dificultad para encontrar empleo, sumada a a la demanda impuesta a la sociedad para que consuma, producto de un frenético afán para imponerle al ciudadano hasta productos que no tienen utilidad (ahora tenemos el caso del spinner) conducen a los empleados a soportar condiciones indignas y abusos por parte de los patrones.

Un caso ejemplar en Córdoba

Se conoció la condena impuesta por la Cámara Única del Trabajo, de Villa María a una empresa distribuidora que despidió a una empleada administrativa obligada a cumplir más de 65 horas semanales de labor, y atender las 24 horas diarias el teléfono celular corporativo.

A estas obligaciones se sumaba un trato denigrante hacia la trabajadora, comprobado fehacientemente por testimonios del personal de la firma y la pericia médico/científica correspondiente.

El presidente Macri señaló en reiteradas oportunidades el poco afecto que dispensa al fuero laboral y a los letrados que patrocinan a los trabajadores, a los que llegó a calificar de “mafia”. La tendencia neoliberal vigente, con sus propuestas -algunas ya concretadas- de flexibilización laboral, no auguran buenos tiempos para la parte más débil de la ecuación capital-trabajo.

Sin duda, el sector asalariado no está pasando un buen momento en el mundo, ni tampoco en la Argentina. El neoliberalismo -o tal vez sea más preciso definirlo como neoconservadurismo- que tiene preeminencia hoy y modela el sentido común de las sociedades, pone sus fichas a la empresa. Es ella la creadora de riqueza, que derramará, se repartirá luego entre toda la sociedad.

Pero la realidad muestra lo contrario: un puñado de individuos posee y maneja la mitad de toda la riqueza del mundo. El capital no se derrama sino que se concentra.

Esa concentración puede, sí, incrementar la producción, aunque -es evidente- a costa de poner al planeta al borde de su extinción. Los salarios de los países que la concepción dominante de la economía pretende imponer como ejemplos son nominalmente muy altos. Cuando en la Argentina ese salario medio es de unos 800 dólares, en los tigres asiáticos alcanza tres veces esa cifra. Pero el poder de compra de esos salarios no es el equivalente a tal multiplicador, porque todo allí es más caro. Y, como se vio, la calidad de vida es inferior.

Algo de lo que quienes viajan conducidos por un chofer oficial ni se enteran

Un episodio ocurrido en Mendoza nos muestra de qué modo, aquellas personas menos favorecidas económicamente, sufren por circunstancias que seguramente ni han pasado por la mente de quienes redactan las normas que rigen la vida del hombre común, ni de quienes se encargan de ponerlas en vigencia y mucho menos de los responsables de hacerlas cumplir: una trabajadora sube a un colectivo pero su tarjeta no tiene saldo. Un pasajero usa la suya para superar el problema y la señora le da a él el importe del boleto en efectivo, con anuencia del chofer del vehículo. Un hecho común.

Pero he aquí que aquel que ayuda a la mujer en problemas, desciende antes que ella del transporte. Y luego sube al mismo un inspector acompañado por policías, quienes sin atender razones, llevan detenida a la pasajera y la retienen durante siete horas en la comisaría, incluso sin brindarle las mínimas comodidades.

Este episodio, como tantos otros que ocurren diariamiente, ejemplifican una verdad que trasciende a todo el ordenamiento económico y juridico y que la cultura popular resume en una frase categórica: el hilo siempre se corta por lo más delgado.

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