Con menos dudas sobre el rumbo, se debate ahora la eficacia de la gestión

OPINIÓN 11/10/2017 Por
Dentro de las empresas, la discusión sobre las variables macroeconómicas ya no tiene el tono drástico de 2016
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La mayor parte de los hombres de negocios aprendió a administrar su ansiedad, saben que el rumbo está definido con bastante claridad y que el gradualismo exige paciencia. Pero si pudieran pedir un deseo modesto al Gobierno después del 22 de octubre es que el achicamiento del Estado no afecte a la Jefatura de Gabinete. Todo lo contrario: se preguntan si no sería oportuno clonar a los vicejefes Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, los hombres que administran el debate interno sobre la gestión y que suben o bajan el pulgar de todas las decisiones políticas y administrativas que involucran a más de un ministerio.

La ironía, claro está, es una forma de destacar que a veces la coordinación dentro de un gobierno que tiene un funcionamiento muy transversal es, cuanto menos, desafiante.

Los empresarios que tienen un proyecto en ejecución, y tienen el visto bueno de un área, pero dependen de otra para que se reglamente una parte de los beneficios acordados, saben que hay un ida y vuelta que puede durar semanas o meses, hasta que llega a los escritorios mas altos de la Casa Rosada. Saben, además, que la decisión no se tomará en esa instancia, sino que es disparará nuevas rondas de consulta hasta que haya un acuerdo o un decisión política que lo sustituya.

La falta de una estructura técnica adecuada es una falta que costará corregir. En este campo la herencia se convirtió en un lastre difícil de remover. El Gobierno aspira a que la economía se mueva más rápido, y en ese aspecto apuestan a que el resultado de la elección de octubre facilite el deseo presidencial de que la gestión tome otra velocidad y profundidad en los años que siguen.

El Ejecutivo suele darle muchas vueltas a estas decisiones porque teme darle a las empresas un beneficio que pueda ser visto como una prebenda, en momentos en los que la sombra de la corrupción genera costo político en toda la región. Les pesa el lobby de los privados, porque no quieren sentir que trabajan para el círculo rojo que tanto denosta el Presidente. Como siempre, la solución estará más cerca del sentido común que del reclamo insistente o la duda paralizante.

Fuente: Cronista

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