Para mantener el gradualismo, la Casa Rosada necesita conseguir un shock de votos pro-reformas

OPINIÓN 09/10/2017 Por
La pregunta que repiten los empresarios que buscan planificar el horizonte de sus compañías con un poco más de certeza, es si la actual recuperación de la economía es la base de un crecimiento sostenible o no
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Las respuestas que reciben tienen dos vertientes: la primera de ellas -la más previsible- es la que pone como condicionante el resultado de las elecciones; la segunda hace foco en algunas luces amarillas que demandan tareas de corto, mediano y largo plazo. En este rubro aparecen el déficit externo y su contracara, el déficit fiscal, y la dificultad por lograr una inflación que converja al esperado nivel de 1% mensual.
Está claro que el balance político se hará después del 22 de octubre, pero para aquellos que están atentos a las reacciones del mundo financiero, es probable que el resultado de ayer en la elección de Corrientes se constituya en una primera buena señal que repercuta en el precio de los activos soberanos. Para el Gobierno, la diferencia final en el escrutinio (donde el triunfo del oficialismo está descontado) puede significar el inicio de una ola amarilla. Nadie lo dirá en voz demasiado alta, porque lo último que desea Mauricio Macri es que su equipo y sus candidatos queden atrapados en un sentimiento triunfalista. Si la fórmula que encabeza el radical Gustavo Valdés supera 45% de los votos y hace innecesario un ballottage (dato que la Casa Rosada esperaba con ansiedad al cierre de esta edición), transformará la elección en un importante espaldarazo para Cambiemos. Cabe destacar que desde las PASO, la prima de riesgo país de la Argentina se comprimió al menos 100 puntos básicos. Por eso habrá que estar atentos a los números que entregue la justicia electoral correntina a lo largo de la madrugada.

En segundo término, lo que aparece en el tablero de control como señal preocupante son dos números de la macro: el déficit de las cuentas externas y lo que promete ser en septiembre un repunte de la inflación que podría estirar los tiempos de la dureza monetaria que ejecuta el Banco Central.

La dependencia del financiamiento externo puede provocar, al cierre del año, un déficit de 4% del PBI, según la proyección que hace FIEL en función del balance de pagos del primer semestre. El problema no es tanto su magnitud sino su origen, que es el rojo fiscal. El Gobierno está solventando el gasto del Estado con endeudamiento, una fórmula que podría incrementarse en función de que a mediano plazo su principal fuente de ahorro presupuestario, la reducción de subsidios a las tarifas energéticas, va a encontrar un límite fáctico. Los analistas consideran que en este punto, el condicionante político se vuelve más relevante, porque creen que la única forma de lograr un escenario fiscal sustentable, es con reformas estructurales que cambien la composición del gasto estatal y garanticen una mejora de la competitividad del sector privado.

La inflación, con algunos datos de septiembre que revelan que puede haber algunos precios no regulados que empujen hacia arriba el indicador "core", sigue como una asignatura presente aunque menos que en el 2016. No se duda del sendero descendente, pero sí hay interrogantes sobre cómo se llegará al 1% mensual, ya que todavía hay aumentos tarifarios y de combustibles que deben mantenerse en el tiempo para que el sector energético genere las inversiones prometidas. Para mantener el gradualismo, la Casa Rosada necesita un shock de votos.

Fuente: Cronista

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