Cataluña, un sol que asoma, un mediterráneo que observa

INTERNACIONALES 08/10/2017 Por
Masiva manifestación en Barcelona por la unidad de España.
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Apenas una semana después del 1° de octubre, el día de las marchas multitudinarias en Barcelona, con un plebiscito aprobado por el Parlamento Catalán (Generalitat) y convocado por el presidente de ese estado autonómico, Carles Puigdemont, Barcelona se vistió de banderas catalanas (la senyera) y españolas (aclaración: la rojigualda con el escudo nacional, la constitucional, no la del aguilucho, la franquista), con multitudes en las calles, bajo un cálido sol, y con un cierre espectacular en manos del catalán y socialista Josep Borrell, quien improvisó un discurso de no más de 20 minutos que requiere toda una vida para prepararlo.

Una semana donde la temperatura en España subía día a día, donde los enfrentamientos personales subieron de tono al punto tal que muchos, quizá en medio de la confusión reinante, recordaban los enfrentamientos de la guerra civil (1936-39). A diferencia de aquellos años, este siglo XXI no pone las armas sino las redes sociales a disposición de las querellas. No son pocos los que borran amigos en esas redes. Algunos de ellos acusados de estar en contra de la Constitución y de la legalidad. Otros por pedir cárcel para Puigdemont. Y no faltan quienes acusan de fachas (en España no se dice fachos a los fascistas sino fachas) a cualquiera que "no entienda" la decisión de abandonar España y lanzarse a la aventura, nada romántica, de una Cataluña independiente.

El clima español, además de la sequía severa en un otoño que se resiste a comenzar, está caldeado. Estas líneas, escritas al calor de un domingo donde el españolismo ganó una batalla pero no la guerra -si cabe una metáfora bélica donde es prioritario preservar la paz-, apenas son para retratar algunos hechos sobresalientes e intentar, si cabe, alguna reflexión.

Decía que Borrell fue el Messi de Barcelona. Cerró el acto multitudinario tras las palabras de un Mario Vargas Llosa que tiene la nacionalidad española y es miembro de la Real Academia Española desde hace más de dos décadas. La elocuencia y buen porte del premio Nobel de Literatura fue apenas el prólogo de lo expresado por Borrell. Este catalán, que fue ministro de Felipe González y estudió en Palo Alto, California, y en París, coronó su carrera política hace una década como presidente del Parlamento Europeo. Un dato clave para entender el conflicto catalán, porque la Unión Europea de ningún modo prestó conformidad a la decisión unilateral de independencia. Y porque Borrell, en junio de este año, tuvo un debate televisado con Oriol Junqueras, líder de la Esquerra (Izquierda) Republicana y vicepresidente de la Generalitat (parlamento catalán). En esa oportunidad, con datos chequeados en la mano, rebatió los argumentos de que "España le roba a Cataluña" y otros tantos asuntos que, en los últimos meses, alimentaron el plebiscito del 1-O, que no es el uno a cero sino el 1° de octubre. Pero si la metáfora futbolera sirve de algo, una semana después, cuando en Cuba y otras latitudes se recuerda el medio siglo de captura y asesinato (al día siguiente) de Ernesto Guevara, este 8 de octubre fue del 1-0 de los españolistas.

Es política ficción saber qué puede pasar el 15-O, pero Borrell marcó la cancha con la contundencia de los mejores jugadores. Cuando promediaba su discurso, se atrevió a no condenar a los secesionistas y la multitud, como era de esperar, silbó, gritó y pidió cárcel. Entonces, con la genialidad de los jugadores repentinos, dijo que a la cárcel solo deben ir aquellos que los jueces decidan que deben ir. Algo que, quizá, algún día se escuche en lugares donde los jueces se ponen la camiseta del poder de turno y buscan debajo de los pantalones y las polleras (faldas se diría aquí) de los gobernantes del mandato anterior.

Tres notables detalles más de las palabras de ese hombre elegido por la Societat Civil Catalana para hablar de cara a casi un millón de asistentes. Borrell no agradeció a las grandes compañías catalanas que decidieron, estos últimos días, mudar sus sedes a otras ciudades españolas y hacerle así el vacío al secesionismo. Por el contrario, el socialista se preguntó por qué esas empresas no advirtieron antes que, en caso de decisiones unilaterales, pondrían los pies en polvorosa. Quizá, y esto es política ficción y responsabilidad exclusiva de este cronista, Puigdemont, Junqueras y muchos millones de catalanes hubieran tenido menos entusiasmo. Habrían tomado dimensión de que la rica Cataluña no parece tener lugar en la Unión Europea en tiempos de Brexit y otros separatismos. Ese fue un llamado de atención a la rica burguesía catalana y también a los accionistas extranjeros de Aguas de Barcelona, La Caixa, Gas Natural y otras poderosas multinacionales que movieron ficha recién esta semana cuando hasta Angela Merkel advirtió de que no hay espacio para ese camino.

Borrell hizo referencia a la Argelia que se independizó de Francia en tiempos de Charles De Gaulle y, más recientemente, el Kosovo que se desvinculaba de Serbia. "Cataluña no está ocupada por España, es parte de ella", explicó. La última, en clave de domingo, fue recomendar a todos quienes escuchaban, que terminada la jornada, compraran un cava y se lo tomaran con gusto. El cava, como es sabido, es como el champán francés. Y como en España las bebidas tienen denominación de origen, sucede que el último año hubo una caída de consumo de cava. Algunos lo atribuyen a la antipatía que genera la causa independentista. En ningún caso es que en estas tierras haya bajado el consumo de tragos y bebidas espirituosas.

Un último comentario de este cronista acerca de lo no visto y lo no oído en estos días tan movidos. Quedan en segundo y tercer plano lo que España y Europa son pese a las visiones eurocentristas. En los últimos años, las migraciones provocadas por el hambre y las guerras crecieron a punto tal que es preciso remitirse al fin de la segunda guerra mundial para encontrar un flujo mayor. Claro, había, detrás de los refugiados en 1945, unos 60 millones de muertos en apenas cinco o seis años. Cabe recordar que hace unos meses asumió al frente de Naciones Unidas el ex presidente de Portugal Antonio Guterres, que había estado al frente del área de Refugiados de ese alicaído organismo internacional. En lugar de una lista detallada de los dramas humanos de los expatriados del siglo XXI, basta con recordar unas palabras de Joan Manuel Serrat, alguien que siendo un chaval se animó a grabar un disco en catalán en tiempos del dictador Francisco Franco. Ese mismo Serrat, que estos días se pronunció a favor de la unidad española, fue tildado de feixista (fascista) por muchos independentistas. Hace un año, Serrat resignificó Mediterráneo, el magnífico poema de Antonio Machado, un andaluz sensible y brillante que murió apenado en el exilio durante la dictadura franquista. El video se viralizó: un grupo de gente en un ambiente bucólico que escucha la melodía interpretada por una orquesta de jóvenes. Luego se descubren las fotos montadas sobre caballetes con gentes ahogadas o con expresiones indescriptibles. Un Serrat sobrio y escueto dice al final de video: que el Mediterráneo no sea una fosa a la que tantos apuestan como última carta de vida o de muerte.

Fuente: Infobae

Redacción

Daniel MAKENA. Jefe de Redacción

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