CRISTINA NO DEBATE

La ex Presidenta no se arriesga a quedar atrapada en sus propias contradicciones
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Existe un viejo dicho que reza: “aunque la mona se vista de seda, mona queda”. Y es que las apariencias, las ornamentaciones, las posturas de momento son sólo una disfraz que quiere ocultar un fondo, una esencia que jamás va a cambiar.

La ex Presidenta de “todos y de todas”, la otrora campeona de las “cadenas nacionales”, la gran oradora en multitudinarios actos con “viáticos” para los asistentes, la que jamás dio una entrevista a un medio de comunicación local durante los 8 años en que estuvo al frente del Poder Ejecutivo Nacional, hoy otorga entrevistas personales y hasta se despoja de sus lujosas prendas y alhajas, en un último intento por recuperar una posición dentro de las preferencias electorales de los argentinos que está muy por debajo de las grandes expectativas que seguramente tuvo hasta el 13 de agosto pasado, fecha en que le “cayeron las fichas” de que su sólo nombre, encabezando una lista de candidatos, no es lo suficientemente convocante como para ganar una elección sin siquiera “transpirar” la camiseta.

Entonces recurre a estrategias que en otro momento le hubieran parecido inaceptables. Hablar frente a frente, con un periodista que, si bien no lo tienen en la lista de sus enemigos, de esos que según sus propios dichos estaban dentro de un denominado sector definido como “periodismo de guerra”, pero que tampoco se comporta como su “esbirro”, ciertamente le debe haber significado un esfuerzo mayúsculo.

Enfrentar incómodas preguntas, no ser la directora de la orquesta y, a la vez, la única ejecutante de la misma, aceptar que en medio de la charla puedan surgir temas incómodos y, lo que aún sería peor, que no se cuente con el aplauso o las vivas que dan la pausa suficiente para pensar la respuesta, teniendo que arriesgarse a una espontaneidad que en muchas ocasiones podría significarle la producción de una frase fallida, de una afirmación falsa o, simplemente, una mala jugada del inconsciente, deben representar los síntomas más elocuentes de la gran preocupación por la que atraviesa esta mujer faltando tan poco tiempo para la verdadera elección legislativa, esa con cuyo resultado sellará, de una manera u otra, su futuro político inmediato y sus aspiraciones para volver a postularse en 2019 para otro nuevo mandato presidencial.

Pero, así y todo, apostando la pocas fichas que le quedan en su haber, tampoco se anima, la que hasta hace tan poco tiempo se mostraba como la más temeraria mujer del país, a jugarse el todo por el todo.

Jugarse el todo por el todo sería aceptar sentarse a contestar las preguntas de, como bien lo dijo hace pocos días Eduardo Feinmann, un periodista especializado en temas políticos, un periodista con los suficientes “blasones” como para que este reto le signifique un real reconocimiento por parte de la opinión pública. Con esto último no quiero decir que Luís Novaresio o que Samuél “Chiche” Gelblum no tengan capacidad para hacer la entrevista que de hecho hicieron. Pero ni uno, ni otro significan hoy el “sumun” del actual periodismo nacional. De Victor Hugo Morales, sinceramente, me ahorro el comentario, por que su militancia política es tan evidente, que ni vale la pena gastar palabras.

Jugarse el todo por el todo, también podría ser la convocatoria a un acto como aquellos en que solía reunir cientos de miles de acólitos y aplaudidores, con toda la parafernalia oficial que tenía a su alcance y con todos los “extras” que incluían la participación en los mismos. Pero, seguramente, esto es algo que ya no está más en la mente ni en los planes de la “abogada exitosa”, puesto que si solo se llegaran a reunir unos pocos miles de personas, supondría un muy fuerte mensaje de desaprobación hacia el resto de sus posibles adherentes, y una imagen que no debe querer dejar plasmada.

Y dejé para lo último, lo que a mi parecer sería el acto más arriesgado de Cristina Fernández de Kirchner, que no es otro que enfrentarse a un debate con los demás candidatos. Un debate como los que acostumbra a organizar el programa televisivo “A dos voces” desde hace ya muchos años. Pero, por estas horas se hizo público el rechazo de la candidata a Senadora Nacional por la Provincia de Buenos Aires a participar en ese debate. Seguramente, quienes concurran a ese espacio televisivo no le deben temer tanto a debatir abiertamente con los demás candidatos como sí le teme quien nos decía, hasta hace muy poco tiempo, que había que temerle “solo a Dios y un poquito a mi”.

Afortunadamente, todos los relatos tienen un principio y también tienen un final, y el “Relato K” no va a ser la excepción, ya que ese final está muy cerca, si es que ya no ha finalizado y quien fue la principal protagonista de él todavía no se ha querido dar cuenta de ello.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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