CHICANAS, IMPUGNACIONES, CAGATINTAS Y CORRUPTOS

Huecos del Poder Judicial argentino por el que se cuelan todas las "ratas"
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Julio De Vido pidió la nulidad absoluta de todas las imputaciones por las cuales está siendo sometido a juicio oral y público por la “Tragedia de Once”, en tanto Amado Boudou logró que la audiencia por el “Caso Ciccone” pase a un cuarto intermedio para el martes de la próxima semana, mediante una solicitud hecha por las defensas del ex jefe de asesores de la AFIP Rafael Resnick Brenner y Alejandro Vandenbroele, que pidieron más tiempo para interiorizarse del expediente, dada la renuncia al patrocinio hecha por los anteriores letrados de esos imputados.

Tanto en el primero, como en el segundo caso, estamos frente a una típica “chicana” jurídica, que seguramente volverá a usarse en infinidad de ocasiones, cada vez que los profesionales que asesoran a quienes hoy mantienen caliente el “banquillo de los acusados” encuentren una oportunidad para hacer de estas dos causas una interminable sucesión de hechos enmarañados que, en definitiva, atentará contra el total esclarecimiento de las responsabilidades que les caben a los ex funcionarios del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, por la comisión de los ilícitos que están siendo ventilados en los Tribunales Federales de Comodoro Py.

Lamentablemente, como reza un viejo adagio jurídico, “hecha la ley, hecha la trampa”. Y, en lo personal, esto me resulta doblemente triste, porque como hombre del derecho, como Abogado que soy y que vengo ejerciendo mi profesión desde hace ya 30 años, en muchísimas oportunidades me ha tocado padecer el accionar de colegas que por hacerse de unos pesos más son capaces de encontrarle “el pelo al huevo”; y, también, porque resulta agraviante para el mismísimo sistema jurídico argentino la “liviandad” con que se elaboran y promulgan leyes de una importancia tan básica y fundamental, como son los códigos de procedimiento, que dan lugar las más variada gama de vericuetos leguleyos, y que no tienen otro fin que obstaculizar” los procesos judiciales y hacerlos lentos, engorros y, muchas veces, interminables.

La seguridad jurídica que toda sociedad moderna necesita y aspira, debe ir acompañada de leyes claras y precisas, no dando lugar a la concreción de actos que atenten contra la misma.

La calaña de los personajes políticos que hoy se encuentran frente a los estrados judiciales o haciendo cola para entrar, la conocemos en demasía. Son sujetos inescrupulosos, falaces, que conocen al dedillo las mil y un formas de “embarrar la cancha”. Son, justamente, los que cuando ejercían sus funciones como “servidores públicos” se valieron de todas y cada una de las “lagunas” del derecho y de la tortuosa burocracia existente en el país, para hacer sus más grandes negociados, todos ellos incompatibles con la alta tarea encomendada.

Pero hay que ser muy honesto en todo este tema, y no pecar de miopía e ingenuidad. Estos personajes no están solos, ni son los únicos que aprovecharon las situaciones. Están acompañados por otros que les garantizaron impunidad para cometer los actos delictivos, y por todo un sistema que así lo permite.

Cuando se habla de que en Argentina se debe operar un verdadero “cambio cultural”, no solamente se está haciendo referencia a un cambio que vuelva a poner los valores éticos y morales en el sitial y en la senda que jamás se debió abandonar, sino que, también, se apunta a retomar a una cultura jurídica que otorgue a los Poderes del Estado la capacidad plena para garantizar su buen y eficaz funcionamiento, y que haga las veces de contrapeso suficiente para las lógicas, y hasta aceptables, apariciones de sujetos que definen su modo de vida estando siempre al margen de ley, ya que la naturaleza humana de las sociedades modernas se encuentra integrada por personas respetuosas de los derechos y de las leyes y, también, por las que van a intentar siempre vulnerarlos.

Individuos de reprochable proceder como los De Vido, los Boudou, los Jaime, los Medina, los Báez, sólo por nombrar a los más notorios exponentes de un período histórico del país caracterizado por la maquinación, puesta en funcionamiento y ejecución de un plan sistemático para el vaciamiento de los fondos del Estado, esto es, para decirlo en “criollo”, el “afano” del dinero de todos los ciudadanos, siempre van a aparecer, en esta y en cualquier sociedad del mundo. Pero, justamente por eso, una de las ventajas más grandes que implica la organización del hombre en comunidades, no es otra que la de imponer reglas para hacer, entre todos, mejor la convivencia, beneficiándose con ello y reprimiendo, de la manera estipulada por las normativas vigentes, toda transgresión o intento de alteración del desarrollo y buen funcionamiento de la organización en general.

Los argentinos venimos de doce años en los que los Poderes del Estado no funcionaron, materialmente hablando, de la manera que lo requiere el sistema republicano de gobierno. Y este hecho tuvo su consecuencia más puntual en la administración de justicia, con el nombramiento de varias decenas de magistrados y funcionarios judiciales militantes, que dieron por tierra con la garantía de independencia del Poder Judicial, requisito y elemento indispensable de su primordial cometido, y sin el cual se pudo llegar a consumar la interminable lista de ilícitos que dejaron a la Nación al borde mismo del abismo económico e institucional.

Es muy ardua la tarea que ahora tiene que transitar la república para recuperar el normal funcionamiento de cada uno de los estamentos del Estado. Pero es indispensable que se hagan los más ingentes esfuerzos en pos de un cometido, sin el cual, todo el andamiaje en que se basa nuestra sociedad como comunidad organizada, carece del más mínimo sentido.

Chicanas, impugnaciones, cagatintas y corruptos aparte, los nobles objetivos planteados por la actual administración de “cambiemos” durante la campaña electoral y con posterioridad a ella, no deben cejar por más grandes que sean los palos que se le coloquen en la “rueda”, porque detrás de esa rueda hay todo un país que depositó su fe y sus esperanzas en ese proyecto.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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