EMMANUEL LÉVINAS

El filósofo que concibió a la filosofía como una pensar que no puede ovidar “los gritos de Auschwitz que resonarán hasta el fin de los tiempos”
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Emmanuel Lévinas nació el 12 de enero de 1906, según el calendario gregoriano (el 30 de diciembre de 1905, según el juliano) en Kaunas, Lituania, entonces territorio perteneciente a Rusia. Emmanuel nació y se crió en una familia hebrea perteneciente a la burguesía. Siendo un niño, su familia, sacudida por la Gran Guerra, tiene que emigrar e instalarse en Jarkov, Ucrania. En su infancia y adolescencia se establece uno de los pilares del pensamiento de Lévinas: su judaísmo, basado en la tradición bíblica (la Torá), junto al Talmud, a cuyo estudio detenido se dedicará a una edad más avanzada. A este aspecto decisivo de su formación, habría que añadir la lectura de los clásicos rusos (Dostoievski, Tolstoi, Gogol, Pushkin) y del gran clásico occidental: Shakespeare. El año 1920, la familia Lévinas vuelve a Lituania, que es ya un país independiente. Allí acaba sus estudios medios Emmanuel. En 1923, se traslada a Francia, a Estrasburgo, para cursar la carrera de filosofía.

En estos años de Universidad, se producen dos encuentros decisivos en la vida y el pensamiento de Lévinas. En 1927 conoce a Maurice Blanchot, a quien siempre le unió una profunda amistad y una sentida admiración; y, al finalizar sus estudios universitarios lee a Husserl, siguiendo el consejo de su compañera de estudio Gabrielle Peiffer, con cuya ayuda tradujo años después al francés una de las obras claves del padre de la fenomenología: “Las meditaciones cartesianas”. El descubrimiento de la fenomenología llama tanto la atención de Lévinas que en 1928 decide trasladarse a Friburgo para escuchar a Husserl. El momento histórico en el que llegó el joven filósofo deseoso de zambullirse en la fenomenología no podía ser más crucial: la jubilación de Husserl y el triunfo del alumno más brillante del maestro: Heidegger. Todo el ambiente universitario de esta ciudad alemana conducía hacia el discípulo que ya había comenzado a trazar su propio itinerario. En 1929 Lévinas participa en un seminario de Heidegger en la Universidad de Friburgo, lee “Ser y tiempo”, y asiste al encuentro en Davos entre Heidegger y Cassirer.

La presencia e influencia de Heidegger en el pensamiento de Lévinas es evidente. A pesar de que años más tarde, Lévinas rompiera con Heidegger e incluso propusiera que en su obra magistral ya había elementos que podían explicar la adhesión del filósofo alemán al régimen nacionalsocialista, su admiración por esa obra se mantuvo siempre. El mayor descubrimiento de Heidegger para Lévinas fue la verbalidad del ser, su capacidad para reeducar el oído filosófico tan acostumbrado al sustantivo ser que ha olvidado que ser es un verbo. Igualmente, Lévinas valoró como muy positivo el estudio heideggeriano de la afectividad y los temples de ánimo. En cambio, tras 1933, no volvió a ver a su antiguo profesor del mismo modo y no se interesó por la llamada “kehre” heideggeriana. El filósofo de origen lituano consideró la segunda etapa de la obra de Heidegger decepcionante.

De vuelta en Francia y como fruto de esta toma de contacto e inmersión en la fenomenología, Lévinas publica una serie de artículos sobre Husserl y Heidegger. El fruto más destacado de esta reflexión sobre la fenomenología fue su tesis de universidad, titulada “Teoría de la intuición en la fenomenología de Husserl”, que apareció en 1930 en París en la editorial Alcan y fue premiada por el Institut de France. Estos artículos y especialmente la tesis constituyeron una labor de presentación de la fenomenología en el ámbito francés.

Por otra parte, Lévinas continúa su formación filosófica en diferentes ámbitos: acude a los cursos que imparte Brunschvig en la Sorbona, a alguna de las conferencias de Kojève sobre Hegel, toma contacto con la filosofía concreta de Gabriel Marcel y de Jean Wahl, y es uno de los primeros en colaborar en la revista fundada por Mounier: “Esprit”. En el plano personal hay que destacar que en 1932 Lévinas contrae matrimonio con Raïssa Levi y comienza su labor en la administración de la Alianza Israelita Universal y su profundización en el judaísmo. En esta época lee una de las obras que más ha influido en su pensamiento: “La estrella de la Redención”. Este libro, que es la obra maestra de Rosenzweig, fue escrito en 1917 en el frente balcánico en forma de postales a su familia. Su tesis principal consiste en la afirmación de que la existencia judía es un evento o categoría esencial del ser que interpreta la revelación como el amor de Dios al hombre, amor al que hay que responder amando al prójimo, que es en lo que consiste la redención.

En 1931 se nacionaliza francés y en 1935 nace su hija Simona. En 1939 Lévinas es movilizado como intérprete de ruso y alemán para los aliados, y en 1940 es apresado en Bretaña, y tras un mes en Rennes, es llevado a un campo de prisioneros entre Bremen y Hannover. Allí permanece hasta 1945 y, aunque salva su vida, pues su condición de militar, que obliga a los alemanes a respetar el tratado de Ginebra, le protege de la suerte que padecieron otros judíos, Lévinas jamás olvidará esta experiencia, y en él quedará grabada la culpabilidad del superviviente, ya que pierde en Auschwitz a toda su familia lituana. La suerte de su mujer y su hija fue más favorable: lograron salvar su vida gracias a que fueron acogidas en el convento católico de San Vicente de Paúl en Orleans.

Durante su cautiverio, favorecido por su peculiar situación, Lévinas leyó mucho. Por una parte, obras literarias (especialmente Marcel Proust) y, por otra, los filósofos que todavía no había tenido tiempo de estudiar, principalmente Rousseau, Diderot y Hegel, cuyo pensamiento ejercerá una gran influencia en el suyo. En esos años de cautiverio, Lévinas ahonda en su crítica a la filosofía occidental, el pensamiento de lo mismo, del ser y de la identidad, de Ulises volviendo a Ítaca. El filósofo judío opone a este héroe griego el patriarca judío Abraham, dirigiéndose a la tierra prometida por Dios, dejando atrás su tierra y la de sus antepasados para no volver allá. La primacía del otro y de la ética son temas centrales en “De l’existence à l’existant”, obra redactada en parte en cautiverio y publicada por primera vez en 1947.

Tras su vuelta a Francia, retoma su trabajo en favor del judaísmo. A partir de 1946, hasta 1961, año en el que se traslada a Poitiers, dirige la Alianza Israelita Universal y la Escuela Normal Israelita Oriental de París. Comienza los estudios del Talmud de la mano de M. Chouchani y participa, impartiendo varias lecciones talmúdicas, en los Coloquios de intelectuales judíos. Estas lecciones talmúdicas de Lévinas no fueron editadas inmediatamente. La primera publicación importante de esta dimensión de su pensamiento tiene lugar en 1963 con el título de “Difficile liberté”, a esta obra le sigue en 1968 la primera recopilación de esas lecciones publicadas bajo el título de “Quatre lectures talmudiques”. Las otras lecciones salen a la luz en 1977 bajo el título de “Du sacré au saint”, en 1982 como “L’au-delà du verset”, en 1988 con el título “À l’heure des nations” y en 1996, con carácter póstumo, “Nouvelles lectures talmudiques”. Además, dedica numerosos artículos y trabajos a reflexionar sobre el judaísmo.

En el ámbito personal se mezcla la alegría y la tristeza. En 1945 nace y muere con solo unos meses André Éliane, su segunda hija, y en 1949 nace su hijo Miguel.

Todo este proceso de vuelta a sus raíces judías, de crítica a la filosofía occidental y de clara conciencia de la necesidad de profundizar en el estudio del otro culminarán con las obras maestras de Lévinas: “Totalité et Infini. Essai sur l’exteriorité” (1961), “Humanisme de l’autre homme” (1972) y “Autrement qu’être ou au-delà de l’essence” (1974). Las obras posteriores se dedicarán a profundizar en las ideas expuestas en estos libros. El primero de estos trabajos es, sin duda alguna, la obra más conocida y más significativa de Lévinas, que como tesis doctoral le permitió convertirse en profesor en la Universidad de Poitiers, donde permanece hasta 1967, año en el que se traslada a la Universidad de Nanterre, donde trabaja hasta 1973, momento en el que acude a la Universidad de la Sorbona para ocupar la cátedra de filosofía.

Se puede afirmar que la vida de Lévinas estuvo sacudida por todas las convulsiones que asolaron a la Europa del siglo XX. En especial por la terrible experiencia vivida por los judíos en el Holocausto, tal y como se deduce de estas palabras: “ella [mi vida] ha estado dominada por el presentimiento y por el recuerdo del horror nazi”. Así pues, sin duda alguna, la Segunda Guerra Mundial fue la experiencia bélica que más profunda y trágicamente golpeó al filósofo judío, que años más tarde llegó a concebir la filosofía como un pensar que no puede olvidar “los gritos de Auschwitz que resonarán hasta el fin de los tiempos”. En septiembre de 1994 muere su esposa. El 25 de diciembre de 1995 fallece Emmanuel Lévinas.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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