EMPRESARIOS EN LA CONDUCCIÓN POLÍTICA

EDITORIAL 16/09/2017 Por
La clase política era poco valorada por la ciudadanía. Todavía resuena aquél “Que se vayan todos!” del 2001. Hoy el lugar fue ocupado por empresarios y las ventajas del reemplazo están siendo cuestionadas y puestas a prueba
ex-ejecutivos-top-quintana-dietrich-aranguren-lopetegui-y-costantini-frente-al-desafio-publico-0507-

Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N

www.facebook.com/isanacypop

Menem, exponente del justicialismo, prometió revolución productiva, salariazo, y otras acciones de gobierno en línea con los postulados del movimiento creado por Perón. En función de sus antecedentes, se entiende que el pueblo afín con la doctrina del general, particularmente los obreros, le dieran el triunfo.

Después hizo todo lo contrario y no tuvo empacho en dejar en claro que de haber expresado sus verdaderas intenciones no lo votaba nadie.

Macri mintió también, en especial en el debate con Scioli, y podría decirse que su caso y el del riojano son similares. Pero hay diferencias sustanciales: Macri era conocido como integrante de un clan familiar que se enriqueció como contratista del Estado y con un accionar que lo llevó a enfrentar juicios por contrabando, evasión impositiva y otros igualmente graves.

En cuanto a ideologías, Macri -allá por el '99- no pudo ser

más transparente. Sus palabras fueron públicas y se conservan los registros: “Es necesario bajar los costos, y el salario es un costo más”; “que cada uno esté dispuesto a cobrar lo mínimo por lo que hace”. Y en esto se refiere obviamente a los trabajadores.

Para un empresario, los servicios que presta el trabajador son materia prima como cualquier otra. Si se la necesita se la compra, y si no se la requiere más se la descarta. No ve en esto una cuestión moral. Es pura lógica de la empresa.

Antiguamente, y hoy en ciertos lugares y empresas pequeñas, el empresario tenía una cercanía con sus trabajadores. Había un dueño concreto de la fábrica o el comercio. El lugar de producción era uno solo y allí el propietario estaba en contacto con sus empleados. Además, los encontraba en el almacén de ramos generales o en la peluquería.

Gerentes visibles, dueños en la sombra

Hoy los dueños son los accionistas, y quien manda en la empresa es un CEO que a lo más conoce a sus colaboradores más cercanos. Los demás son nombres en una planilla que no ve ni le interesa hacerlo. A lo sumo se preocupa por un número, que es el ingreso promedio de todos los empleados. No ven personas de carne y hueso. Eso no es necesario para ellos.

Trump reivindicó al despido como el instrumento que hizo grande a los Estados Unidos. Hay mucho para discutir acerca de esto. En Japón se impuso la práctica del empleo vitalicio, aunque luego fue cuestionada. En Google la cultura organizacional tiene muy en cuenta las necesidades personales de los empleados y procura compatibilizarlas con su rendimientos para la compañía. El sistema parece funcionar exitosamente.

Un trabajador despedido no solamente sufre un perjuicio económico. El espacio laboral no puede considerarse solamente un lugar donde el trabajador intercambia su fuerza laboral, que es su mercadería, por dinero. Aceptarlo es considerar que no hay vida dentro del horario de trabajo. Y eso significaría que un tercio del tiempo vital de una persona simplemente se borra, no existe.

En el trabajo hay jefes y compañeros, con los que se intercambian las informacionales necesarias para la labor, pero también se generan amistades y lazos de afecto. El súbito y obligado desplazamiento del ámbito laboral tiene profundos efectos psicológicos. Podría equipararse a una mudanza o al divorcio. Y este sufrimiento se suma al que es propio de la situación de incertidumbre económica que se genera.

El ex Ministro de Educación y ahora candidato a senador

Esteban Bullrich dijo un día que "hay que crear argentinos que sean capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla". De su curriculum no resulta aventurado deducir que la incertidumbre que pueda haber padecido o disfrutado no se referió nunca a encontrar o no una taza de leche para desayunar o hurgar los bolsillos para ver si lo que hay adentro le alcanza para comprar la comida de sus hijos.

Cabe preguntarse cómo es posible que un trabajador de clase media baja pueda adherir a un presidente con la línea de pensamiento bien explícita de Cambiemos. Pero los datos de las dos elecciones pasadas indican que el fenómeno existe. De todas maneras, se pondrá a prueba nuevamente en octubre. Ya no habrá engaño y la ciudadanía se expedirá por la aceptación o rechazo del ajuste largamente anunciado tanto por el gobierno como por la oposición.

Te puede interesar