"PUCHERITO" EN CADENA NACIONAL

"Lagrimas de cocodrilo", "amnesia", mentiras, contradicciones y manipulación en la entrevista de CFK con Luis Novaresio
cristina-vaso

A fuerza de ser sincero, tengo que admitir que la entrevista que ayer concedió la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner al periodista Luis Novaresio, y que fuera transmitida en directo por el medio Infobae, merece ser analizada por un experto en psicología o por un psiquiatra que por alguien que se dedica al análisis político. Pero la tentación por desentrañar el verdadero significado de muchos de los pasajes de la misma, por encontrar lo que se dijo a medias, por buscar en los gestos y, sobre todo, en cada de las frases el doble mensaje es mayor y no puedo dejar pasar esta oportunidad que, de seguro, también muchos van a aprovechar.


El tema es por dónde comenzar. Fueron tantos y tan importantes los temas que se tocaron, que muchas consideraciones de seguro quedarán para una nota posterior, ya que es imposible, y se corre el riesgo de aburrir al lector, despojarse de la postura ideológica que todos tenemos, de la pasión que nos mueve a quienes escribimos a diario sobre la realidad social y política de nuestro país, y desmenuzar los dichos de un personaje que transita por andariveles tan disimiles y antagónicos como son la alta investidura que supo representar, las pretensiones de ocupar un escaño en el Congreso de la Nación, y su indudables vínculos con los delitos más contrapuestos con la función pública.


Una aclaración, a título personal, antes de adentrarme de lleno en el análisis de la citada entrevista: en cualquier país del mundo, que se precie de sostener un verdadero Estado de Derecho, un personaje como la entrevistada no sólo que no podrían acceder a un reportaje de tanta repercusión nacional como internacional, sino que le sería imposible presentarse como candidata para cualquier cargo electivo, debido a las muchas causas en las que se encuentra investigada, sospechada e imputada. Pero estamos en Argentina, y nos debemos atener al criterio garantista de leyes y de jueces que en muchos casos, y este no es la excepción, le otorgan prioridad a la protección de la delincuencia en desmedro del interés general de la sociedad, aplicando, errónea o discrecionalmente, principios generales del derecho como el de la igualdad ante la ley, la equidad y el de que toda persona sospechada es inocente hasta que se demuestre lo contrario, en igual medida con el ladrón de una gallina, que comete ese delito para darle de comer a sus hijos, que con quien está sindicada como la “jefa” de una asociación ilícita o denunciada por el delito de “traición a la Patria”.


Ahora sí,voy a comenzar por el primer tema que se trató en la entrevista: la denominada “Causa Amia” y la muerte del fiscal Alberto Nisman. Resulta por demás suspicaz, por no decir ostensiblemente contradictorio, que la ex Presidenta haya equiparado la hasta hoy aún no esclarecida forma en que falleció quien tenía a su cargo la investigación del peor atentado terrorista de toda la historia argentina, como también quien había denunciado penalmente a la más alta autoridad de la Nación, tan sólo cuatro días antes, con la desaparición del militante y activista piquetero Santiago Maldonado. Ese fue el rumbo que le dio Cristina Kirchner al primer tema que Luis Novaresio le propuso. Es verdad que, para un allegado, tanto de una persona que es encontrada sin vida, como de alguien del que se conoce su paradero, la importancia es idéntica. Pero esto no significa que esa importancia deba ser igual para el resto de la sociedad. Y, dejando cinismos de lado, no creo que la muerte de Nisman y la incógnita sobre el paradero de Maldonado hayan repercutido de la misma manera en el ánimo de la entrevistada. Lo que si creo, es que lo de Nisman configuró para la ex Presidenta un tema que le restó adhesiones, y lo de Maldondo lo ha tomado como una especie de bandera de una batalla, la de los Derechos Humanos, que ni sus más cercanos colaboradores le creen.


Siguiendo con el tema del fiscal Nisman, la ex Presidenta tacha de plano un supuesto complot de su gobierno para deshacerse de una figura que le podía causar un daño tremendo, por considerar que sólo es ésta una hipótesis, pero no duda en asegurar que sus conclusiones, en lo que respecta a la muerte del fiscal, están basadas también en hipótesis, con lo que entra en una contradicción al aceptar esta vía para hecho pero no para otro.


Cuando se refiere a que su gobierno y el de su marido fueron los únicos que mencionaron a Iran en la Asamblea de las Naciones Unidas, contraponiendo a que en idéntico ámbito el Presidente Macri no hizo alusión a esa nación, sino que solicitó la colaboración, de manera genérica, de todos los países miembros, con lo que directamente dio a entender que el régimen kirchnerista fue el único que vinculó Iran con el atentado a la Amia, yo me pregunto: ¿existe, acaso, mejor lugar para esconder un cadáver que en el lugar más visible?


En ese mismo orden, y ahora pasando a lo que tiene que ver con el muy controvertido Acuerdo de Entendimiento con la República Islámica de Iran, Cristina Kirchner justificó esa vía, por medio de la declinación ideológica, según sus textuales palabras, en pos de dar un paso decisivo para llegar a la verdad y a la aplicación de justicia en la “Causa Amia”. Es decir, que en palabras de quien ostentó por dos períodos consecutivos la máxima magistratura de la Nación, el fin justifica cualquier medio, hasta el que está más reñido con las normas básicas del Derecho Internacional Público. Esto, sinceramente, es algo imposible de sostener, aunque se quiera y aunque se trate de quien se trata. Su sola alusión da lugar a dar credibilidad a la siniestra trama de complicidades y de intereses que el caído Acuerdo ocultaba, y que en nada se acercaban al esclarecimiento del brutal ataque contra la sede de la mutual judía en Buenos Aries.


En otro de los pasajes del extenso reportaje, la entrevistada muestra una amnesia que no convence a nadie. No recuerda los dichos de su propio Jefe de Gabinete, en lo que hace a la comparación entre los porcentajes de pobreza de Argentina y de Alemania, que en su momento fueron temas en los que corrieron ríos de tinta. Asimismo, asegura que no se hace cargo por las palabras de sus ex funcionarios, ni tampoco se juega por ellos, como si a un presidente no lo cabría la responsabilidad por los actos de las personas que él mismo designa o refrenda para que ocupen un lugar en la su gabinete


Y ya que hablamos de los ex funcionarios de la anterior administración kirchnerista, no puedo dejar de señalar la gran puesta en escena que hizo la ex Presidenta, con “pucherito” en la cara, cuando Novaresio aludió al caso de las valijas con casi nueve millones de dólares que Julio López, ex Secretario de Obras Públicas de la Nación, tiró en un convento. Un “actin” cuasi grotesco, si se me permite el término, que en vez de causar la compasión deseada, produjo una reacción directamente opuesta en el televidente. Es imposible de creer en su consternación y en su “odio” a López, cuando no demostró esos mismos sentimientos ante episodios de una magnitud mucho mayor, como el accidente ferroviario de la Estación Once, donde fallecieron 52 personas, y que fue visto por esos mismos militantes que ya tenían en sus brazos tatuados los nombres de ella y de su fallecido marido y ex Presidente. Lágrimas de cocodrilo.


A esta altura del análisis, y como dije al comienzo, no puedo dejar de lado mi pasión y mis ideales, ya me produce asco rememorar toda la sarta de mentiras, manipulaciones, distorsiones de la realidad que se pudieron ver en una mujer que dejó al país en ruinas y que pretende seguir siendo parte de una juego político que necesariamente tiene que cambiar, pero que no está ni siquiera dispuesta a aceptarlo y mucho menos a hacerse cargo de las responsabilidades que tuvo.


Dejaré para una oportunidad en que mi ánimo se encuentre más calmado y pueda ser un poco más objetivo, porque los lectores se merecen eso, el análisis de la última “cadena nacional” de la ex Presidenta de “todos y de todas”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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