LA FEROZ PUJA POR EL MODELO

EDITORIAL 12/09/2017 Por
“Esteban Bullrich: el hombre que tiene el desafío de frenar el regreso de Cristina”, tituló La Nación días atrás. “No voten por mí, voten por ustedes” supo decir Cristina, advirtiendo sobre las consecuencias del liberalismo extremo
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Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY  / Especial para R24N

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Los opositores al programa que lleva adelante el gobierno insisten en que únicamente logrando un contundente triunfo en octubre se podrá frenar la ola ultraliberal, la que se potenciará si no lo consiguen.

Anuncian que vendrán nuevos tarifazos, inestabilidad en el empleo, baja de salarios. Por cierto, no necesitan de muchos argumentos: las autoridades muestran con claridad que impulsan a que sea así, y que la sociedad debe aguantar porque es lo adecuado para el bien del país.

De este modo, lo que en otras circunstancias causaría pánico en el electorado, es reivindicado sin tapujos. Cambiemos dobla la apuesta, y lo hace sin ninguna timidez.

La propaganda oficial intenta quitar de la mente de los trabajadores la idea de que es bueno un gobierno que lleve adelante una política de fuerte asistencia social con incremento paulatino del nivel de vida de los trabajadores y los jubilados, como la que condujo el kirchnerismo. E invita a que quienes dependen de un sueldo se liberen de las ataduras de la relación de dependencia, y se lancen a sus propios emprendimientos.

“Póngase a elaborar cerveza artesanal o conviértase en piloto de drones” fue la propuesta de Esteban Bullrich a quienes, despedidos, corren el riesgo de desesperanzarse o desesperarse. Para él, el desempleo no es un pozo, sino una plataforma de lanzamiento hacia la verdadera prosperidad, la que no dependerá de un patrón y sus caprichos. “No te sumes a la legión de fracasados que claman por sus fuentes de trabajo. Conviértete en un emprendedor -como San Martín- y serás ampliamente compensado” podrían decir.

No es que esto no haya ocurrido nunca previamente. El poderoso impulso industrializador de la época del primer peronismo indujo a gran cantidad de gente a apuntar a su propia aventura económica. Muchos obreros especializados -torneros y matriceros, por ejemplo- abrieron talleres, convirtiéndose en proveedores de empresas mayores, tal vez las mismas que abandonaron para iniciar su proyecto.

Otro tanto se registró cuando la ola de desempleo golpeó fuerte en el sector asalariado. Fue cuando comenzaron a proliferar los paseadores de perros y los servicios de delivery, entre los emprendimientos de menor alcance; quioscos, parripollos y rotiserías, un escalón arriba, y restaurantes de tenedor libre, canchitas de fútbol y paddle y pistas de patinaje sobre hielo, en una escala de superior inversión.

La fortuna no operó igualmente en ambas eras: los tallercitos peronistas se abrieron en tiempos en que la demanda de piezas para la industria era grande y en crecimiento. Por momentos la oferta no daba abasto. Los talleres unipersonales se convirtieron en empresas hechas y derechas, algunas de notable desarrollo.

La otra surgió en momentos de estancamiento o recesión. Las ofertas tenían a su favor la novedad. En algunos casos cubriendo una necesidad con algo o mucho de artificial, pero que la demanda validaba al menos por un tiempo. Lo que más perdura de esos emprendimientos son los quioscos: los supermercados encuentran poco redituable manejar la miríada de golosinas y otros productos pequeños, en tanto que la compra ocasional de un paquete de pastillas demanda un tiempo excesivo en un super.

La situación hoy es más parecida a esta última que a aquella de la industrialización de los años '50. La mayoría de los consumidores tiene bolsillos flacos; la apertura de un local, aunque pequeño, es gravosa y los requisitos para abrir las puertas al público se multiplicaron. Y a esto debe agregarse altos alquileres, tarifas de servicio e impuestos.

El gobierno se lanza, sin embargo, a convencer a la población de que la aventura vale la pena. Para quien en ese momento era Ministro de Educación y hoy candidato a senador en la provincia de Buenos Aires, Esteban Bullrich, "hay que crear Argentinos que sean capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla".

Hoy los dos sectores de mayor peso en ese distrito decisorio tienen consolidados iguales porcentajes de votantes. Buena parte del resto se polarizará hacia una u otra vertiente. Allí se juega demasiado: un senador puede parecer poco en una cámara con 72 miembros, pero hay leyes que se aprueban o se rechazan por esa mínima diferencia. Además, Cambiemos necesita ganar en octubre. De otro modo su propuesta de transformaciones tan abarcativas sumaría un escollo más a los muchos que ya se le presentan.

La lucha por esos votos será cada vez más encarnizada. El oficialismo sabe lo que está puesto sobre el tapete y por lo que se comienza a ver no escatimará recursos, leales o mañosos, para imponerse.

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