Macri deberá ser menos gradualista si quiere una revolución en serio con los aviones

OPINIÓN 08/09/2017 Por
La huelga salvaje que paralizó el miércoles sorpresivamente el movimiento de aviones en todo el país en contra de la mayor apertura que auspicia el Gobierno en el mercado aerocomercial, anticipa otra de las batallas centrales que se le presentarán al Gobierno después de las elecciones
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Una disputa, por cierto más que interesante.
Un nuevo test de poder para Mauricio Macri que será observado no sólo por los inversores del sector, y que tiene que ver con el grado de poder y determinación política que tendrá su Gobierno para enfrentar los privilegios sindicales y los intereses monopólicos en uno de los sectores más duros y conservadores de la Argentina.

Todos saben en el mundo de los aviones, que no será posible ninguna revolución de los vuelos en la Argentina, ni mucho menos la llegada de nuevas inversiones con nuevas empresas y más servicios en todo el país, si a los nuevos jugadores se les quiere imponer las condiciones que rigen hoy entre los sindicatos y Aerolíneas Argentinas.

Hasta ahora, como en la política y la economía, el Gobierno optó por el gradualismo. Aún más gradualismo que en otros rubros. Intentó acordar con los gremios los planes para Aerolíneas y para el sector, con tanta candidez que hasta la salida de Isella Costantini se justificó en que era demasiado amiga de los gremios. Pero la verdad es que, hasta ahora, ninguno de los privilegios que los sindicatos lograron con la estatización de Aerolíneas fue revisado. Y las empresas aéreas privadas que le pidieron al Gobierno que intervenga para que les permitieran negociar condiciones laborales por empresa fracasaron, porque las autoridades no se querían enfrentar con los sindicatos. Le pasó a una compañía que quería dar vuelos desde Ushuaia. Hasta ahora no se quiso enfrentarlos. Sobre todo a la conducción sindical de los pilotos, cuyo gremio fue el gran cómplice en la era Kirchner contra los privados para alentar la estatización y adueñarse como lo hicieron después de las áreas estratégicas de la empresa aérea estatal.

Es correcto lo que ahora hace el Gobierno al celebrar las audiencias públicas y comenzar a otorgar autorizaciones a los que manifiestan interés en volar en el país, como se ha visto en esta semana. Es el puntapié inicial según explican los expertos del sector. Pero advierten que una cosa es pedir rutas, que por otra parte es gratis, y otra muy distinta es que comiencen a volar y a existir los nuevos servicios que hoy todos prometen.

El problema más complejo hoy parece estar concentrado en el gremio de los Pilotos. La Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) que conduce el combativo Pablo Biró, sucesor de Jorge Pérez Tamayo, quien en la era Kirchner volcó el gremio contra la conducción privada de Aerolíneas y con una serie de paros salvajes acordados con el gobierno terminó en la estatización de la compañía. El poder del gremio de los pilotos se potenció fuertemente a partir de la estatización y fue creciendo bajo la férrea conducción de Biró. Más de 80 pilotos históricos de Aerolíneas que rechazaban la práctica de paros salvajes fueron desplazados, y la realidad hoy en la Argentina es que no se mueve un avión sin la autorización de los sindicatos.

Las ventajas cada vez mayores que los gremios fueron obteniendo de Aerolíneas son imposibles de empatar por el resto de las empresas y eso garantiza la no competencia. En el caso de los pilotos, se quiere imponer que hasta las empresas de helicópteros en la Argentina tengan que cumplir las cláusulas leoninas que tienen los que trabajan para Aerolíneas, a quienes se les vienen otorgando ventajas que solo pueden existir gracias a que la empresa pierde plata y paga el Estado, y gracias a que existe tal monopolio que si no se cumplen las condiciones que exigen los gremios, los vuelos en el país se paralizan

El enfrentamiento llega a cuestiones desopilantes. En abril último los pilotos del helicóptero oficial de María Eugenia Vidal la dejaron a pie y de noche sin llevarla del centro a Morón, porque sorpresivamente se le plantaron después de una cena para adherirse a un paro de la CGT. El gremio de Biró viene avanzando en todas las direcciones provinciales de transporte aéreo para dominar todo lo que ocurre en el cielo. Consecuencia de aquel episodio contra Vidal fue que la Gobernadora disolvió la repartición y pasó a todos los pilotos y empleados a personal del Ministerio de Seguridad, donde ya no pueden hacer paros ni activismo sindical.

Las anécdotas sobre los privilegios logrados por el gremio de pilotos contra Aerolíneas son interminables. Desde la ventaja de no volar en el día de su cumpleaños, hasta la realidad de cumplir 30% o 40% menos de horas de vuelo mensual comparado a lo que sucede en el resto del mundo.

La prueba para el Gobierno excede las anécdotas. Incluso va más allá del conflicto con las actuales conducciones de los gremios aeronáuticos que no quieren que ingresen nuevos jugadores para no perder el control del gigantesco kiosco que tienen armado en Aerolíneas, ser los barones de aire que deciden quien vuela y quien no vuela, también para beneficio del sector privado que actúa como proveedor de la empresa y todo el estatismo que está presente en el sector.

Se intenta promover servicios de bajo costo en un país de alto costo, y no solo sindicales. Todo es caro en los aeropuertos de Argentina. Desde los pasajes aéreos, hasta un café, los servicios de rampa que siguen monopólicos y estatales salvo excepciones muy puntuales. Ni servicios de taxis y remises transparentes hay para los pasajeros y siguen pululando mafias de toda índole. No solo la de las conducciones sindicales.
Enorme prueba para Mauricio Macri. Lograr servicios low cost, en un país cargado de kioscos que lo tornan muy high cost para los que quieren producir y dar trabajo.

Fuente: Cronista

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