LOS "SELLADORES" DE LA "GRIETA"

Metas individuales, objetivos comunes
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Las metas son uno de los grandes motores de la vida, un elemento dinámico encaminado al cumplimiento de un objetivo, ya que éstos están formados por la realización de varias metas, que no son otra cosa que los escalones que hay que subir para llegar a la obtención de ese objetivo.

Una persona sin metas, y por ende sin objetivos, es tan sólo un ente que actúa por instinto, que respira porque esa función está controlada por un sistema inconsciente y automático.

Las metas logran darle sentido a nuestro paso por este mundo y hacen que tomemos decisiones, que seamos artífices de nuestro destino.

En las sociedades, las metas, dependiendo del direccionamiento que el colectivo les de, unen y separan a las personas en idénticas proporciones.

Las asociaciones humanas, conformadas por dos o más personas, tienen, necesariamente objetivos comunes, lo cual no quiere decir, bajo ningún concepto, que las metas que cada una de ellas se fije para la obtención de esos objetivos deba ser común. Esto es así, porque se puede llegar al cumplimiento de objetivos generales en una sociedad a través del trazado de diferentes caminos.

Para ejemplificar esto último, podemos hacerlo teniendo en cuenta el objetivo común que une a una comunidad de personas para conformar una Nación. En este caso, indudablemente ese objetivo será el bienestar general de los habitantes de determinado territorio. Pero las metas que cada uno de esos habitantes se tracen no tienen, y de hecho no deben, ser idénticas. Si esto no fuera así, en una comunidad, conformada por 500 personas, sólo por dar un número, se podría dar el caso de que todos ellos quisieran ser, por ejemplo, carpinteros y entonces habría 500 personas para trabajar la madera, pero faltarían cazadores que procuren los alimentos, obreros para construir hogares para esas personas, médicos para curarlos en las enfermedades, maestros para educarlos, etc., etc. Y así, lógicamente, estos 500 carpinteros no tendrían qué comer, dónde resguardarse de las inclemencias climáticas, centros para atender su salud ni escuelas en dónde prepararse, con lo que la obtención del objetivo que denominamos más arriba como “bienestar general” sería imposible de alcanzar.

Es por esto que no debe confundirse “objetivo” con “meta”. Y, desde ya, que las diferentes metas que se propongan alcanzar los miembros de una comunidad nunca deberían suponer una línea que las divida y las atomice, sino, por el contrario, la sumatoria de todas ellas va a constituir, a la postre, los jalones necesarios para la obtención del fin social, que en última instancia no es otra cosa que el objetivo común a que estoy haciendo referencia.

Cuando en una sociedad aparecen diferencias, capaces de separar a sus miembros, a tal punto de producir grandes enemistades y situaciones muy dolorosas, decimos que esas diferencias se transforman en “grietas”, rajaduras de ese colectivo humano que parecen incapaces de “soldarse” por sí mismas. Sin embargo, esto no es tan cierto, ya que, como se dijo anteriormente, el objetivo común subsiste. Ninguna sociedad va en sentido contrario a ese objetivo, porque hacerlo es, definitivamente, ir hacia la disolución de ella.

El bienestar general de una sociedad, el goce de todos los derechos y beneficios que implica la vida en comunidad, es el elemento unificador y el que mejor actúa como “sellador” de cualquier grieta que pueda aparecer. Entonces, no hay que tenerle miedo a que la diferenciación de las metas produzca una rajadura en el entramado social, por que si existe un objetivo común, más tarde o más temprano, los límites de la grieta se irán acercando hasta cerrarse de manera natural. A lo que realmente hay que temer es a la falta de ese objetivo común o, también, al extravío del mismo.

Y en la historia de la humanidad podemos encontrar muchísimos ejemplos en dónde el objetivo común se perdió por completo. Por ello sucumbieron los grandes imperios en la edad antigua, así como también se disolvieron naciones y se crearon “muros” que dividieron hasta los integrantes de una misma familia.

Los países son buques, repletos de personas, surcando mares calmos algunas veces y embravecidos en otras, con diferentes modos de pensar y de hacer, es decir con disensos, pero con la mira común de que quien los capitanea pueda llevarlos a un puerto seguro. Los pasajeros de esos buques no pueden bajarse en medio del mar, porque de hecho se ahogarían. Tampoco pueden hacer lo que a cada uno les venga en gana, ya que sin organización el viaje se transformaría en un caos que pondría en serio riesgo la integridad de todos. Con los lógicos disensos existentes en todo conglomerado humano, lo único que esos pasajeros pueden hacer, si no están dispuestos a sufrir un naufragio, es acercar posiciones, buscar consensos que ayuden a que la travesía sea lo más cómoda, segura y fructífera posible.

Otra vez, en esta última metáfora, encontramos al objetivo común como la “amalgama” que cubre toda posible grieta y unifica las posiciones, sin que ello signifique dejar de lado las metas que mueven a cada uno de los integrantes de la sociedad.

Para finalizar, una última reflexión, que fue, en definitiva, lo que me llevó a escribir estas líneas. Ayer, al término del partido de tenis por los cuartos de final del Abierto de los Estados Unidos, que disputaron Juan Martín Del Potro y Roger Federer, hubo una imagen que captó mi atención. Y no es, como a priori se puede llegan a inferir, la alegría de Del Potro por el gran triunfo obtenido. No, la imagen estaba en la tribuna: entre quienes asistieron al partido para alentar al tenista argentino, pude ver a dos personas abrazadas, saltando y cantando juntos. Uno tenía puesta la camiseta de River Plate y el otro la de Boca Juniors. Evidentemente, cada uno de ellos, futbolísticamente, se sienten identificados con el “club de sus amores”, pero los unía algo más importante en ese momento, y era la meta conseguida por otro argentino, que, a la postre, no es más que otro escalón que superó para llegar al objetivo final de ganar tan importante torneo.

Así en las canchas, como en la vida, las diferentes metas que cada uno pueda tener jamás deben hacer las veces de muros que nos impidan ver el objetivo en común que nos identifica y nos une como integrantes de una misma Nación.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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