Los disparates de Trump favorecen el comercio europeo

INTERNACIONALES 07/09/2017 Por
La política monetaria de Donald Trump ha sido, hasta ahora, mucho ruido y pocas nueces. El presidente prefiere la retórica acalorada sobre retirar a Estados Unidos de los acuerdos comerciales y reducir los déficits comerciales mediante la imposición de enormes aranceles
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Pero las acciones de su administración, a excepción de su paso al costado en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) son comparativamente tímidas.

En vez de romper el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (Nafta) con Canadá y México, EE.UU. empezó las negociaciones para hacerle cambios. En vez de aplicar aranceles a China para castigarlo por acciones que distorsionan el comercio, comenzó una investigación sobre el incumplimiento chino de los derechos de propiedad intelectual.

El último ladrido fue la amenaza de derogar el pacto comercial bilateral entre Corea y Estados Unidos, conocido como Korus, que entró en vigencia en 2012. La administración Trump esta semana una vez más frenó en seco y no mordió: dio marcha atrás con la amenaza. Esto es un alivio. Pero confirma cuando Estados Unidos aborda cuestiones comerciales se trata más de limitar daños que de hacer mejoras positivas.

El efecto geopolítico de los convenios comerciales en general se exagera, pero éste sería muy mal momento para terminar con Korus, dada situación actual en Corea de Norte y la necesidad de demostrar el compromiso que tiene Estados Unidos con la región. Desde el punto de vista económico, los aranceles coreanos son muy superiores a los norteamericanos, por lo que los exportadores estadounidenses se verían perjudicados proporcionalmente más.

Simbólicamente, las amenazas de Washington de retirarse de los acuerdos internacionales dejaron el campo abierto para que la Unión Europea reclame el título de líder del sistema comercial global.

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, planea anunciar la semana próxima que Bruselas intentará cerrar nuevos acuerdos bilaterales, incluyendo a Australia y Nueva Zelanda. A fines de este año, la UE puerde sellar un convenio con el Mercosur, la aduana sudamericana que incluye a Argentina y Brasil.

Al mismo tiempo que amplía el comercio recortando aranceles, la UE se está dando más espacio para restringirlo haciendo más fácil que se fijen derechos antidumping y antisubsidios sobre las importaciones.

Sin embargo, la dirección general de la política comercial de la UE se contrapone fuertemente con la actitud defensiva y destructiva que asumió Estados Unidos. Los primeros informes de las conversaciones sobre la renegociación del Nafta no son positivas. En vez de actualizar el acuerdo para tomar en consideración la emergencia de las industrias que surgieron desde que se firmó el acuerdo en 1995, la administración Trump parece obsesionado con pelear viejas batallas, en especial con tratar de repatriar una mayor porción de la cadena de abastecimiento de la fabricación automotriz y pierde el tiempo con las llamadas normas de origen.

Si EE.UU. logra su objetivo, lo más probable es que las automotrices ignoren totalmente el acuerdo y tercericen más producción en países fuera del Nafta. Preferirían pagar aranceles en vez de cumplir con regulaciones más onerosas.

El efecto de Trump en el comercio global sigue siendo incierto, debido a su comportamiento estrafalario; pero es poco probable que sea positivo. El hecho de que esté preparado para destrozar un acuerdo con Corea en este coyuntura, sugiere que persiste su obsesión de usar la política comercial para tratar de reducir déficits bilaterales.

El resto del mundo puede sólo esperar que sigan prevaleciendo las voces más tranquilas en la administración y el Congreso.

Fuente: Cronista

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