FRUSTRACIONES ARGENTINAS

La suma de talentos no garantiza el éxito
19A

Tenemos material humano que es requerido en cualquier parte del mundo. Personas con habilidades innatas y con la aptitud para tomar decisiones en una fracción de segundo que cambian el destino ante las situaciones más adversas. Somos capaces de formar equipos de trabajo que son la envidia de cualquier institución, y no uno, sino varios equipos a la vez, porque a cada momento surgen nuevos nombres que, si bien representan promesas en el mediano y largo plazo, no pasan desapercibidas para el ojo avezado de cualquier cazador de talentos.


Desde hace más de treinta años vemos en cada proyecto una nueva oportunidad para demostrar que somos los mejores del mundo, pero que terminan en rotundos fracasos y con consecuencias que hipotecan el futuro.


Cada uno, en su puesto, es, sino el mejor, uno de los más brillantes elementos con que se pueda contar. Su preparación es inmejorable y sus ansias por destacarse y demostrar todo lo que saben la vuelcan por entero en el momento en que son convocados para “jugarse” por la causa nacional.


Pero, cuando se juntan para hacer realidad el sueño de volver a colocar el estandarte argentino en lo más alto del podio mundial, comienzan a surgir las desavenencias, los errores, los desencuentros.


Esos que descollan ante los ojos del mundo entero, en los escenarios más prestigiosos del planeta, no pueden asociarse entre sí, bajo el más alto honor que puede tener un hombre, que es el de ser parte indispensable del selecto grupo de personas que hacen grande a la nación, como para coronar con el éxito años de esfuerzo y trabajo en equipo.


Y así van pasando los ciclos, cambiando los nombres de quienes son designados para dirigirnos, cada uno con su proyecto personal más ambicioso y rimbombante que el anterior. Pero los resultados siguen sin aparecer o, lo que es pero, el grueso de los habitantes no les damos el suficiente tiempo como para desarrollar en toda su extensión los planes con los que se presentaron.


Desde todos los ámbitos especializados, y desde cualquier mesa de café, se exige tanta cantidad de síntomas positivos, sin la menor contemplación por la situación que se hereda como pesada mochila que debe ser cargada, que las frustraciones no tardan en aparecer y dar por tierra con las enormes expectativas puestas en ellos.


Se nos da de lo más natural pedir que den un paso al costado, que dejen lugar a otros nombres y a otros proyectos, ni bien se choca contra el primer escollo.


Y de nuevo entra en escena ese ciclo que tan bien conocemos, de nombres que comienzan a girar como en “calesita”, para ocupar éste o aquél puesto, de ajustes aquí y allá, de sustituciones y enroques, de “iluminados” que dicen tener la “fórmula” para sacarnos del berenjenal en que nos metió el anterior, ese en el que habíamos depositado todas las esperanzas, porque también nos hizo creer que sabía muy bien lo que necesitábamos y que estaba dispuesto a dar todo de sí para hacernos crecer y para devolvernos todas las glorias pasadas.


El mundo entero nos mira con asombro y no entienden cómo es que no podemos ser exitosos con todo los recursos con que contamos. El mundo se compara con nosotros y ve que ellos, con mucho menos, con falencias y grandes deficiencias, pudieron salir de peores atolladeros y ser ahora grandes potencias, pero nosotros no.


Los que antes ni siquiera se animaban a hacernos frente, hoy nos marcan el camino y nos muestran cómo hay que hacer las cosas. Nos muestran de qué manera, con trabajo responsable y mancomunado, es posible sustituir las carencias, combinando diferentes estrategias que hagan potenciar lo poco que tienen.


Quizá, será porque nos sobra tanto, porque nos acostumbramos a ese dicho de que “Dios es argentino” y que juega para nosotros, que nos dejamos estar y desaprovechamos los grandes momentos que se nos presentan. Y ya se sabe que en el mundo actual, cualquier descuido, cualquier decisión errada, cualquier desatención en la labor emprendida es aprovechada al máximo por todos los que están del lado de en frente.


También, y sólo a modo de jugar con las hipótesis, puede que el más grande de los problemas que tengamos como equipo, y en lo individual, sea una gran falta de confianza en nosotros mismos y en los proyectos, debido a tanta frustración acumulada y a tantos que nos prometieron y en nada cumplieron.


La falta de motivación, cuando en lo personal se es exitoso, pero no se puede trasladar ese éxito al conjunto, es uno de los frenos más grandes que se tiene que vencer, puesto que el hombre naturalmente tiende a dosificar el esfuerzo, en aras de su propia preservación física y mental, produciendo una reacción en cadena que arrastra al resto hacia el inevitable fracaso.


Por todo esto, no basta que contemos con talentos de la talla de Lionel Messi, Mauro Icardi, Ángel Di María, Paulo Dybala, Javier Mascherano y tantísimos otros jugadores que podrían llenar varías páginas, cada uno de ellos glorias consagradas en sus respectivos clubes dónde despliegan semanalmente su enorme talento, ni con técnicos como Jorge Sampaoli o el “Tata” Martíno, sólo por nombrar a los dos últimos de la larguísima lista que dirigieron al seleccionado nacional, y que demostraron poseer todas las dotes para ello, si no se conjugan los ingredientes necesarios para poder obtener, en nuestra propia casa, un resultado favorable contra un equipo como el de Venezuela, que está en el fondo de la tabla de posiciones y que, en teoría, no representa un problema para el potencial que poseemos.


Ah, pensaban que hoy iba a escribir sobre política. Bueno, quizá lo que le sucede a nuestro fútbol, a ese conjunto de hombres que tienen la enorme responsabilidad de representar los colores argentinos no difiera mucho de lo que les pasa a nuestros dirigentes políticos, hombres exitosos en todos los ámbitos privados en los que han participado, pero que no pueden hacer lo mismo cuando asumen responsabilidades en el área pública.


Pero, por hoy, quería descargar toda la bronca que el empate con la débil escuadra venezolana me produjo. Mañana retomaré el análisis de nuestra actualidad política, cuando se me pase la rabieta.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar