EL SUEÑO DE SER COREA, HONG KONG O SINGAPUR

EDITORIAL 07/09/2017 Por
Los “tigres asiáticos” crecieron en productividad, que significa riqueza. Pero buceando un poco en la realidad de esos países nos encontramos -una vez más- que no es oro todo lo que reluce
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Roberto Cachanosky, uno de los economistas más ortodoxos que pueda encontrarse en la Argentina, publica en Infobae un artículo en el que rechaza enérgicamente la política de sustitución de importaciones.

El especialista descree que la protección a la industria en un estado pueda conducir a una producción de mayor calidad y menor precio. Por el contrario, dice, si se traba la importación, la oferta se reduce -a igual demanda- y por lo tanto los precios suben. Los industriales no invierten y tampoco mejoran la calidad.

“No insistamos con aislarnos del mundo, porque el mundo seguirá avanzando y nosotros, en el mejor de los casos, los veremos alejarse cada vez más”, concluye.

Su artículo incluye gráficos que comparan el crecimiento del Producto Bruto Interno per cápita de nuestro país con Corea, Hong Kong y Singapur, que muestran una evolución impresionantemente superior.

PBI

Está bueno que la economía crezca, pero falta considerar otros factores antes de que uno se embale con las políticas que hicieron elevar tanto la productividad en esos países. Es bueno investigar un poco antes de salir a pedir que Cachanosky sea el ministro de economía.

Por suerte, hoy existe la posibilidad de estar mejor informado que antes de la existencia de internet.

El lector queda invitado a googlear por “pobreza”, “costo de vida” en Corea del Sur. Encontrará que si bien la riqueza producida por habitante es mucho mayor que la de Argentina, la población no la disfruta en la misma proporción.

Cabe preguntarse: si es tan bueno aquello ¿cómo se explica la gran cantidad de coreanos que llegaron y siguen llegando a este país con estadísticas económicas tan desfavorables?

Hay pobreza y exclusión en Corea del Sur, barriadas y viviendas frente a las cuales no desmerecen las que podemos ver en las ciudades de nuestro interior o en el conurbano bonaerense, e incluso nuestras villas de emergencia.

El salario mínimo de los coreanos fue fijado en 2017 en 1.065,30 Euros, equivalente hoy a algo menos de 22.000 pesos argentinos. Nada mal, si se lo compara con el nuestro, que -con aguinaldo y todo- apenas llega a los 8.732 pesos. Pero tengamos en cuenta que ellos viven en uno de los países más caros del mundo.

Allí, la docena de huevos cuesta 48 pesos. El kilo de pechuga de pollo 134 pesos, el de pan blanco fresco 79 pesos, papas $52 y el pasaje del subterráneo $ 13,32. Menos costoso, comparativamente, es el litro de nafta ($ 24,50), la tarifa mensual del servicio de internet ($439), un Volkswagen Golf 1.4 o similar el equivalente a 512.000 pesos, lo mismo que en nuestro país.

Como puede verse, al ciudadano coreano de salario más bajo, al que gasta la mayor parte de su ingreso en alimentos, no le va tanto mejor que al argentino en su país.

En Argentina, el índice de Gini, que mide la desigualdad en el ingreso, fue de 0,365 en 2015, en tanto en Corea
midió 0,31 en 2013. Mejor, pero no demasiado.

Si alguien se siente tentado por estos números a buscar una nueva vida laboral en Corea, mejor lo piensa dos veces. Si ponemos la lupa en las condiciones en que los empleados desarrollan su trabajo en las empresas de ese país encontramos datos que pueden ponernos los pelos de punta:

una nota publicada en el Espectador, de Colombia, nos cuenta que “Los horarios interminables, vacaciones escasas y borracheras obligadas con el jefe son parte de la extrema cultura laboral de Corea del Sur”. Y agrega: “Los surcoreanos encomendaron su futuro a la fuerza de trabajo de sus habitantes, que finalmente lograron levantar el país con océanos de sudor, compromiso y obediencia absoluta al superior.

Así, en el siglo XXI esta cultura todavía está presente. "Si no se va el jefe, tú no te puedes ir de la oficina aunque sean las ocho de la tarde", comenta un ingeniero, en este caso un mexicano de 32 años que trabaja para una de las grandes constructoras del país asiático.

En definitiva, pensemos mucho los argentinos antes de repudiar las leyes y prácticas laborales que -nos guste o no el peronismo- fueron producto de los gobiernos de este signo, y lanzarnos a las ilusiones que nos propone el neoliberalismo hoy vigente.

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