GENOCIDIO EN CUOTAS

EDITORIAL 05/09/2017 Por
Los mapuches son chilenos, vociferan. Y le quitaron las tierras a los tehuelches. Será, pero Benetton y Lewis tienen poco de tehuelches ¿no?
PUEBLOS-04

Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Frente a la decisión de sindicatos docentes de hacer más visible la desaparición forzada de Santiago Maldonado, se generó una resistencia que pretende evitar el “adoctrinamiento” de los alumnos y estudiantes. Voces interesadas en las redes sociales buscan sumar adhesión entre los padres, a través de mensajes engañosos, que confunden a los padres en nombre del sentido común vigente. El que reafirma el derecho de los padres a decidir por sobre la currícula escolar en materia de política y religión, por ejemplo.

Adoctrinar es inculcar a alguien determinadas ideas o creencias. Si la escuela no les dice a los alumnos nada acerca de ideas o creencias no es que no adoctrina: adoctrina para que los alumnos consideren que las ideas y creencias vigentes están bien, y que no hay que tocarlas.

Es el peor adoctrinamiento. Las ideas y creencias deben ser cuestionadas permanentemente, en la búsqueda de los objetivos más nobles, como la justicia social, la de género, la de las mismas oportunidades para todos. Eso es lo que no quiere el sector dominante de la sociedad, el así llamado establishment, que busca perpetuar sus privilegios.

La desaparición forzada de Santiago Maldonado no es un episodio aislado, un accidente protagonizado por una fuerza de seguridad que aunque actuando criminalmente no tenía intención de producir víctimas. Es parte de una campaña para acorralar aún más a los descendientes de los pobladores ancenstrales, y sacarles lo poco que tienen en beneficio de intereses económicos locales y extranjeros.

A los mapuches originarios, que no eran argentinos ni chilenos sino mapuches, les quitaron las tierras en las que vivieron ancestralmente, hoy pertenecientes a Chile y la Argentina. Fueron diezmados a través de la "Pacificación de la Araucaria", en Chile y la "Conquista del Desierto" en Argentina. Se les impuso la religión católica y se los redujo a un estado de mínima supervivencia. Los invasores y criminales de las guerras contra los pueblos originarios lograron que la mayoría de los sobrevivientes y su descendencia adoptaran como natural esa situación. Pero quedó algo del espíritu de rebeldía, que generó la existencia de un grupo que lucha por recuperar algo de lo perdido. Y nuestros gobiernos, en ambos países, avalando el sometimiento de ese pueblo, los denominan terroristas.

Y le dieron inmensas extensiones de tierras a extranjeros que han constituido allí verdaderos estados. Ni Benetton ni Lewis le preocupan. Ellos pueden imponer a sangre y fuego la ley propia en las estancias que manejan.

Acusan a este grupito de mapuches de querer escindir territorio de la Argentina y se escandalizan. Pero al que sostuvo que “Yo entregaría no sólo las Falklands sino todo Tierra del Fuego a England, así nos sacamos ese apéndice que le encarece la vida al pueblo” lo premiaron con la vicepresidencia del Banco Central.

En los Estados Unidos, se reconocen territorios indios -llamadas reservaciones- en la que los pueblos originarios ejercen una limitada soberanía. La nación Navajo, por ejemplo, tiene una extensión de siete millones de hectáreas.

Dice el periodista Jesús del Toro, en un artículo de Pulso USA: “Aunque son parte primordial y original de la cultura en Norteamérica, por siglos fueron perseguidos, discriminados y dejados en el olvido.
Hoy las cosas son algo diferentes, aunque la problemática de las llamadas naciones o tribus indias en Estados Unidos es compleja. Pero los nativoamericanos actualmente han logrado perdurar, incluso se han beneficiado de ciertas consideraciones especiales, y han mantenido un notable caudal de su cultura y tradiciones”.

No todas son rosas para los indigenas del territorio de los Estados Unidos, porque muchas veces los derechos que ostentan (particularmente los relacionados con el tabaco y los casinos) son aprovechados por empresarios inescrupulosos para negocios corruptos, y otras desviaciones. A pesar de ello su estatus se compara muy favorablemente con el propio de los pueblos originarios del extremo Sur del continente.

Aquí, privados de su cultura y de sus tierras, en condiciones de extrema pobreza, no tienen siquiera la posibilidad de integrarse plenamente a la sociedad argentina. Solamente pueden desaparecer. Y eso es genocidio.

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