El costo de sustituir importaciones para proteger a la industria eternamente infante

OPINIÓN 05/09/2017 Por
Acertadamente Mauricio Macri viene insistiendo con que no hay que tener miedo de incorporarse al mundo y que, por el contrario, hay que verlo como una oportunidad
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La realidad es que el argumento de la industria infante que tiene que ser protegida para luego salir a competir al mundo es un verso para quedarse con un mercado cautivo, de manera de poder venderle a los consumidores productos de baja calidad y a precios más altos. Por definición, toda política de sustitución de importaciones o cierre de la economía implica reducir artificialmente la oferta. Si el estado reduce artificialmente la oferta de un determinado bien y la demanda se mantiene constante, es obvio que el precio va a aumentar.

Ahora bien, si el sector protegido puede vender a un precio mayor al que tendría que vender en condiciones de libre competencia, difícilmente opte por bajarlo e invierta si no tiene el aliento de los competidores en la nuca. Ajusta por precio, obtiene una rentabilidad que no tendría en condiciones de libre competencia y se apropia de la renta sin invertir para ampliar la producción y exportar.

Finalmente, si en algún momento el estado le dicea los empresarios que va a bajar los aranceles, aparece la amenaza con despedir personal, el político de turno en el poder arruga, lo sigue protegiendo y la industria infante sigue siendo infante aunque ya esté transitando la tercera edad.


Con escasos niveles de inversión, dado que solo hay que producir para un mercado interno muy reducido, la productividad de la economía no mejora y los ingresos reales crecen a tasas muy bajas.


En el gráfico previo se ve la evolución de PBI per capita de la Argentina y 3 países del sudeste asiático. A simple vista puede verse que en 1960 la Argentina tenía un PBI por habitante superior al de Corea, Hong Kong y Singapur, tres país que en los 70 y en los 80 mirábamos por arriba del hombro y se los denunciaba por producir haciendo dumping social. Se decía que ellos podían exportar porque tenían mano de obra barata, en cambio nosotros, gracias a las conquistas sociales, teníamos salarios superiores.

En 1960 la Argentina parte con un PBI por habitante que era casi un 400% más alto que el de Corea del Sur, 72% mayor al de Hong Kong y 64% más elevado que el de Singapur. En 2016 Corea del Sur tuvo un PBI per capita 150% más alto que el nuestro, Hong Kong un PBI por habitante 260% más alto que el nuestro y Singapur un ingreso per capital 420% mayor al nuestro. Si el lector no me cree puede googlearlo. Aclaro que cuando estaba redactando estas líneas tuve que chequear varias veces si no me había equivocado en la cuenta porque no podía creer la diferencia.

Países con muy bajos niveles culturales y escasos recursos naturales lograron pasarnos como jets en nuestro ingreso per capita. Mientras nosotros crecíamos a paso de tortuga, ellos se abrían al mundo, exportaban y lograban un flujo de inversiones que les hizo aumentar fenomenalmente el ingreso per capita.


Para que no se argumente que los países elegidos en el gráfico de marras no son válidos porque son orientales, vayamos al siguiente donde comparo el ingreso por habitante de Argentina con Chile y España. Somos la misma sangre. Bien, en 1960 la Argentina tenía un PBI por habitante que era 47% superior al de Chile y España nos superaba en un 31%. En 2016 Chile nos superaba en 48% y España en 200%, siempre en dólares constantes de 2010.

Si al lector no le agrada el cálculo en dólares constantes de 2010, puede tomar el PPP (Paridad de poder de compra entre los países, según sus siglas en inglés) a dólares constantes de 2011 y los resultados van a ser los mismos tanto para los dos primeros gráficos. En todo caso pueden variar las diferencias porcentuales, pero el orden y la evolución es la misma. No tomo el PPP porque parte de supuestos falsos como que no hay barreras arancelarias, ni costos de transporte y los impuestos son todos iguales en los países considerados.

Si bien podría haber tomado más ejemplos, como Irlanda y otros más, el punto en común es que todos esos países se incorporaron al mundo. No produjeron para el mercado interno sino que empezaron a competir con los productores de otros países. Eso exigió una serie de reformas económicas como la reducción del gasto público, la carga tributaria, las leyes laborales, etc. El PSOE tuvo que adaptarse a las reglas del mercado como también lo hizo Chile con Pinochet y luego lo siguió la Concertación.

La clave está en entender que para que mejore el ingreso per capita es necesario lograr un gran flujo de inversiones. Pero las inversiones sólo llegan cuando hay seguridad jurídica y reglas de juego económicas que hacen atractivo un país para hundir inversiones.

Ningún inversor va a hundir su capital en un país que lo esquilma con impuestos o tiene una legislación laboral que desestimula la contratación de personal. Ningún empresario va a invertir y ser más competitivo si no es forzado a hacerlo vía la competencia.

Los discursos que apelan a la buena voluntad de los empresarios para que inviertan no sirven para nada. Lo único efectivo al respecto es abrirse al mundo, competir y, por supuesto, llevar a cabo las reformas estructurales para que los productores locales puedan competir.


Para finalizar veamos un tercer gráfico donde muestro cómo evolucionaron las exportaciones Argentinas desde principios del siglo XX.


Hasta la década de 30 las exportaciones argentinas representaban entre el 2 y el 3 por ciento del total de las exportaciones del mundo. En 2016 representaron solo el 0,3%. Si hubiésemos mantenido nuestra participación en el comercio mundial, como lo hicieron Canadá y Australia, hoy deberíamos estar exportando USD 518.000 millones en vez de USD 57.700 millones que exportamos el año pasado.


¿Cuántas inversiones y cuántos puestos de trabajo no se generaron por exportar USD 460.000 millones menos de los que podríamos estar exportando? Este es el resultado del modelo de sustitución de importaciones. Escasas inversiones, empresarios que amasaron fortunas vendiendo productos de mala calidad, a precios altos y una productividad que casi no creció retrasando nuestro ingreso per capita.

No insistamos con aislarnos del mundo, porque el mundo seguirá avanzando y nosotros, en el mejor de los casos, los veremos alejarse cada vez más.

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