¿Y SI EL PERONISMO NO DESAPARECE?

EDITORIAL 10/08/2017 Por
Salvo la anomalía menemista, no puede negarse el papel protagónico del peronismo en la oposición a las doctrinas neoliberales. Por eso, su dilución o desaparición es un anhelo acariciado en los despachos oficiales. Pero la historia no augura éxitos en semejante empresa
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Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Rogelio Frigerio, el Ministro del Interior, se hizo acreedor a ese cargo no por su experiencia en temas económicos, a los que se dedicó en toda su carrera profesional y política previa, sino por la gran habilidad que mostró en las negociaciones que llevó a cabo para aportar votos a una agrupación política con muy poco predicamento fuera de la Capital Federal en las elecciones de 2015.

Por eso sus palabras merecen atención. Frigerio pronostica que la alianza Cambiemos saldrá victoriosa en todo el país desde el próximo domingo hasta octubre. La campaña está en su momento más intenso y se sabe que en este tipo de circunstancias suele haber excesos verbales que luego se disimulan en caso de que los hechos no se compadezcan con las palabras.

El domingo por la noche la ciudadanía tendrá una mejor idea de quien se acercó más a la verdad entre los opinantes de uno y otro lado. De todos modos, la apuesta de Frigerio es fuerte: hay algo que Macri y sus funcionarios no tuvieron en cuenta desde el inicio de su gestión, y es que llegaron al gobierno en una elección en la que la diferencia que los instaló es más que magra. Y que Cristina podrá eclipsarse -algo que no parece condecirse con la capacidad de convocatoria que mantiene- pero el peronismo seguirá vigente.

Macri es el primer presidente que llega al poder por las urnas desde un partido que no es el peronismo ni el radicalismo desde Perón a la fecha. Y tal vez ese triunfo primero, y la colaboración -bienintencionada u oportunista- de legisladores, la tolerancia de gobernadores que no tienen otro modo de manejar sus provincias sin el auxilio discrecional de la billetera nacional después, le dio ánimo para intentar provocar un vuelco de 180 grados en la cultura política, laboral y previsional. Y pretende también hacerse cargo de reformar gran parte de la idiosincracia y la moral de los argentinos, aunque -es imposible ocultarlo- sin demasiados títulos para esto último.

En el campo laboral, el propósito de integrar al país al esquema impuesto por las grandes potencias, los organismos multinacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras estructuras adscriptas a las doctrinas neoliberales se refuerza con la imposición de los mismos objetivos en otros países, principalmente Brasil.

A Lula -aplaudido por el mundo entero por sacar de la pobreza y la exclusión a treinta millones de desposeídos- le inventan el usufructuo de un departamentito playero que nunca pisó, le cuelgan el rótulo de corrupto, y terminan de un plumazo con una larga lista de derechos que, con el tiempo, fueron logrando los trabajadores.

En Argentina, por la lucha del peronismo desde dentro o fuera del gobierno (debe excluirse a Menem que de peronista no tuvo nada) y a veces contra el gobierno, los trabajadores argentinos consguieron salarios y condiciones de trabajo dignos, que previamente no existían. No totalmente, porque quedaron sectores postergados, como el de los peones de campo, estafados por un sindicalista enemigo de la clase obrera, y otros, pero sí en gran parte.

En el nuevo esquema el retroceso obrero brasileño no puede menos que replicarse en el país, y aún con un sindicalismo prebendario, difícilmente la sociedad acepte pasivamente los cambios que se programan.

La carta que se juega el gobierno es que el peronismo no exista.
Sin embargo el peronismo está vivo. La autodenominada “Revolución Libertadora” , con más justeza referida como “La dictadura fusiladora”, fue muy lejos en su intento de terminar con el movimiento fundado por el general.

El “se robó todo” no es un invento de hoy. Existió ya entonces, pero como la imaginación era más modesta, se refería por ejemplo a señalar que Perón tenía 300 pares de zapatos, o ridiculeces semejantes. No pudieron en ese momento, pese a una represión brutal, proscripciones, mentiras y hasta la ilegalización de parte del diccionario, modalidad que luego fue ampliada y perfeccionada por la dictadura cívico-militar del 76.

Nada indica que al día de hoy propuestas semejantes puedan tener éxito. Probablemente la defensa de lo tan duramente conseguido generará tensiones que permiten pronosticar horas sombrías en el país, para un futuro cercano.

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