"SIGANME, QUE LOS VOY A DEFRAUDAR"

Impunidad grotesca
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El caso de Carlos Saúl Menem, quien ejerció el cargo de Presidente de la Nación durante dos períodos consecutivos, vía reforma constitucional de 1994, y en cuyo transcurso no sólo la Argentina fue blanco de los dos atentados terroristas más importantes de nuestra historia, sino que, además, su administración está señalada como una de las más corruptas desde el retorno al sistema democrático y republicano de gobierno en el país, configura uno de los ejemplos más elocuentes de la grotesca impunidad que campea alrededor de la política nacional.

Hacia finales de la década de los ´80, la Argentina se vio afectada por una fuerte crisis económica marcada principalmente por una creciente espiral inflacionaria que trajo como consecuencia una suba en los precios al consumidor, así también como la disminución del stock de divisas, atrasos en los pagos externos y el incremento en el desequilibrio fiscal.

Este nefasto panorama derivó de los sucesivos fracasos en materia socio económica llevados a cabo por el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, entre ellos el “Plan Austral”, el “Plan Primavera”, y un frustrado pacto social entre los sindicatos y los empresarios.

La Argentina de entonces sufría las consecuencias directas de lo que significó la más brutal dictadura militar que usurpó el poder en marzo de 1976 y consolidó un sistemático plan de extermino, amén de “hipotecar” el futuro nacional de la generación venidera.

El presidente Alfonsín tuvo que afrontar una ardua tarea que no se circunscribió solamente al frente económico, sino que también debió centrarse en el ámbito de la consolidación democrática, con asonadas militares que amenazaban seriamente con volver a manejar los hilos del país y con una cada vez más creciente crispación social, que en parte era alentada por los viejos sectores peronistas que sufrían la acefalía de liderazgo producida tras la muerte del General Perón, evidenciando que muy poco habían aprendido de la muy reciente y trágica experiencia.

Es en este período donde se vislumbra un amplio crecimiento de las tasas de desempleo, el aumento de la recesión económica y de la deuda externa; así como también la creciente fuga de capitales hacia el extranjero.

En Mayo de 1989, se llevarían a cabo por segunda vez consecutiva desde la dictadura militar de 1976, las elecciones presidenciales, obteniendo la victoria por un poco más del 47% de los votos, el candidato del Justicialismo Carlos Saúl Menem, por sobre su opositor, Eduardo Angeloz de la Unión Cívica Radical, quién obtuvo alrededor del 32% de los sufragios. Por primera vez en la historia política Argentina se producía el traspaso del poder directamente a un candidato opositor por la vía democrática.

Éste fue un logro inmenso de quien fue reconocido, con bastante posterioridad, como el “padre” de la nueva democracia argentina. Pero su coste fue enorme para el líder de la Unión Cívica Radical.

Ante la delicada situación económica y social que atravesaba el país, Menem se hizo con el cargo el 8 de julio de ese año, o sea cinco meses antes de lo estipulado, ya que el traspaso de poder estaba previsto para el 10 de diciembre.

Si bien durante toda su campaña Menem había utilizado un discurso de corte populista, centrado en lo social y más acorde a lo planteado históricamente por la doctrina peronista, como por ejemplo, las alusiones a la “Revolución Productiva” para atraer los intereses del sector rural, y al “Salariazo” apuntado a obtener el apoyo de las clases trabajadoras; una vez asumidas sus facultades como presidente realiza un giro en su plan de gobierno, definiéndose por la adopción de políticas de ajuste de carácter neoliberal para hacerle frente a la crisis económica y fiscal en la que Argentina se encontraba inmersa.

Antes de proseguir, vale la pena hacer una aclaración: en una oportunidad, al ser interrogado por un periodista acerca de si las medidas adoptadas durante su gobierno habían sido tomadas como último recurso para contener la crisis que afectaba al país, o, si por el contrario, provenían de un plan estratégicamente ideado, Menem respondió: “si yo les decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. Creo, a mi entender, que esta afirmación, pinta de cuerpo entero al personaje que hoy nos ocupa.

Para poner en marcha su plan de gobierno, Menem se suma a las propuestas planteadas en el denominado “Consenso de Washington” formuladas por académicos, economistas y funcionarios estadounidenses, además de miembros del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otros.

Este documento contaba con diez puntos básicos que apuntaban: a la desregularización del mercado laboral y del Estado, al mantenimiento de un tipo de cambio competitivo, a la apertura al mercado internacional, a la afluencia de capital extranjero, así también como a una mayor disciplina fiscal, la centralización de los recursos del Estado en salud y educación, reforma tributaria, privatizaciones de las empresas públicas, y por último, a la desregulación y protección de la propiedad privada.

Y fue, justamente, en base a estos planes y a este documento en particular, que el entonces Presidente de la Nación pudo concretar sus maniobras personales, reñidas con los más elementales preceptos de la ética pública, que lo llevaron a convertirse en uno de los hombres más ricos del país. Cabe recordar, como lo supo muy bien relatar Julio Ramos, quien fuera el propietario del muy influyente periódico económico “Ámbito Financiero”, que cuando Menem recaló en la Capital Federal para competir en la campaña que lo depositaría en el “Sillón de Rivadavia”, le tuvo que prestar su enorme mansión, abandonada después de los accidentes que le costaran la vida a sus dos hijos mayores, porque el riojano no tenía dinero ni siquiera para pagarse la estadía en un hotel.

Actualmente, Carlos Menem tiene dos condenas por delitos gravísimos contra el Estado perpetrados mientras era Presidente de la Nación: 1) A siete años de prisión efectiva y 14 de inhabilitación para ejercer cargos públicos, como autor de contrabando agravado de armas a Ecuador y Croacia. La causa tiene sentencia confirmada la semana pasada por la Cámara de Casación Penal; y 2) A 4 años y 6 meses e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, por malversación de fondos consistente en pagarle a altos funcionarios de su gobierno, durante años, “sobresueldos” por un valor aproximado a 600 millones de dólares de entonces. La sentencia fue dictada por un Tribunal Oral a fines de 2015 y está apelada ante la Cámara de Casación Penal.

Ambas causas duraron alrededor de 20 años cada una. Los crímenes están ampliamente probados y, vale repetirlo, fueron cometidos durante la presidencia del condenado.

Quien delinquió desde la Presidencia se anota en la carrera para ser re-reelecto como Senador de la Nación. Mantuvo ese cargo por dos períodos a pesar de las numerosas causas -todas graves- en su contra y a pesar de las sucesivas condenas

Lo mantuvo a pesar de no concurrir a cumplir su alta función legislativa casi nunca, a punto tal que entre 2014 y 2015 fue a una sola sesión del Senado. El abuso de los “fueros” legislativos es groseramente evidente.

Las complicidades de la dirigencia política son notorias, en particular la de quienes durante largos años tuvieron -y tienen- cómoda mayoría en el Senado. Aunque en menor medida, deben asumir también responsabilidad los demás legisladores y dirigentes por no haber reclamado con fuerza y constancia el desafuero del condenado.

Finalmente, la Justicia Electoral ha resuelto no permitirle competir en las Elecciones Paso del próximo domingo, en base a la primera de las condenas mencionadas.

Pero, como no encontró argumento suficiente para refutarle a la justicia la decisión tomada, y ante la falta de tiempo para implementar cualquier otro tipo de acción, recurrió, como lo hizo en infinidad de oportunidades, a los recursos efectistas de golpear en las “zonas bajas”, que es lo que hacen todos aquellos que no pueden enfrentarse con una realidad que los supera por completo.

Para terminar con este comentario, le sugiero a los lectores que se tomen el trabajo de ver el spot publicitario que han confeccionado los que aún sostienen a un personaje que tanto daño le ha causado a la inmensa mayoría de los argentinos. Les aseguro que, parafraseando irónicamente a Menem, su visión “no los va a defraudar”:

https://vodgc.com/index.php/extwidget/openGraph/wid/0_016x4ldn

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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