QUINTO ASALTO DE UNA PELEA DESIGUAL

EDITORIAL 10/08/2017 Por
Desde el viernes pasado la avidez de dólares de los particulares tiene en jaque al Banco Central. La continuidad de la política monetaria está causando un gran perjuicio al país, que debe soportar una creciente carga financiera. Hoy será sin duda una tensa jornada
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Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Hace menos de una semana, desde este portal nos preocupábamos por la confrontación entre una autoridad monetaria que trataba de contener el precio del dólar, y parte de la población que, buscando un refugio para sus pesos que se devalúan día a día en su poder de compra, se lanzaron a las casas de cambio en busca de los billetes verdes.

El lunes, la institución de Reconquista 266, logró frenar el avance de la divisa, aunque debió desprenderse de no pocos millones de reservas. Como las arcas del Central están -no digamos pletóricas- pero cómodas en poder de fuego, pensamos que terminaría ganando la pulseada.

Los días que siguieron mostraron que el remedio fue efectivo: el dólar se clavó en un par de centavos por debajo del límite fijado, aunque la sangría de reservas continuó con montos crecientes. Pero ayer la corriente rompió los diques.

La autoridad monetaria ya no pudo contener el precio, a pesar de que tuvo que despojarse de 584 millones de dólares, la mayor cifra en un día desde 2003.

Ya ayer, considerando que los desembolsos del billete norteamericano no se campadecían demasiado con la táctica llamada flotación sucia, que implica pequeñas o moderadas intervenciones reguladoras del mercado de divisas, titulamos “flotación mugrienta” a nuestro informe.

Ahora, definida por los hechos la corrida cambiaria, habrá que estar muy atentos a los sucesos de estos dos días hábiles que faltan para las elecciones.

Lo más probable es que, lanzada, difícilmente la demanda se apacigüe. Todo indica que ella se va a incrementar. El alza del dólar perjudica al consumidor, porque en consonancia aumentan los alimentos y muchos otros productos básicos. También lo hacen los combustibles (según lo dispuesto por la conducción económica) y todo aquello que contenga partes importadas. Al hombre de a pie no le conviene el aumento de la divisa. Pero si tiene algún ahorro tratará de protegerse de todos modos.

Pero hay otro sector de la población que sí lo quiere: en la fiesta de La Rural se le dijo al Presidente que el dólar debiera estar hoy en 25 pesos. El agro quiere obtener más pesos por sus granos o carnes; quiere mayor rentabilidad. Y también proteger sus bolsillos como todo el resto de la sociedad.

Hay otras medidas posibles para contener una divisa que se desboca: elevar las tasas de interés, o “secar la plaza”, para que no haya pesos disponibles para cambiar por dólares.

Las voces oficiales pueden seguir culpando a Cristina de meter miedo en el mercado, pero todo indica que el problema no termina con el comicio.

El gobierno considera que el endeudamiento no es alarmante, y se propone seguir pidiendo divisas para financiar el déficit fiscal, hasta llegar a lo que considera un porcentaje aceptable en relación al producto bruto, que fija en 32%.

Desde estas columnas hemos opinado que lo importante es el valor absoluto de la deuda, y que basarse en el PBI no refleja la realidad. Y esto se torna evidente cuando hay un déficit en la balanza comercial, esto es el país importa por un valor mayor al de las exportaciones.

En otras palabras, no hay con qué hacer frente a los intereses de ni un solo dólar de deuda, mucho menos algo del capital. Y ya sabemos donde termina quien tiene que pedir nuevos préstamos para pagar meramente los intereses de los anteriores.

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