LAS ELECCIONES PASO Y LOS HELICÓPTEROS

El resultado del domingo proximo decidirá la puesta en marcha de un peligroso "manual" que el peronismo ya usó muchas veces
C73

Las palabras, cuando están sueltas, es decir cuando no se encuentran ordenadas en una frase o asociadas entre sí, sólo expresan su significado literal y nada más. Por ejemplo, si decimos “cabeza”, nos estamos refiriendo a la parte superior del cuerpo del hombre y superior o anterior del de muchos animales, donde se encuentran algunos órganos de los sentidos y el cerebro; si decimos “turco”, hacemos alusión a una persona natural de Turquía, o a la lengua hablada principalmente en ese país; pero si unimos los dos vocablos, ósea “cabeza de turco”, su significado es absolutamente distinto, ya que se le llama así a quien se le atribuye, normalmente con malicia, todas las culpas de lo sucedido, librando así a otro, u otros, de cargar con la responsabilidad de las mismas. Son empleadas con el mismo significado las expresiones “chivo expiatorio” y “pagar el pato”.

De igual manera, un “club” es una asociación de personas con intereses comunes que toman parte en actividades recreativas, deportivas o culturales; y un “helicóptero” es una aeronave con una gran hélice en su parte superior central y otra más pequeña en la cola; este sistema permite que el aparato despegue y aterrice en vuelo vertical, se desplace en el aire hacia delante o hacia atrás, a derecha o izquierda o, incluso, que se mantenga suspendido en el aire.

Pero, “el club del helicóptero” es una frase que en nuestro país causa, cuando es pronunciada por personas vinculadas al mundo de la política, un cierto escalofrío. Y es que, muy al contrario de lo que se pudiera suponer, no se trata de una asociación de personas amantes de uno de los medios de transporte más usados en el presente para trasladar personas o como una actividad recreativa. No, nada de eso. En la Argentina, su sola mención nos retrotrae a una historia bastante reciente de presidentes constitucionalmente elegidos por el pueblo, que renunciaron a sus cargos obligados por circunstancias de alta conflictividad y crispación social, generalmente producidas por graves desajustes económicos intencionalmente elaborados y puestos en práctica por grupos opositores a esos gobiernos, con el fin de lograr su caída.

Por el año 2012, la mismísima ex Presidenta Cristina Fernandez de Kirchner hacía alusión a ese club, en medio del pánico producido por los saqueos que se estaban llevando a cabo en la turística Ciudad de Bariloche: “Quiero hablar con la mano en el corazón porque este es un manual para saqueos, violencia y desestabilización de gobiernos que tiene su historia... se inauguró el primer tomo de este manual en el final del gobierno del doctor Alfonsín... sectores políticos, y fundamentalmente sectores del Pejota, todos lo sabemos perfectamente... Lo mismo pasó en 2001... Sabemos cómo se organizó eso. Sabemos quiénes eran los actores. Sabemos que comenzó en la Provincia de Buenos Aires... Bueno, toda la vieja historia que ya conocemos los argentinos”.

En ese momento, quien también había acuñado la muy sugestiva frase de “ahora vamos por todo”, tuvo un súbito ataque de memoria. O de amnesia, si se prefiere, ya que olvidó que en diciembre de 2001 había pedido la renuncia de De la Rúa y denominado a las acciones recomendadas por el “manual para saqueos, violencia y desestabilización de gobiernos peronista” como “revocatoria popular de mandato”,

El intento kirchnerista de desgastar a un gobierno no peronista comenzó antes de su asunción, con una oposición cerrada a toda transferencia organizada del poder que fue desde el ocultamiento de información vital sobre el caótico estado del país hasta la negativa a participar de la ceremonia de entrega del bastón de mando. Quienes redujeron el episodio a mero capricho de despechada desconocen la realidad y subestiman el peligro: la inexistencia de la foto de entrega del bastón presidencial tiene un significado transparente para la militancia K. Su ausencia explicita que el kirchnerismo no considera la asunción de Macri como parte de la natural alternancia democrático-republicana sino como un acto de destitución del único poder popular legítimo, el kirchnerista, lo que autoriza y da inicio a la resistencia contra un poder que consideran extraño, extranjero. Estamos hablando, claro, de una tradición política que se considera heredera de quienes, en plenos Setentismo, tomaron las armas y pasaron a la clandestinidad frente a un gobierno que habían votado.

Asimismo, quienes, desde la famosa “crisis del campo”, allá por mediados de 2008, comenzaron a llamar “destituyentes” a todo tipo de manifestación pacífica, generalmente espontánea o más o menos organizada por sectores en ese momento opositores al kirchnerismo, frente al manifiesto totalitarismo de un gobierno que no dudo ni por un instante en hacer uso de todos los medios que tuvo a su alcance, se tratara de comunicaciones, logística y hasta el patoterismo de personajes como Luis D'Elia y otros de su calaña, que copaban la mítica Plaza de Mayo, a fuerza de amenazas y violencia contra simples ciudadanos que sólo portaban cacerolas, hoy no escatiman ningún medio para lograr la interrupción del orden constitucional, mediante la caída de la actual administración de “Cambiemos”. Así lo dejó bien claro el ya referido D'Elia hace muy pocos días, quien en su habitual programa de radio lo dijo con todas las palabras: “vamos a ganar estas elecciones.....Y te vamos a destituir”.

Pero, los intentos desestabilizadores y destituyentes de un personaje tan payasesco como molesto y hasta grotesco, tanto así que la propia Cristina Kirchner ha querido despegarse de él no incluyéndolo en la lista de candidatos que la acompañan para disputar las elecciones Paso, no es demasiado preocupante, ya que, amen de hacer públicas sus amenazas, carece de peso específico para realizar cualquier tipo de acción que pueda afectar la insitucionalidad de la Nación. No, lo verdaderamente peligroso son las grandes fuerzas que se mueven en las “sombras”. Los grupos económicos que se vieron muy afectados por el cambio de rumbo que Mauricio Macri le impuso a los asuntos nacionales, tanto hacia dentro como hacia fuera del país. Grupos económicos que tienen la capacidad de producir mucho daño, con acciones especulativas que pueden ir desde la inestabilidad cambiara, el desabastecimiento intencional de alimentos y productos de primera necesidad, hasta la organización de grandes movilizaciones de masas para sembrar un panorama de caos y desorden social generalizado.

Por eso, estas elecciones Paso no configuran, únicamente, lo que por cometido legal tienen. Ni siquiera configuran esa “gran encuesta oficial” que todos los analistas políticos le atribuyen como su último y verdadero fin. No, estas elecciones son cruciales para grupos de poder, que ocultos, pero muy bien organizados, están tratando de implementar acciones en torno a la consigna de que los únicos que pueden gobernar este país son los peronistas, recordando que el último gobierno no peronista que concluyo su mandato, en tiempo y forma, fue el del Dr, Marcelo T. de Alvear, en el ya muy lejano año 1928.

Y es por ese motivo que se están congregando alrededor del “club del helicóptero”, muy prestos a ofrecerse como la única y posible alternativa, ante una hipotética “salida apurada” del actual Primer Mandatario Argentino.

El resultado que el próximo domingo obtengan las tres principales fuerzas políticas que hoy existen en la Argentina, esto es “Cambiemos”, “Unidad Ciudadana” , y “Frente Renovador”, serán, para algunos, tan sólo un muestreo de la adhesión o rechazo hacia la administración del Presidente Macri, mientras que, para otros, constituirán, casi con certeza, desde su muy antojadiza interpretación, la “punta de lanza” que necesitan para arengar a los sectores más reaccionarios y recalcitrantes de la pseudo izquierda nacional, para poner en marcha los planes pergeñados desde el mismo momento en que se conoció la derrota sufrida por el kirchnerismo en diciembre de 2015, planes que no son otros que los que aconseja ese “manual” que tan bien ha estudiado y conoce a la perfección la ex Presidenta de “todos y de todas”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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