Caputo precalienta la salida al exterior para tarjetear el déficit

EDITORIAL 09/08/2017 Por
Fuera de la campaña, los coordinadores económicos Mario Quintana y Gustavo Lopetegui quedaron a cargo de lidiar entre bambalinas con las cuentas públicas y de barajar hipótesis del Presupuesto para 2018
luis-caputo

Un poco porque el ministro de Hacienda, NIcolás Dujovne, no se habla con el de Finanzas, Luis Caputo, y otro tanto porque a falta de definiciones fiscales, el plan financiero está más a la mano, los ministros de la Jefatura de Gabinete pudieron abocarse en las alternativas de colocación de nueva deuda que el Tesoro. El ex mesadinerista de banca extranjera es como los boyscouts, siempre listo, si se trata de colocar en el mercado unos US$ 25.000 millones de deuda, por más que sea desde una aún baja calificación del riesgo país, por lo que el incremento en 4 puntos del ratio, por llevarla a casi un tercio del PBI, se asumirá con una tasa más alta que si al menos nos hubieran dado la categoría de emergentes, lo cual es, a la vez, causa y efecto de no haber hecho los deberes económicos y depender ahora de cuántos votos saque la rival de la grieta, CFK.

Sugestivamente, en el armado mismo del Presupuesto 2018, cuyo proyecto si no hubiera elecciones tan abstractas como sanguinarias como estas de medio término ya tendría que estar rumbo a las comisiones parlamentarias, una de las primeras definiciones para cubrir el déficit fiscal sería llevar el stock de deuda hasta 32% del PBI a fin de cubrir el rojo del 3,2% del PBI estimado el año que viene y de 2,2% en 2019.

El diario El Cronista Comercial anticipó que el programa financiero previsto será similar al de 2017, con vencimientos de capital refinanciados, para cubrir el desequilibrio primario más intereses. A tal efecto, el Gobierno avanza con sus estimaciones financieras para saber cuánta deuda tendrá que salir a colocar en el mercado el año próximo, si bien todavía resta cerrar el programa del 2017.

De la otra parte, la cuasifiscal, que no es un tema para nada menor porque duplica el déficit, deberá ocuparse el Banco Central dentro del programa monetario, siempre que la tasa de interés no sea el inocuo antídoto contra la inflación utilizado este año, según dijo el ex presidente de la entidad, Martín Redrado.

En esta extraña campaña electoral, ni el oficialismo ni la oposición han tenido vocación de debatir en serio el nivel de endeudamiento, quizá porque tanto a la Casa Rosada cuanto a los gobernadores les conviene que sea una salida del paso a la mano ante la falta de definiciones en materia de administración de la cosa pública.

Y si bien comunicadores de la economía como Pablo Wende afirman, con total lógica, que primero hay que definir cuánto y en qué se gastará para luego ver de dónde saldrán los recursos a financiar, no es menos razonable, en un ciclo de varios años que fue del estancamiento a la recesión, determinar cómo se implementan los tiempos del traspaso de lo que se cubre con el erario público al privado. Cómo se trasvasa, y en qué proporciones, inversión pública a privada, empleo público a privado, subsidios económicos a tarifas y los sociales a trabajo productivo.

Ponerle el lápiz rojo al gasto público implica, para quien gobierna, asumir que deja a alguien en la calle hasta que se consiga reubicarlo y sin que aparezca alguna señal clara en el horizonte de que se abrirán nuevas oportunidades.

El gasto público, común denominador de la grieta

Los modelos que entrañan ambas propuestas -de un lado y otro de la grieta, por convicción o por resignación-, coinciden en que el gran protagonista de la economía sigue siendo el sector público, con el agravante de que la mayor causante del déficit a financiar es la clase pasiva, que a su vez reclama porque el dinero del Fondo de Garantía Recíproca no se utiliza para lo previsional sino para el Procrear y otros destinos, mientras el titular de ANSeS, Emilio Basavilbaso, reclama que se extienda a los 70 años la edad jubilatoria, aunque haya aclarado que “a voluntad”, el límite de la edad jubilatoria para hombres y mujeres.

En definitiva, tal como en la gestión K, toca a la gran caja previsional financiar una parte del agujero negro financiero; otra, quedará a cargo de otros entes del sector público, y el resto se cubrirá con colocaciones de títulos en el mercado.

A causa de que Basavilbaso ya tuvo problemas en este ejercicio, metió mano a las fórmulas de la reparación histórica y a demorar pagos de sentencias de juicios perdidos para bicicletear, aunque sea un poco, el colosal déficit.

También en este caso juega la posibilidad del financiamiento. La mayoría de los analistas avala este expediente, en línea con el discurso oficial, al haber partido la Argentina de un nivel muy bajo de endeudamiento y de que, si bien el crecimiento de los últimos 2 años fue rápido, la relación deuda/PBI se estabilizará hacia 2021 por debajo del 35%.

Para ello deberán cumplirse las proyecciones de crecimiento en torno del 3,5% anual, o bien las metas de reducción del déficit fiscal previstas por el Gobierno. Ya arrancamos mal, porque la CEPAL recalculó después de abril el producto argentino de este año en 2%.

Las bases de cálculo borrador de Presupuesto 2018 reveladas por El Cronista Comercial se completan con:

> Un programa financiero similar al de este año, entre US$ 45.000 y US$ 50.000 millones.

> Vencimientos de capital refinanciados y salida del Tesoro al mercado para conseguir fondeo que cubra el déficit fiscal primario previsto en 3,2% del PBI más los intereses.

> Que sigan los aportes del giro de utilidades y de adelantos transitorios del Banco Central (BCRA), calculados en unos $ 130.000 millones para el 2018.

> La cuenta, de acuerdo a cómo se realice, da como resultado una necesidad de financiamiento de US$ 22.000 o de US$ 25.000 millones.

> En el Gobierno suman al déficit primario, estimado en US$ 19.200 millones, intereses (neteados del aporte del BCRA) por un punto del PBI, aproximadamente US$ 6.000 millones, lo que da como resultado esos US$ 25.000 millones.

Están fuera del cálculo los intereses de la deuda intra sector públicoporque se refinancian y los de deuda privada aún están en proceso de revisión debido a que dependerán de cómo cierre el programa financiero de este año.

La cuenta se completa con vencimientos de capital que el Tesoro deberá refinanciar el año próximo, entre los que figuran principalmente las Letes, que suman unos US$ 14.500 millones y equivalen al 2,4% del PBI; otros casi US$ 5.000 millones con organismos internacionales; gran parte del REPO con los bancos (el total era por US$ 6000 millones) y amortizaciones del Bonar 2018, en dólares, y del Bogar 2018, en pesos atado al CER.

En estudios como el de Bein/Eco Go marcan un límite al ratio deuda/PBI, al que por ahora le asigna algún margen de incremento mientras el Gobierno busca avanzar con la corrección de precios relativos y el BCRA trata de anclar las expectativas inflacionarias con la tasa de interés, según el economista asociado Federico Furiose.

Si bien no hay un consenso total en definir cuándo el endeudamiento es elevado y cuándo llega a ser preocupante, se acepta que el actual nivel es alto.

Las economías racionales no capturan endeudamiento público por más de 3,5 puntos de su PBI, se afirma. La Argentina intenta un endeudamiento anual equivalente a 10 puntos de su PBI.

Urgente 24

Te puede interesar