LA FLOTACIÓN MUGRIENTA

EDITORIAL 09/08/2017 Por
Presiones derivadas de toma de ganancias de quienes invirtieron en Lebacs, temores al retorno del kirchnerismo, u otras razones. Lo cierto es que el panorama cambiario presenta nubarrones inquietantes
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Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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En materia de moneda extranjera, al Banco Central se le presentan tres alternativas:

Control de cambios: la autoridad monetaria fija el valor de las divisas (no necesariamente igual para cualquier destino) y restringe en mayor o menor medida el acceso de los particulares a su adquisición.    

Flotación sucia: particulares y empresas tienen libre acceso a la divisa, y el precio lo fija el mercado. Sin embargo, cuando el precio de mercado sale fuera de un intervalo que se compadece con la política económica del gobierno, el Central impone su capacidad de maniobra y sale a comprar o vender para que la divisa retorne a dicha franja.

Libre mercado: la entidad no interviene y deja que el flujo de ingreso y egreso de la moneda extranjera determine el precio al que se negocia.

El portal Ámbito eligió este titular: “El BCRA sacrificó otros u$s 208 M para aplacar el efecto PASO y el dólar cerró estable a $ 17,98” para una nota sobre la pulseada cambiaría de ayer. La movida eleva a U$S 720 millones la merma de reservas por este concepto en las últimos siete días de mercado. Esto va pasando entonces de la flotación sucia y justifica el título de esta nota.

Algunas informaciones dan cuenta de que hay bancos que -con una excusa u otra- limitan la venta de dólares al público. Puede ser que aleguen que el comprador no justifica suficientemente la capacidad financiera legal para realizar la transacción, o razones  circunstanciales.

El hecho es que las reservas del BCRA, por las que hay que pagar un gravoso interés, descienden en forma tal que generan alarma en los especialistas de todas las tendencias, y también los del gobierno. Un difícil brete para un equipo que defiende el libre mercado de divisas a ultranza, y que apenas días atrás manifestó, por boca del presidente, que el tema del dólar “no es preocupante”.

Gracias al desbocado endeudamiento en que está empeñada la conducción de la economía, el Central tiene espalda como para bancar la flotación; por ahora el tema de cómo se va a pagar el enorme y creciente monto de intereses queda de lado en las esferas oficiales.

Lo que se pone candente, en cambio, en relación con el dólar, es que el aumento que experimentó en las últimas semanas ya se traslada, y fuertemente, a los precios. Los relevamientos muestran subas de 5% y hasta 7% en productos básicos. Y el combate a la inflación es uno de los principales pilares en los que se asienta la filosofía del oficialismo.

Los funcionarios, hasta hace poco, no dejaban de mencionar toda vez que pudieran hacerlo la gravedad de la inflación a la que el país estaba sometido bajo el gobierno anterior, y los éxitos que iba logrando la administración actual en el terreno. Pero ya las proyecciones muestran que 2017 no terminará mejor que 2015 en lo que hace al indicador de crecimiento de precios.

Se amontonan los pesares gubernamentales en el terreno económico en momentos en que el ángulo político no tiene ningún elemento para festejar: la preeminencia de Cristina en la compulsa del domingo ya no la niega nadie.

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