¡¡¡QUE NO NOS DUELA SER ARGENTINOS!!!

La necesidad de un "nunca más" a la corrupción
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En épocas pre electorales como la que estamos transitando, es decir cada dos años, se reiteran como en un círculo sin fin las criticas, los lamentos, las broncas y los deseos de que alguna vez los argentinos podamos, finalmente, ver plasmados nuestros sueños y anhelos de vivir en un país serio, en una nación justa, dónde los buenos ciudadanos puedan gozar de todos los privilegios que una vida apegada a la ética y la moral nos debería deparar y que aquellos que han optado por transitar un camino a contramano del que la legalidad señala como correcto sean condenados y apartados de los lugares dónde se producen las grandes decisiones que afectan a la sociedad en general.


El libre albedrío es la capacidad que tiene todo ser humano para elegir qué tipo de camino transitar. El hombre honesto, que respeta al prójimo, que se apega a las leyes y al derecho debería ver reflejado ese accionar en satisfacciones para su vida y la de su núcleo familiar. Asimismo, quien opta por llevar una vida reñida con las buenas costumbres, al margen de la ley, buscando siempre los huecos que existen en todos los sistemas jurídicos, tendrían que sentir que caminan sobre el filo de un cuchillo, con la peligrosidad que cada paso que dan les depara.


Sin embargo, muy a nuestro pesar, como argentinos vemos que esto no sucede así. Y por eso, cada dos años se renuevan esperanzas y, directamente proporcionales a éstas, se comprueban iniquidades e injusticias que son muy difíciles de entender. Iniquidades de una Argentina que nos duele, porque la padecemos en el día a día, porque nos empeñamos en no plegarnos a quienes eligieron vivir a costillas de los demás, pero que sentimos como si se nos estuvieran riendo en la cara.


Hace tan sólo unos días recibí un mensaje, de los muchos que suelen dar vueltas en cadena por las redes sociales. Generalmente no les doy mayor importancia, ya que muchos suelen ser tendenciosos y orientados para que apoyemos a determinado candidato o partido político. Pero este era distinto. Este no mencionaba ningún nombre en particular, más allá del de su autor. Me pareció de una crudeza sin golpes bajos ni efectistas. Y, en ese sentido, creo oportuno reproducirlo acá, porque suscribo plenamente con lo que en él se expresa.


El mensaje se titula “Con mucho dolor”, y dice lo siguiente: “Les quiero contar algo personal. Ayer recibí un mail de esos que habitualmente no abro porque le temo a los virus. Pero lo abrí porque me lo enviaba alguien al que yo respeto profundamente por su talento y la ética que expresa en todas sus acciones. Hablo de Juan José Campanella, que en el asunto decía: A todos, ¿Qué nos pasa?


Una sensación de impotencia, de frustración y abatimiento nos noqueó. En muchas reuniones privadas, en el trabajo, en la calle, en los trenes, se comenta. Pero siempre en privado. Ya parece no quedar nada del orgullo de ser argentino. Y no es la economía. Ni siquiera el caso Ciccone. Ni de los hermanos Schoklender. No se trata de Moreno y su avasallamiento tercermundista. Ni de la Ley de Medios. El problema no es el tren de Once y los 52 hermanos muertos...lamentablemente. Ni tampoco el uso de las reservas. No se trata del paro de los maestros, ni de las mentiras del Indec, ni de la pesificación. El problema es otro. Estamos perdiendo en silencio a nuestra Argentina. La metamorfosis es brutal. El país que tenemos hoy no es el que imaginamos, y el país de mañana será mucho peor de lo que imaginamos. No hay respeto. No hay educación. No hay diálogo. La búsqueda de la excelencia se abandonó por completo. Nos acostumbramos al atropello del poder político, al patoterismo. Al corto plazo sin una visión de país que nos ilusiones. Que nos enamore. ¿Qué queremos? Volver a sentir orgullo de ser argentinos. Viajar seguros. Ver un desarrollo cultural sostenido. Transitar por las calles sin piquetes. Escuchar a un presidente conectado con el mundo; decidir qué comprar, qué libros leer; respetar al maestro, los delincuentes presos. Estadistas conduciendo al país. Economistas manejando la economía. Calma y paz. No al odio y la crispación. Los tres poderes funcionando. Comprar dólares o no. Recibir cosas del mundo y poder enviar cosas al mundo.


Por favor, no dejes que un grupo de veinte personas que conducen al pueblo hacia el choque fatal nos humille, nos calle, nos paralice.


Si quieres los mismo que todos nosotros, que sí somos la gran mayoría hoy, aquí y ahora, sin temor a nadie y con respeto a Dios, compartilo en paz. ¡ARGENTINA TE QUIERO! Y ¡NO QUIERO PERDERTE!”


Evidentemente, este mensaje fue escrito para cuando el país decidía por el continuismo kirchnerista o por el cambio que significaba Mauricio Macri como presidente de la Nación.


Pero, aunque fue redactado hace casi dos años, hoy se renueva para estas próximas elecciones, tal cual como fue concebido entonces. Esto tiene un enorme significado. El cambio aún no fue consolidado de manera definitiva en nuestra sociedad. Los nombres que llevan las listas de candidatos para ocupar los cargos legislativos nacionales, provinciales y municipales son los mismos que, aún con la inmensa cantidad de pruebas que existen en su contra, por delitos cometidos a lo largo de doce años de régimen “Nac & Pop”, no se resisten a abandonar el escenario político.


Este hecho, quizá con alguna razón, muchos estén tentados a enrrostrarselo a la actual conducción del país. Dirán que se equivocaron mucho, que son desprolijos, que la economía no ha dado signos de despegue en estos veinte meses, que se han aplicado ajustes que afectaron mucho al bolsillo, sobre todo a los de los más necesitados. Podrán decir muchas cosas, algunas con valor real y otras que son producto de pre conceptos arraigados muy profundamente. Pero hay algo muy cierto: esos nombres que hoy están en las listas opositoras, y que fueron los funcionarios más destacados del anterior régimen, ya demostraron de sobra todo lo que son capaces de hacer.


Demostraron la gran capacidad que tienen para manejar los dineros públicos, siempre llevándolos hacia sus cuentas bancarias. Demostraron que tienen bien en claro que los índices económicos y sociales se pueden manipular, de la manera que sea, para justificar cada una de las decisiones que toman. Demostraron un desprecio sin igual por las instituciones republicanas, por la división e independencia de los Poderes el Estado. Demostraron que saben de sobra manipular las más elementales necesidades de los sectores de mayor conflictividad social. Demostraron ser especialistas en anuncios de grandes obras que, en muchos casos, ni siquiera se habían comenzado a construir. En definitiva, demostraron que la función pública sólo les significa un lugar desde donde poder ejecutar algo que saben hacer muy bien: robar a diestra y siniestra.



Los argentinos no podemos darnos el lujo de volver a caminar como los cangrejos. La mayoría de la ciudadanía eligió, en 2015, volver a ser un país normal. Un país con funcionarios que no se hagan ricos a costa de la función pública. Un país donde las instituciones y el republicanismo no sean una mera declaración de principios, sino que sean hechos palpables y reales a cada momento. Un país sin super hombres ni super mujeres, sino con igualdad de oportunidades para todos. Un país que consolide políticas de mediano y largo plazo. Un país sin dádivas estatales, sino con generación de trabajo genuino.


Si esos nombres siguen en danza, es porque aún falta mucho por cambiar en la Argentina, y por eso nos sigue doliendo tanto este país a todos los que queremos volver a sentir ese inmenso orgullo de ser argentinos.


Los argentinos de bien, que somos la mayoría de la población de este país, debemos ponerle un “nunca más” inmenso a la corrupción. Así como un día el pueblo le dijo “nunca más” al autoritarismo golpista, hoy debemos reafirmar nuestro compromiso y nuestra lucha contra un mal endémico que tanto daño nos ha hecho.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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