Cristina intenta aparecer como una líder democrática: no caigamos en la trampa, no lo es

POLÍTICA 16/07/2017 Por
Asombra escuchar a la ex presidenta en campaña y compararla con aquella que nos aleccionaba durante horas por cadena nacional. Por supuesto que esa es la verdadera, y no podemos olvidarlo
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Las elecciones son como los noviazgos, plenos de promesas y gestos de seducción. Pero gobernar es más parecido al matrimonio: nunca se logra coincidir en todo. Y quien gobierna suele caer en la tentación de la soledad, de creer que no tiene interlocutor válido, en síntesis, que la democracia puede convertirse en una danza sin pareja. Lo bueno es que la derrota amansa, y con solo escucharla a Cristina a uno lo asombra la distancia infinita con la anterior, con aquella que hablaba en cadena -y era condena. Cristina intenta aparecer como una líder democrática. Pero no caigamos en la trampa, porque no lo es. Son ilusiones electorales, tan pasajeras como la seducción.

Los encuestadores se amontonan, algunos venden encuestas otros tan solo las alquilan para consolar al pagador. En Corrientes de seis le erraron cinco, mejor leer esos gráficos como si fueran arte abstracto. Solo debatimos el porcentaje de la primera minoría, es importante, llegamos a la democracia más por debilidad que por vocación. Y los gobiernos mayoritarios solo dieron fracasos y frustraciones.

Más del cincuenta por ciento todavía no decidió a quien votar. Los fanáticos la tienen clara, el resto, los racionales, deambulamos entre el odio al pasado y la desazón del presente. Como toda sociedad en crisis, los odios superan por lejos a los amores, cada quien dice conocer al culpable, casi nadie encontró hasta ahora el sendero salvador.


Si Cristina gana en Buenos Aires, el Gobierno pierde sin que cambie nada, pero queda lastimado; si Cristina es derrotado tampoco cambia nada, porque el kirchnerismo ya quedó reducido a un partido provincial. Massa con Stolbizer son los que menos arriesgan, porque surgen para ocupar el lugar de alternativa. Cristina, aun cuando ganara, ya no tiene futuro. Nos gusta exagerar su amenaza, pero nadie ignora que son solo detonaciones de una bulliciosa retirada.

Los actos son todos tan modernos que la forma se impone al contenido. Las ideas y las marchas, las pasiones y las convicciones, ocupan un lugar secundario. Aparece lo nuevo, que no entendemos si es solo sin pasado o también sin ideas. En esta furia por superar al supuesto "populismo" la estamos vaciando de sentido a la política. Nuestra miseria es hija dilecta de la concentración económica, y de eso se habla poco o casi nada.

Hoy somos un país inviable, donde necesitamos pedir prestado solo para vivir, donde hay codicias que debemos limitar; vivimos un capitalismo de saqueo y no de competencia. Y los intereses que debemos tocar para volver a ser una sociedad integrada están demasiado fuertes.

Algunos creen que se acabaron las ideologías, pero la injusticia social que hoy conocemos es hija de una concepción que destruyó sin razón al Estado para dejar la sociedad al arbitrio de los negocios. En este camino sepamos que la miseria nunca dejará de crecer. Necesitamos pensar un rumbo que nos saque de la decadencia, y eso solo se hace con política y entre todas las fuerzas democráticas. Hay que salir de la dialéctica del enemigo para ingresar a la del adversario. Uno puede ser peronista o radical, liberal o estatista, pero cuando los "anti" se imponen a los que proponen, la sociedad se derrumba en el atraso.

Fuente: Infobae

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