"SOCIEDAD CIVIL Y TEORÍA POLÍTICA"

Reseña del libro de Jean Cohen y Adnrew Arato

Una contribución a la teoría democrática a partir de la incorporación de la categoría de sociedad civil como uno de sus pilares es lo que pretenden realizar Jean Cohen y Andrew Arato con su libro “Sociedad civil y teoría política”. Es por ello que su publicación y ahora su reciente traducción al español han sido bien recibidas dentro de los ámbitos intelectuales de la sociología y de la filosofía política.


Uno de los principales problemas, entre otros no menos importantes, que ha ocupado a la reflexión sociológica y también a la filosófica política, ha sido del resurgimiento de la tan celebrada pero al mismo tiempo polémica sociedad civil. Es uno de los temas más controvertidos debido a las diversas resignificaciones de las que ha sido objeto en los diferentes tiempos y por la dificultad que representa actualmente elaborar una definición o teoría convincentes dentro del marco del modelo de la democracia liberal.


Sin embargo, el papel que desempeñaron las luchas y los movimientos sociales y políticos organizados en las transiciones políticas que tuvieron lugar desde las violentas dictaduras comunistas y militares del siglo XX en varias regiones del mundo así como en los autoritarismos de América Latina, y que pugnaron por el cumplimiento efectivo de sus derechos civiles, políticos y sociales obligó a los estudiosos de la política, en especial a los de la sociología política, a voltear la mirada hacia ellos para considerarlos el punto de partida de los estudios contemporáneos sobre la sociedad civil, la cual ha sido dotada de nuevos elementos y funciones específicas que cumplir. El hecho de centrar la atención en los movimientos sociales la explican por la injerencia que tuvieron en el cambio de las estructuras y dinámicas políticas. Han observado un proceso de acercamiento entre la sociedad civil y el Estado que viene dado por un creciente ascenso de las iniciativas de participación de los ciudadanos, principales actores políticos generadores de cambios.


Las demandas de estas luchas y movimientos sociales fueron, básicamente, de corte democrático lo cual implicó modificaciones drásticas en el sistema político y significativas alteraciones en la sociedad civil y en las relaciones entre ambos.


La transición política, que lleva implícitos los procesos de liberalización y democratización, es entendida como el intervalo que se extiende entre un régimen político y otro. La transición puede ocurrir de dos formas: por la disolución del régimen por sí mismo el cual se desgasta de tal forma que llega a ser insostenible, va perdiendo gradualmente su capacidad organizativa y no tiene otra alternativa más que iniciar el cambio. Por otra parte, también puede ocurrir por el surgimiento de luchas o movimientos sociales que se presentan en oposición al régimen y exigen garantías a sus derechos básicos y de grupo así como la apertura de los espacios para la participación.


Lo ideal era que después de los periodos de transición, antes mencionados, se instaurara la democracia la cual permitiría la cristalización de las demandas de los diversos sectores o grupos que hasta el momento habían sido excluidos de los escenarios políticos oficiales. La instauración de la democracia exigía la modificación de las instituciones políticas las cuales deberían tener la capacidad de responder eficientemente a las demandas de los diversos grupos. Pero de qué democracia se está hablando, por supuesto que de un modelo de democracia que fuera compatible con la idea de los derechos básicos y permitiera su realización, a saber, la democracia liberal.


Para Cohen y Arato es sólo tras este escenario que ha sido posible hablar nuevamente del resurgimiento de la sociedad civil y es precisamente su definición lo que ha suscitado interminables debates en la teoría política y social. Frente a la caída del gran paradigma revolucionario del socialismo (marxismo) y de los totalitarismos algunos intelectuales han llegado a declarar el fin de la historia y el inevitable triunfo del liberalismo cubierto de un nuevo ropaje. La teoría política se enfrenta al grave problema de la falta de utopías y, por ende, de proyectos que puedan tener posibilidades efectivas para encaminar a la compleja realidad. El intento de reformular las utopías pasadas puede resultar, según los autores, un vano esfuerzo pues sus resultados son un saldo histórico.


Cohen y Arato cifran todas sus esperanzas en la sociedad civil como el nuevo paradigma que ha de venir a llenar el espacio vacío, como la que hará posible la realización de los derechos básicos, las instituciones democráticas, la solidaridad y justicia social.


El paradigma de la sociedad civil, cargado de fuertes dosis utópicas, sólo puede ser formulado con base en los movimientos sociales generadores de la acción colectiva pues sólo a través de ésta se logra incidir en la realidad. La acción colectiva de los sujetos es la única fuerza capaz de orientar al presente en miras de un futuro próspero, de esta forma para los autores cada movimiento social lleva implícita la idea de sociedad civil. Sin embargo, consideran que a pesar de que prácticamente en toda Europa ya se ha instaurado la democracia liberal la sociedad civil sigue siendo considerada una categoría insuficiente cuando no carente de valor, por ser una categoría desarrollada a principios de la filosofía moderna, para explicar las disfunciones de nuestras complejas sociedades. Su lugar dentro de la teoría de la democracia liberal no está lo suficientemente claro.


Frente a esto, Cohen y Arato argumentan que es necesario revelar el peligro que corre la sociedad civil con respecto a los procesos administrativos y económicos los cuales amenazan con aplastarla y reivindicarla como el espacio más propicio para la radicalización de las democracias liberales existentes. Naturalmente, están pensando en un espacio público independiente del Estado y la economía donde se produzcan y reproduzcan los discursos, y que funcione como su principal crítico, regulador y observador. A pesar de la marcada autonomía de la sociedad civil en la que Cohen y Arato hacen énfasis, cabe destacar que no están proponiendo en un antagonismo de la sociedad civil con respecto a la economía y al Estado sino que sirva de contrapeso a estos dos sistemas a través de las sociedades económica y política.


Cohen y Arato especifican que la sociedad civil no es todo lo que se encuentra fuera del Estado o la economía “la sociedad civil se refiere a las estructuras de la socialización, asociación y formas de comunicación organizadas del mundo de la vida, en la medida en que han sido institucionalizadas o se encuentran en proceso de serlo”. Su papel político no es la conquista del poder político administrativo ni del mercado en general sino lo influencia que pueda ejercer sobre estos a través de su capacidad de organización democrática y de discusión pública. La sociedad civil es dotada de poder para transformar a las instituciones y a las leyes y alcanzar un estado de equilibrio en la sociedad, de esta forma podría ser institucionalizada. De hecho la participación de la sociedad civil en la construcción o modificación de las leyes es lo que les otorga su legitimidad.


La pretendida contribución de Cohen y Arato ya no viene dada por las aproximaciones centradas en el estudio de las instituciones políticas o en la insistencia del predominio de la filosofía política normativa. Ambas aproximaciones tienen su lugar dentro del desarrollo del libro pero lo importante es que los autores argumentan que es posible incorporar el análisis socio estructural de la sociedad a la filosofía política normativa de tal forma que las teorías normativas no se alejen del movimiento de la realidad social y de sus sujetos sociales. Intentan superar las antinomias presentes entre la teoría política y la teoría social.


En lo que respecta a la sociedad civil proponen una reconstrucción sistemática de sus presupuestos estructurales para poder elevarla a categoría normativa de tal forma que sea útil para la autocomprensión de los movimientos sociales, que permita aprehenderlos y, por lo tanto, regularlos. Su proyecto no deja de ser ambicioso: “demostrar la relevancia del concepto de sociedad civil para la teoría política moderna y desarrollar por lo menos la estructura teórica de la sociedad civil adecuada a las condiciones contemporáneas”.


Finalmente, acusan a las teorías democráticas liberales hasta el momento desarrolladas de no conceder la importancia que merece la sociedad civil, no se ha tomado en serio la tarea de desarrollar una teoría de la sociedad civil lo bastante compleja que sea capaz de operar en las también complejas sociedades contemporáneas. Tras las huellas de lo que históricamente ha significado la categoría sociedad civil en la filosofía política moderna Cohen y Arato pretenden demostrar la relevancia que dicho concepto tiene para la teoría política moderna.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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