"MI VIDA"....GOLDA MEIR

"El hecho de ser abuela, me da la certeza de que la paz llegará algún día al Medio Oriente: sé que también hay abuelas en Egipto, Jordania y Siria, que quieren que sus nietos vivan"
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En el día de hoy voy a proseguir con las biografías de quienes son consideradas como las más grandes mujeres de la historia de la humanidad, ya sea por su labor en el campo de la ciencia, la filosofía, la política, las artes o en bien del prójimo. Pero no voy a hacerlo relatando los hechos que a la elegida de hoy le tocó vivir, sino que he querido que esta sea una biografía contada desde la misma perspectiva del personaje.

Y nada mejor para ello que hacer un pequeño resumen del libro “Mi Vida”, autobiografía de Golda Meir, una de las mujeres más influyentes de la historia reciente de Israel y del mundo entero.

Esta es la historia de una mujer singular, a quien Ben Gurión consideró el mejor hombre de su gabinete. Es este el relato, por demás interesante, de Golda Meir quien, según sus propias palabras, jamás tomó la pluma para escribir diarios y cartas, y que jamás, durante su existencia pensó escribir la historia de su vida. Su propósito al hacerlo, confiesa la autora, no surgió de un motivo egoísta. Por el contrario, las palabras surgieron y se fueron encadenando para dar lugar a un testimonio sobre el surgimiento de Israel y del sionismo. Además sus palabras habrían de testificar los lugares vistos y, sobre todo, los eventos increíbles en los cuales Golda, “la mujer de oro”, participó.

Golda inicia su autobiografía a partir de una infancia difícil en Rusia, su lugar de nacimiento. Nos asombra en verdad que los primeros recuerdos que plasma Golda en el papel estén mezclados con un tinte de amargura y tristeza. Los pogroms (ataques a la población judía de villas y ciudades) formaban parte de la vida diaria de los judíos ante los cuales se debía estar alerta. Cualquier día podrían sucederse.

Golda recuerda también el haber sido diferente de los demás niños del patio donde jugaba. Ella era diferente, era judía, lo sabía y esa era la razón de los ataques. Golda aprendió a corta edad que si se desea sobrevivir en un mundo hostil se debe luchar y actuar personalmente, enseñanza que la acompañó durante su larga existencia de constantes batallas.

Otro de los recuerdos que Golda rescata de su pasado, de sus primeros años de vida, es la pobreza a la cual se refiere de esta manera: "También recuerdo claramente lo pobre que éramos. Nunca había suficiente comida, ni ropa caliente, ni calefacción en casa”.

Golda nos habla de sus padres, quienes unieron sus vidas de un modo no tradicional para los judiós de esa época, ya que era habitual el hacer por medio de una intermediaria o “casamentera”, sino por amor. Ya empezaban a soplar nuevos aires. En cuanto al hogar donde Golda nació y creció, hay que destacar que fungía como centro de las reuniones familiares y sociales, a pesar de que se trataba de un hogar modesto pero donde los valores del espíritu reinaban. Este fue el marco ideal para el crecimiento de la que se convertiría en una luchadora constante y tenaz.

Sin embargo en casa de los Mabobich, los padres de Golda, la tragedia se presentó en varias ocasiones. Cinco son las ocasiones en que mueren las criaturas procreadas por la joven pareja, quizá por la extrema pobreza o, peór aún, por simple ignorancia de normas básicas de higiene. Golda se refiere a este pasaje del modo siguiente: "Mi madre lloró a sus hijos con el corazón roto, pero como la mayoría de las mujeres de esta generación, aceptó la voluntad de Dios".

De su abuelo, el padre de su padre, Golda recuerda una historia por demás trágica que, de seguro, impresionó a la autora. El abuelo, hijo de una familia ortodoxa, fue secuestrado a los trece años por la milicia rusa sirviendo en el ejército por trece años. Durante su cautiverio el abuelo se sostuvo únicamente de yerbas y de pan, temeroso de infringir las leyes de su religión. Cuando regresó a su hogar, amedrentado de haber probado alimentos prohibidos, como penitencia, decidió dormir en una banca de la sinagoga, por demás helada, empleando como almohada una piedra. No sorprende entonces a Golda que su abuelo haya terminado sus días prematuramente.

Dentro de la historia familiar de la futura Primer Ministro del Estado de Israel, aparece la imagen de otra Golda, la abuela materna, poseedora de un sensible sentido común. Ella fue la intercesora del matrimonio de los padres de Golda cuando el abuelo paterno se oponía a tal unión. Este aducía que el joven era sólo un carpintero, poca cosa para su hija. La abuela afirmó entonces: "¡Que importa si el joven es sólo un trabajador manual; lo importante es que es un hombre de bien! Si lo es, algún día podrá llegar a ser un comerciante". Golda relata algo más sobre su abuela. Ella solía beber el té con terrones de sal, mas no de azúcar pues deseaba llevarse consigo a la tumba el amargo sabor de la diáspora.

Otro de los capítulos de relevancia en la vida de Golda Meir tiene lugar en los Estados Unidos de Norteamérica, la "goldene medine" (la tierra adorada) adonde viajaron judíos y no judíos para iniciar una mejor vida. Esta fue solamente una escala más en la vida de Golda, antes de su llegada a la por entonces Palestina. Corría el año de 1906 cuando Golda y su familia viajaron rumbo a Milwakee, donde iniciaron una vida de libertad y de belleza. Así escribió la joven Golda: "Todo me parecía tan vivo y fresco, como si apenas hubiera sido creado, pasaba las horas observando pasar el tráfico y la gente". En Milwakee Golda inicia sus estudios y se hace de amigas. Cincuenta años después, Golda recuerda el día en que fue recibida en la escuela, como a una reina a la que se honra con cantos y múltiples atenciones. Además, se le hizo entrega de la copia de sus calificaciones lo que la llenó de honda emoción.

Durante su adolescencia Golda mostró una fuerte inclinación política, la cual habría de desembocar en una futura brillante carrera en dicho campo. Ya Sheina, su hermana mayor, se había enlistado en el movimiento socialista Poalei Sion, el cual bregaba por el retorno de los judíos expatriados a Israel, la tierra ancestral. Mientras tanto Golda se convirtió en maestra, a pesar de la oposición de sus padres, quienes planeaban para su hija un futuro diferente, ser una secretaria más y después el matrimonio.

Golda, una joven fuerte y determinada, se valió entonces de un subterfugio para lograr sus propósitos. Viajó a Denver, a casa de su hermana Sheina, donde continuó sus estudios en secreto. En Denver Golda conoció a su futuro marido, Morris Meyerson, un joven culto, gentil e inteligente, poseedor de un gran sentido del humor.

En cuanto a la filiación sionista de Golda, ésta no fue inmediata ya que ella, como mujer de principios que era, deseaba ser una sionista no de palabras, sino de hechos, es decir, su sionismo vendría a concretarse con el retorno a la “Tierra Prometida”.

Mientras llegaba ese momento Golda inició su brillante carrera política. En las afueras del templo, cuenta Golda, dirigió su primer discurso, el cual, según su propia apreciación, fue uno de los mejores de su vida.

Golda defendió en múltiples ocasiones las causas justas por medio de su voz y de sus esfuerzos, como cuando se desató una ola de antisemitismo en Ukrania y Polonia. Fue entonces que Golda organizó una manifestación de protesta por las calles. Este hecho logró fomentar el respeto y la simpatía del resto de la población a favor de la causa judía.

Golda, una defensora constante de las causas justas, fue además maestra en Milwakee. Enseñó literatura e historia judía, Idish y Hebreo, idiomas para ella necesarios como vínculo de los judíos dispersos.

Pronto habrían de partir los esposos Meyerson rumbo a su destino definitivo, al futuro Estado de Israel, donde iniciaron una nueva vida. La pareja arribó a Tel-Aviv y de ahí partió al Kibutz Merjavia en el valle de Izreel. No fue fácil el inicio de su vida en dicho lugar ya que, además de los problemas normales de adaptación, se les consideraba como americanos "echados a perder". Sin embargo lo que parecía un defecto se convirtió en virtud; Golda pronto vendría a reformar ciertos hábitos y costumbres en la rudimentaria cocina del kibutz. Ella instituyó un nuevo plan de alimentación, además buscó embellecer la atmósfera. Después de un tiempo los Meyerson abandonaron el kibutz por la falta de adaptación de Morris a quien le faltaba la cultura a la que estaba acostumbrado y que le resultaba de vital importancia.

Los Meyerson se establecieron en Jerusalem. Golda entró a trabajar en el Histadrut, organismo que unificaba a los trabajadores, el cual estaba encargado del desarrollo de la industria, el transporte, la construcción y las finanzas. En el año de 1928, Golda fue nombrada Secretaria del Mostzet ha-poalot, Consejo Laborista de Mujeres, donde se abocó a la legislación de los derechos de las mujeres trabajadoras.

Ya en Tel-Aviv como Secretaria del organismo mencionado, Golda, madre de dos pequeños y prácticamente separada de su esposo, ya que éste había regresado a los Estados Unidos, se ve dividida entre sus labores domésticas y su trabajo fuera de casa. Dicha situación le causó gran pesar y numerosos remordimientos, al no poder dedicar más tiempo al cuidado de sus pequeños. Golda está consciente de que existe cierto tipo de mujeres que no pueden permanecer en casa, ya que su temperamento les demanda algo más "y para este tipo de mujer, afirmaba, no existe reposo".

Golda ha iniciado ya su carrera política, y nada podrá detenerla. Su carta ya estaba echada. En el año de 1934 fue electa Jefe del Departamento de la Histadrut, puesto que coadyuvó a su futura elección como Primer Ministro. Más tarde habría de estar a cargo de la Presidencia de la Agencia Judía.

En el año de 1948 Golda visitó los Estados Unidos de Norteamérica, con el fin de recaudar fondos entre la judería americana a favor de la lucha de Independencia del naciente Estado de Israel.

Antes de que se desatara la lucha judeo-árabe, Golda vestida a la usanza de las mujeres árabes, acudió a entrevistarse con el rey Abdulla, bisabuelo del actual rey Abdalá II de Jordania, a quien le rogó, aunque sin éxito, que no interviniera en el ataque contra Israel.

En mayo de 1948 Golda fue nombrada Embajadora del Estado de Israel en Moscú. Este fue el retorno de Golda a su país de origen, donde se percató con tristeza de la terrible situación de sus hermanos judíos. La represión y el antisemitismo fueron sólo un antecedente de la futura ola stalinista en contra del sector judío, la cual desembocó en el asesinato de médicos y escritores judíos. Golda recuerda de su estancia en Rusia, el día del Año Nuevo Judío, cuando más de 50,000 judíos rusos se congregan alrededor de la sinagoga para recibirla, a pesar de los peligros que ésto significaba. En 1949, estando aún en Rusia, Golda fue nombrada Ministro de Trabajo de su país, cargo que desempeñó con eficacia y tenacidad, como siempre. Muestra de ello, es la construcción de 30.000 viviendas.

Al ser electa Ministro de Relaciones Exteriores, se vio en la necesidad de enfrentarse con serios problemas, como es el ataque constante de los fedayines. Golda, sin dejarse abatir por las circunstancias y con la firmeza que la caracterizaba, se quejó de la molesta situación ante los miembros de la O.N.U. Por otra parte, recuerda gratas personalidades que tuvo el honor de conocer durante sus funciones como Ministro del Exterior: Kennedy, Lyndon B. Johnson y a De Gaulle, este último -admite Golda con tristeza- dio las espaldas a su pueblo durante la Guerra de los Seis Días.

Un capítulo aparte se refiere a las relaciones de Golda y de Israel con el continente africano, con el cual se identificaba plenamente por su lucha común: el ser reconocidos como naciones con derecho a existir.

Uno de los recuerdos más jocosos que Golda relata en "Mi Vida", consiste en una recepción en Liberia, donde fue objeto de una ceremonia de iniciación. Además en la Costa de Marfil, una pareja de nativos dio a su hija el nombre de Golda, la por entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Israel.

En el año de 1969 Golda fue electa Primer Ministro de su país, un honor para una mujer y para una abuela de setenta años de edad. Y como Primer Ministro, se mostró siempre dispuesta a dialogar con sus vecinos árabes, sobre todo tuvo que enfrentarse a Nasser, Presidente de Egipto, para quien, cuenta Golda, no había sonidos más sagrados que el llamado de la guerra, evidencia de ello es la famosa “Guerra de los Seis Días”, ocurrida 2 años antes de su ascenso al pináculo más alto de la política isaelí.

La polémica sobre la actuación de su gobierno durante la Guerra del Yom Kippur” (octubre de 1973), que se saldó con la victoria israelí, pero a costa de ingentes pérdidas para su ejército y la ruptura de los esfuerzos de Golda por acordar la paz con los países árabes, precipitaron su dimisión, siete meses después. Aun retirada, su figura mantuvo una notable importancia política en Israel. Murió de leucemia en 1978, enfermedad que se le había diagnosticado en 1966.

Golda finaliza su libro con un deseo de paz para todas las naciones del mundo incluyendo a su país, al cual vislumbra con mirada de visionaria, como una nación donde prevalecen la justicia y la igualdad.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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