¿Y SI REFLOTAMOS LOS VIAJES INTERESTELARES DE MENEM?

El nombramiento de la Directora de Movilidad en Bicicleta: fuera de toda oportunidad y tiempo
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La Dirección General de Tráfico ha puesto especial énfasis en las políticas que faciliten y fomenten la movilidad y la sostenibilidad en las ciudades, y en esta idea, la bicicleta, medio de transporte alternativo, ecológico y saludable, que cada día es más usado en las urbes, juega un papel central. Debido a esta vuelta al pedal, Tráfico ha desarrollado un Reglamento de Circulación que, tras la aprobación de la Ley de Seguridad Vial, supone un importante esfuerzo para regular y apoyar a estos vehículos de dos ruedas.

La nueva normativa supone toda una revolución para la bicicleta, que en los reglamentos venía siendo considerada como un vehículo destinado para hacer deporte, para el ocio y, de manera marginal, como un medio de transporte.

Como medida de seguridad fija que los ciclistas, "y en su caso los ocupantes", están obligados a utilizar cascos de protección homologados cuando circulen por vías interurbanas, salvo en rampas ascendentes prolongadas o en condiciones extremas de calor. Los menores de 16 años están obligados a utilizar el casco de protección siempre, "sin excepción alguna". También se recoge el uso del timbre -que es obligatorio ya en varias ciudades- "para advertir de su presencia a otros usuarios de la vía".

Los ciclistas en calzadas con un límite de velocidad superior a 50 km/h circularán por el carril de su derecha, si fuera transitable y suficiente, y si no lo fuera o no existiese carril, lo harían por la derecha y lo más cerca posible del borde de la calzada.

El reglamento fija una velocidad máxima permitida para las bicis de 45 km/h, pero en todo caso deberán llevar "la que permita mantener el control de la bicicleta, evitando caer de la misma y pudiendo detenerla en cualquier momento". En los descensos prolongados con curvas, cuando razones de seguridad lo permitan, los ciclistas podrán abandonar el carril y circular por la parte derecha de la calzada que necesiten.

Una importante novedad es que los mayores de edad que conduzcan bicicletas podrán circular por las autovías -algo hasta ahora prohibido-, salvo que por razones justificadas de seguridad vial se prohíba mediante la señalización y siempre se informará de un itinerario alternativo.

En zona urbana, cuando la calle disponga de al menos dos carriles de circulación por sentido, los ciclistas circularán por la calzada y por el carril derecho, favoreciendo el tránsito del resto de vehículos que circulen a mayor velocidad. Podrán circular por los otros carriles cuando vayan a cambiar de dirección, o cuando lo precisen. En las vías que dispongan de un carril de circulación por sentido, los ciclistas irán "preferentemente por el centro del carril" en la medida en que su seguridad y la de los otros usuarios lo permitan, favoreciendo el paso a otros vehículos.

Exclusivamente en vías urbanas, podrán adelantar y rebasar a otros vehículos por la derecha o por la izquierda, según sea más conveniente para su seguridad. En intersecciones reguladas por semáforo y retenciones de tráfico en vía urbana, podrán rebasar a los vehículos que se encuentren detenidos, para adelantarse a primera línea.

Los ciclistas podrán circular en paralelo, en columna de a dos, lo más próximo posible al extremo derecho de la vía y colocándose en hilera en tramos sin visibilidad. Podrán circular en grupo sin necesidad de mantener entre ellos la distancia de seguridad fijada para el resto de vehículos.

En las vías urbanas donde esté limitada la velocidad a 30 km/h o inferior, los municipios deberán permitir la circulación de las bicicletas en contrasentido. En este caso, los ciclistas tienen que circular lo más próximo posible al borde derecho de la calzada en el sentido de su marcha.

Por su parte, los menores de 14 años podrán circular en bici por las aceras y zonas peatonales, respetando siempre la prioridad de los peatones y a una velocidad que no comprometa la seguridad de éstos. Un mayor de edad podrá circular por la acera acompañando a uno o varios menores, en las mismas condiciones”.

Hasta acá la normativa vigente para la circulación en bicicletas. ¿En Argentina?, no estimado lector, se ilusionó y se equivocó si pensó que nuestro país está capacitado, no para sancionar un reglamento de esta naturaleza, sino para que el mismo sea respetado. Esta es una legislación acorde a una sociedad desarrollada, a un país del llamado “primer mundo”, y, como tal, es el que actualmente se utiliza en España.

Pero sería fascinante, ahora que el Gobierno Nacional, que parece no estar preocupado en demasía por el gasto público, ha cubierto el cargo de “Directora Nacional de Movilidad en Bicicleta”, área creada en noviembre del año pasado y que se encuentra bajo la órbita del Ministerio de Transporte de la Nación.

Y es que, más allá de los 70 mil pesos que mensualmente cobrará la flamante funcionaria y de los demás gastos que deberán erogarse para su funcionamiento, con el dinero que engrosa esa gran línea roja que significa el enorme déficit fiscal que, sin prisa y sin pausa, sigue erosionando la endeble economía nacional, estamos en presencia de un verdadero mamaracho.

Esta última calificación es personal, pero estoy convencido que será compartida por un importante grueso de la población del país, que no puede entender cómo se utilizan los altísimos impuestos que la mayoría de los argentinos pagamos, en semejante dislate administrativo.

Si releemos la normativa citada, podemos comprender, fácilmente, que estamos a años luz de algo parecido para estas latitudes.

Con sólo tener en cuenta que los accidentes de tránsito son la principal causa de muerte que engrosan frondosas y tétricas estadísticas en Argentina, lo primero que viene al pensamiento es preguntarnos por qué se gastan dineros públicos y se hacen ingentes esfuerzos para controlar un tema de segundo, tercer o cuarto nivel, cuando ni siquiera somos capaces de controlar como es debido el tema principal? Obviamente, me estoy refiriendo al empeño que las autoridades deberían poner en lo que se refiere al calamitoso tránsito vehicular por calles y rutas de todo el territorio nacional. Por qué se gasta lo que no se tienen, cuando aún no somos capaces de emprender, de manera seria y eficiente, una educación vial para conductores y peatones.

Nadie critica el uso de un medio ecológico de transporte como la bicicleta. Pero hay que tener los pies sobre la tierra y saber que si no encausamos la problemática vial en su costado más doloroso y acuciante, es decir, en lo que hace a la alta tasa de mortalidad por accidentes producidos por todo tipo de vehículos con motores a explosión, como así también la falta de educación del peatón y su decidido desapego al cumplimiento de las reglamentaciones ya existentes, que en nuestra anómica sociedad da como resultado porcentajes intolerables de siniestros viales, entonces, considero que lo de la bicicleta, la creación de un organismo estatal de control, el gasto económico y logístico que ello supone, se vuelven una iniciativa que no está en directa relación con las verdaderas necesidades que la actualidad nacional requiere de manera urgente e impostergable.

Estoy convencido que las intenciones de la actuales autoridades nacionales son de los más encomiables, y están puestas en la mira de modernizar el país para ponerlo a la altura de las sociedades más avanzadas del planeta. Aplaudo que ello sea así, pero todo tiene su oportunidad y su tiempo. No creo que este sea aún la oportunidad y el tiempo de la bicicleta en Argentina, cuando hay tantos problemas irresueltos que nos agobian a diario.

Finalmente, estaría muy bueno aprender de las “geniales ideas” que en un pasado no muy lejano se nos presentaron como los grandes proyectos de vanguardia de gobiernos tristemente recordados por su falta de escrúpulos, su corrupción y su ineptitud. ¿O acaso ya nos hemos olvidado de Menem y sus “viajes interestelares” para llegar desde Argentina a Japón en una hora?

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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