Marcó del Pont: "Cambiemos heredó una situación privilegiada como ningún otro gobierno democrático"

POLÍTICA 09/07/2017 Por
La ex titular de la autoridad monetaria entre 2010 y 2013 dijo en una entrevista con Infobae que fue "irresponsable" la decisión del Gobierno de endeudarnos a 100 años
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Desde que fue desplazada de la presidencia del Banco Central, luego de cuatro años de mandato -entre 2010 y 2013- durante el Gobierno de Cristina Elizabet Kirchner, la economista Mercedes Marcó del Pont mantuvo un estrecho vínculo con el kirchnerismo, ahora bajo el sello de Unidad Ciudadana, a través de tareas académicas y desarrollos tecnológicos en ciencias duras, en la Universidad Nacional de San Martín. Además, dio charlas y participó en seminarios, y regresó como presidente de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), creada en 1978 para confrontar con el neoliberalismo, y que ahora vuelve a disputar protagonismo junto a un consejo asesor que integran los ex ministros Jorge Taiana y Carlos Tomada, el abogado laboralista y asesor de la CGT Héctor Recalde, y el ex presidente de la Unión Industrial Argentina Juan Carlos Lazcurain.

Si bien no integra la lista de economistas que aspiran a obtener una banca en la Cámara baja, en un año en que "la economía ocupará un rol destacado en el debate, -porque ya lo dijo el ex presidente Bill Clinton: 'es la economía estúpido'-", Marcó del Pont forma parte del coro de economistas "nacionales y populares" que fustigan públicamente la política económica del gobierno. En una entrevista exclusiva con Infobae, criticó la decisión de tomar deuda a 100 años, y se reservó en hacer una autocrítica a la última etapa del ciclo kirchnerista, aunque reconoció que "algunas cosas no se hicieron porque no se pudo, o porque no se quisieron encarar".


Sin embargo, Mercedes Marcó del Pont se muestra convencida de que para dar el salto al desarrollo y el cambio hacia una estructura productiva más equilibrada, en la que no predomine en la venta al resto del mundo los productos primarios, con bajo valor agregado, en contraste con la relevancia de la compra de bienes de inversión y altamente industrializados; junto a una mejor distribución de la riqueza entre el trabajo y la producción, es necesario el nexo con los gobiernos populares, como que el que considera representa el Cristinismo.

– ¿Qué nexo hay entre el desarrollismo que impulsa FIDE y un gobierno populista?

– Creo que hay una mala definición de lo que son gobiernos populares, de los que son gobiernos populistas. El desarrollismo, es cierto que tanto mi tío, como en general, siempre en el análisis se hacía la crítica al populismo cuando se planteaba un esquema que era insostenible en el tiempo. Y si bien después, de la mano de Ernesto Laclau, se hizo un análisis muy profundo, sociológico, de lo que significa el populismo, que en realidad lo llamo gobiernos populares. El desarrollismo siempre, siempre, se planteaba su alianza con el peronismo, porque tuvo y tiene una definición muy clara de la búsqueda de la acumulación productiva, del rol del mercado interno, de la industrialización, del manejo estratégico de ciertos recursos naturales; y, tardíamente quizás, de la necesidad e importancia del autoabastecimiento petrolero. Por eso hay muchos rasgos comunes con un gobierno populista, para eso necesitaba una asociación con las clases populares y trabajadora. Por eso algunos hablan de neodesarrollismo, y tal vez lo que nos faltó, sobre todo porque nos tocó vivir una muy buena etapa de precios internacionales de las materias primas, es avanzar más en la planificación del desarrollo. Pero reivindico, y sigo participando absolutamente, lo que fue la etapa del kirchnerismo, más allá de todas las cosas que no se pudieron o no se quisieron encarar.

– ¿Realmente usted cree que se puede avanzar hacia lo que son los pilares del desarrollismo que mencionó, con una economía encorcetada, cerrada al mercado externo, con cepo cambiario?

– El cepo cambiario es, lamentablemente, una definición que se utilizó politicamente, y tal vez sociológicamente también, para hacer una crítica a una política que es la regulación de la cuenta de capitales con el resto del mundo. Pero estoy convencida, no sólo porque miro la historia, sino también el presente, que es imposible encarar un proceso de desarrollo en un contexto de liberación del movimiento de capitales. No sólo lo digo del lado de mi gestión en la función pública, sino más aún de lo que plantea la evidencia empírica; la literatura económica y hasta un reciente trabajo de los expertos del Fondo Monetario Internacional, que avanza más, porque sabe muy bien lo que está generando en términos de volatilidad.
– Pero en el mundo no se ven muchos casos con cepo cambiario, y fuerte traba al movimiento de capitales…

– Es que en el mundo no existe una libertad cambiaria como en la Argentina de hoy. A mí me pasaba mucho, al regreso de cada viaje al exterior, porque participaba a menudo de asambleas y reuniones internacionales de banqueros centrales, ver qué se está discutiendo en el país, porque en otras partes no se da esa situación que se habilite a la población a que ahorre en una moneda que no es la propia; ¡no existe!.

– No existe porque en la mayoría de los países hay arraigada una cultura de estabilidad monetaria, no porque existan prohibiciones a la compra de divisas…

– Bueno, existe. Se podría decir que es una combinación a dos. Si una persona quiere abrir una cuenta bancaria en dólares en Brasil, no lo puede hacer. Si se quiere hacer una operación inmobiliaria en lugar de en reales, en dólares, tampoco se la puede llevar a cabo. En ese sentido, creo que la convertibilidad fue un factor muy limitante culturalmente, cuando durante 10 años se le dijo a la población que un peso es igual a un dólar.

– Entonces, ¿volvería a poner el cepo cambiario?

– Si usted me pregunta si volvería a poner el control al movimiento de capitales con el resto del mundo, creo que basta con mostrar lo que está pasando con la situación de la Argentina actualmente, que no tiene una moneda dura, que está subordinada. Lo que tiene que garantizar el Gobierno es que los dólares que se generen genuinamente se destinen a la acumulación del sector productivo, al desarrollo. Si me pregunta si durante el gobierno del kirchnerismo había insuficiencia de dólares, sí, estaba claro, como que también que tenía que acudir al ahorro externo, pero no para garantizar la fuga de capitales, que es lo que ha llevado desde los 70 a esta etapa del capitalismo que nosotros llamamos "financiarización", donde lo que hegemoniza el funcionamiento de la economía no es lo productivo, sino lo financiero.


– Para desalentar la fuga de capitales, aunque muchos sostienen que ahora no es tal, porque se está en presencia de libertad de cambios, sin intervención del Banco Central, ¿no es mejor atacar las causas que la originan, como el abultado déficit fiscal que exige financiamiento con emisión y/o deuda pública, y provoca alta inflación?

– El déficit fiscal no está planteado como un problema, si apareciera como tal lo regularía. En las discusiones que tenía con otros banqueros centrales lo más parecido que vi a un régimen libre, fue en India, donde me decían que parte de la población ahorraba en oro, y eso le estaba generando un problema en la cuenta capital de la balanza de pagos con el resto del mundo, y por tanto decidieron regular la compra-venta del metal precioso. Es decir, cuando aparece un problema que es desestabilizador, lógicamente, la autoridad monetaria no se puede quedar sin intervenir. Claramente que es un tema muy complejo que no hay que encarar con una decisión económica, sino con un conjunto de medidas que lo aborden integralmente, incluido lo jurídico. Si se permite la compra de un inmueble con una moneda que no es la nacional se genera un precedente que hay que mirar. Además, como problema al ahorro, en un contexto que hay que procurar la estabilidad de precios, para que existan alternativas de inversión en pesos que protejan el ahorro en la moneda nacional.


– ¿Cómo ve la política actual del Banco Central de fijar una tasa de interés de referencia más alta que la tasa meta de inflación?

– Lo que está haciendo el Banco Central no es promover una monetización, o pesificación de la economía, sino que está conduciendo rápidamente a una creciente dolarización. Creo que es muy importante entender que el diagnóstico que hacía el actual Gobierno acerca de que los problemas centrales de la economía argentina estaban vinculados a la regulación de la cuenta capital, demostraron ser absolutamente falaces, porque lo cierto es que se desmontaron, se liberaron a ultranza; no debe haber país en el mundo tan liberal, con muy pocas excepciones, en lo referente a los flujos de salida de capitales; y sin embargo lo que está ocurriendo es que la dolarización por parte de los residentes argentinos, en términos brutos, es muy superior a todos los antecedentes históricos, incluso mucho mayor que a la peor corrida que tuvimos entre 2009 y 2011.


– Pero si uno lo ve desde la óptica del Banco Central hoy y cuando usted estuvo al frente de la entidad, observa que el nuevo Gobierno asumió el 10 de diciembre de 2015 con una posición de USD 24.900 millones, sin deducir las ventas a futuro, concentradas entre marzo y junio, que hizo Alejandro Vanoli por un monto similar a un precio de remate; y hoy suman unos USD 48.000 millones, luego de haber cancelado el saldo de deuda con los holdouts; mientras que usted ingresó el 23 de enero de 2010 con USD 48.300 millones y se fue el 11 de noviembre de 2013 dejando USD 32.400 millones, por los efectos del cepo cambiario y el cambio del contexto internacional.

– A la hora de analizar las reservas hay un componente muy importante, nosotros dejamos menos reservas porque bajamos la deuda externa. Por tanto la contracara de la reducción de los activos en dólares del Banco Central fue que la Argentina tuvo una reducción importante de la deuda pública. Por eso en términos de grados de libertad, de soberanía para hacer política monetaria, habíamos avanzado notablemente. Mientras que en los primeros 19 meses del nuevo Gobierno, por el contrario, los grados de libertad, de soberanía, de su autonomía, de la economía en su conjunto, pero sobretodo del Estado, en particular del Banco Central, se deterioró al extremo, porque cuando se mira la composición de las reservas internacionales de hoy se advierte que no están integradas por dólares excedentes del comercio exterior, sino de la colocación de deuda externa. Y ese endeudamiento ha sido sin otra contrapartida que la fuga de capitales.


– ¿No le quitaba soberanía monetaria y grados de libertad para crecer persistir con el default y el cierre de la economía?

– No, porque el gobierno, desde la reestructuración de la deuda con Néstor Kirchner, hasta la ampliación del canje con los bonistas y la cancelación con el Club de París, hubo una vocación clarísima de normalizar definitivamente el problema de la deuda no tomada por Néstor y Cristina Kirchner. Ahí nos enfrentamos con una situación muy particular que fue el accionar de los fondos buitres. Creo que había condiciones de negociar mucho más favorable de las que acordó el nuevo Gobierno, se le concedió todo y aún más de lo que pedían, porque fueron al pie en las peores condiciones. Por tanto, si hubo un gobierno que avanzó realmente en la resolución del problema de la deuda, fue el del kirchnerismo. Quedó un residuo que había que negociarlo y estaban las condiciones para hacerlo con mayores facilidades para el interés argentino. Por tanto, ver que el Gobierno está ignorando algo muy estudiado en la teoría económica y también en toda la evidencia empírica que se dio en llamar "la trinidad imposible": no se puede, en un contexto de apertura de la cuenta capital, pensar que se puede manejar la tasa de interés y también el tipo de cambio. Y si hubo allí un fenómeno que se reinstaura en la economía argentina muy claramente en el último año y medio fue la sumisión absoluta del Estado al capital financiero.

– ¿Con un régimen de flotación cambiaria con casi nula intervención de la autoridad monetaria, se puede hablar de fuga de capitales?

– No hay flotación, han abandonado la flotación administrada, pero en un contexto como el que se está dando, y así como cuando ingresaban capitales se apreciaba el tipo de cambio, se decía "yo no me meto, porque esto debe tener volatilidad", es de una ignorancia supina acerca de cómo se comportan los precios en una economía como la Argentina tan dolarizada. Es realmente una situación de mala praxis impresionante, no aprenden de lo que fue su fallido diagnóstico de que cuando devaluaron salvajemente, en diciembre de 2015, eso no se iba a trasladar a los precios; y después la inflexibilidad a la baja de los precios, cuando retrocede el dólar; lo que pueden significar las fluctuaciones alcistas de la última semana, en términos de las expectativas inflacionarios. Por eso, estamos en las peores situaciones de tomar deuda para financiar la fuga de capitales; el Banco Central hace un diagnóstico del problema de la inflación que no se condice con las fuentes del pasado y también en esta coyuntura las tensiones de alzas de precios, que son la cuestión cambiaria y ellos le han incorporado la suba de las tarifas. Por tanto, están generando tensiones inflacionarias. Y digo más, la política monetaria está siendo estéril, tanto en el esfuerzo para colocar más Lebac, como para mantener las tasas de interés. Se le muere de risa la inflación. Y sin embargo está generando una bola de pasivos del Banco Central que son un factor de riesgo muy fuerte para la economía argentina.

– Usted dice que la inflación se le muere de risa al Banco Central, pero las últimas expectativas de 54 respondentes a la autoridad monetaria dieron cuenta de que la tasa de inflación está en 21% anual, y creen que se desacelerá a fin de año a menos de 18%; cuando en el promedio del gobierno de Cristina Elizabet Kirchner fue del orden del 25%, con un último tramo con cepo cambiario y congelamiento de las tarifas de los servicios públicos…

– Hay que mirar la economía en su integralidad. Cuando digo que hay una sumisión al capital financiero, veo que no hay cepo, pero la Argentina se endeudó en dólares en un año y medio en casi 14% del PBI, eso es una locura, no hay antecedente de un crecimiento de la deuda en esa magnitud, esto es lo que hace realmente que nos estén condicionando el futuro, y no con esa irresponsabilidad del bono a 100 años, sino ya en lo inmediato, porque se está viendo cada vez más como este Gobierno acentuó todas las fuentes de restricciones externas en una economía subdesarrollada como es la Argentina. Uno puede decir que durante el kirchnerismo no se pudo remover estructuralmente la cuestión del intercambio desigual, porque exportamos muchas materias primas e importamos más bienes industriales. Pero el otro fenómeno que hace a la restricción externa histórica, claramente ha sido el peso de la deuda. Y ese es un problema que el anterior Gobierno prácticamente lo eliminó, con lo que el sucesor heredó una situación privilegiada, como nunca antes recibió un gobierno democrático. Pero en un año y medio se dilapidó todo eso. Y no se están endeudando porque hacen obras, sino porque es producto de "la eliminación exitosa del cepo cambiario", como les gusta decir, porque están endeudando al total del país para que haya 750 mil argentinos que todos los meses puedan comprar dólares. La contracara de ese fenómeno es que se están duplicando los pagos de los intereses de la deuda pública. Por un lado se le dice a la población que no hay recursos para la salud, la educación, se desactivan planes asistenciales, pensiones por discapacidad, todo lo que está ocurriendo en materia de desactivar programas sociales muy importantes, más en un contexto de pauperización como está ocurriento, y por el otro lado se sigue privilegiando la dolarización. Esto no es nuevo, parece mentira que no se estén dando cuenta.


-¿No cree que gran parte de ese aumento de la deuda pública es el efecto de la necesidad de financiamiento del déficit fiscal heredado, que tanto entre los economistas independientes, como incluso del amplio espacio del peronismo, estiman en torno al 8% del PBI, cuando se lo hacía con emisión?

– El Gobierno da información oficial y números que después no tienen nada que ver con lo que dice en los discursos. Los datos públicos muestran que recibió un desequilibrio primario en torno a 3% del PBI, aproximadamente, absolutamente sostenible. Pero lo han incrementado, como lo hacen siempre las políticas neoliberales, porque lo que están minando es el crecimiento económico. Siempre ha sido igual, porque al achicarse la capacidad de generar riqueza la capacidad genuina de recaudar impuestos. Por eso se cubre con deuda, en particular en dólares, con lo que las cuentas públicas están produciendo un riesgo cambiario enorme. Y por el otro lado, están reasignando recursos desde los sectores del trabajo de los ingresos fijos hacia los sectores más concentrados del sistema financiero. Le doy dos datos: 1) Lo que se paga de remuneración de las Lebac, representan en el año 2,3% del PBI, eso es más que la sumatoria de los subsidios a la energía eléctrica y parte de los programas de educación. Por eso me pregunto, ¿por qué se mira tanto el déficit fiscal y no el cuasifiscal?, que son ingresos financieros que se les están otorgando a una minoría de los agentes económicos a costa de lo que se le está quitando a la mayoría. Y 2) Es que no sólo aumentó enormemente la deuda en su dimensión y en su relación al PBI, sino que cambió su composición, con mayor participación de la moneda extranjera que la nacional, porque constituye un problema que no tiene Brasil; y el otro es que se tomó deuda con el mercado en contra de la deuda intrasector público, lo que genera otro riesgo de refinanciación muy fuerte.


– ¿Cree que el Banco Central debe financiar más al sector público?

– Es un mecanismo que usan todos los países del mundo, y lo tienen a través de diversos instrumentos: comprándole títulos; obviamente la transferencia de utilidad, y otras formas. Pero en la Argentina se dejó una situación privilegiada, como nunca antes recibió un gobierno democrático. Pero el Banco Central se autolimitó respecto a las transferencias al Tesoro. El año pasado se fijó hasta $160.000 millones, más no, y dejó afuera más de $40.000 millones que le podría haber transferido; para este año, de acuerdo con algunas proyecciones que hice le podría girar entre asistencia al Tesoro y utilidades, poco más de $200 mil millones, pero decidió bajarlo a $150 mil millones, unos $60 mil millones menos de sus posibilidades, a tasa cero. Pero se acaba de endeudar en junio, con un bono por $75.000 millones a la tasa de los pases de más de 25% anual, ¿si es no es bicicleta financiera, que me digan que es? Esto es preocupante porque la insistencia de que es mejor tomar deuda con el mercado, y en dólares, también es ignorar que la monetización de esa deuda tiene el mismo impacto monetario que tiene la transferencia de una asistencia a Tesoro o las utilidades.

– ¿No tiene efecto inflacionario?

– Insisto, hasta los monetaristas ya no discuten que la cantidad de dinero genera inflación. Acá le atrasa el reloj enormemente a los neoliberales, por algo todos los regímenes de metas de inflación la clave es la tasa de interés, y en la Argentina es más que elocuente que no existe esa relación causal entre dinero e inflación, como intentan forzar los monetaristas. El problema de la inflación y de las aceleraciones siempre ha estado vinculado a shock de oferta, como puede ser una devaluación, un aumento de los precios internacionales de las materias primas, o por cuestiones internas, como las pujas distributivas. Y ahora, donde la inercia y las expectativas tienen mucho que ver en la formación de precios, también eso está funcionando. Por tanto la idea de que es la cantidad de dinero lo que determina la inflación, lo que están diciendo no es el dinero que cae de un helicóptero, sino que lo que genera la inflación es la demanda, es el dinero que va a la Asignación Universal por Hijo, a la obra pública. Y si hay algo que se puede decir en este momento es que no hay inflación de demanda porque está para atrás. Por tanto, la tosudez de sostener altas tasas de interés y en la esterilización de dinero que hace permanentemente el Banco Central cuando emite Lebac, no se condice con las cuestiones de inflación que tiene más que ver con la oferta. Por tanto, la desaceleración de la inflación a partir de abril tuvo que ver con que frenaron los aumentos de tarifas y las expectativas devaluatorias, pero eso cambió ya. Por tanto, una inflación prevista del 21% hasta junio, era posible, pero ahora, con las nueva tensiones, desestima la realidad. Creo que la burbuja financiera que ha generado el Banco Central con un nivel de Lebac altísimo y con elevadas tasas de interés genera una enorme presión sobre el mercado de cambios, que está ocurriendo.
– ¿La suba del dólar en la última semana lo considera un fenómeno transitorio?

– No, lo ha generado el propio Gobierno. La única variable que puede mantener la gobernabilidad de esta situación es que el Gobierno sigue accediendo al crédito internacional. Pero eso tiene también sus límites.

– ¿Con ese escenario, qué estimaciones hace de las principales variables para el cierre del año, en términos de PBI, inflación y tipo de cambio de pesos por dólar?

– Lo que hay que destacar, y no puedo terminar esta nota de otra manera, es que en un contexto de financiarización, donde lo que vuelve a hegemonizar es el negocio financiero sobre lo productivo, el mercado interno, el trabajo y el salario son las variables de ajuste, irremediablemente. Lo indica la experiencia histórica de la Argentina, y también la evidencia internacional, porque el Gobierno se ha desatendido absolutamente del mercado interno, que era lo único que tenía que haber cuidado para garantizar crecimiento, no advierto que exista posibilidad de acelerar el crecimiento. Ya está demostrado que la inversión externa no aparece, que el Gobierno ha hecho un pésimo diagnóstico acerca de la situación internacional porque los reflujos de inversión externa directa ya se habían dado desde hace dos o tres años; la inversión privada está desalentada por la híper ganancia financiera; y después aparece un deterioro en las condiciones sociales muy acelerada que achican el mercado interno. Sobre esa base mi pronóstico es que el PBI crecerá menos de 2%; en términos de tipo de cambio no me gusta hacer futurología en ese punto, pero una tendencia que se esperaba para octubre ya se instaló con el fenómeno perverso que instaló la política económica, como es la creciente dolarización; y la vergonzosa colocación de un bono a 100 años muestra la debilidad del Gobierno para hacerse de dólares. Veo muy de cerca lo que pasa con las reservas, y no crecen. En abril y mayo la cuenta corriente, pero también la de capital fueron muy negativas, y en junio, con la última colocación de deuda quedó equilibrada. Pero es un dato muy preocupante que aumente enormemente el desequilibrio de la balanza de pagos con la apertura comercial, con el dólar barato y el turismo, más los intereses de la deuda externa, eso es lo que está reflejando el mercado de cambios.

Fuente: Infobae

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