Florencio Randazzo, el regreso de un peronismo democrático

POLÍTICA 09/07/2017 Por
Domingo Mercante y Antonio Cafiero fueron algunos de esos peronistas que respetan la alternancia, elemento sustancial de la democracia liberal. El ex ministro del Interior espera ganarle a Massa en las PASO y a Cristina en la general
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Impacta la precisión en la comunicación de Florencio Randazzo. Hasta que dio la conferencia de prensa con su lista y los intendentes y diputados que lo acompañan (pocos, por cierto), durante un año y medio se mantuvo callado. Después empezó a sacarse fotos con líderes peronistas de todo el país, también con el presidente del bloque del FPV en el Senado, Miguel Pichetto, mientras seguía mudo. Solo cometió un error: fue a visitar al padre Pepe Di Paola a la parroquia Virgen de Caacupé y publicó esa foto en las redes sociales, lo que obligó al sacerdote a aclarar que no formaba parte de la campaña del candidato. Antes había ido a visitar al papa Francisco sin caer en esa tentación.

Esa conferencia de prensa del 29 de junio fue en sí misma el verdadero mensaje, porque su principal contrincante, Cristina Elisabet Kirchner, no está en condiciones de tolerar preguntas durante más de una hora, como él hizo. Mucho menos de responderlas. A los pocos días, fue a pescar al río que más le interesa, los estudios de C5N, que dispuso a los tres periodistas más alineados con la ex presidente para el reportaje, Víctor Hugo Morales, Roberto Navarro y Gustavo Sylvestre.

En casi 50 minutos de entrevista, Randazzo reveló detalles de los años K que no habían trascendido ("no quise ser candidato testimonial de Néstor (Kirchner) en el 2009, pero igual ganamos en mi distrito, Chivilcoy", "cuando Cristina me llamó para ofrecerme ser ministro del Interior le adelanté que no estaba de acuerdo con su re-re", "cuando Cristina me llamó tres días antes del cierre de listas le conté que había pensado en Carlos Zannini como mi candidato a vice en las PASO pero que me parecía todavía mejor que fuera Claudia (Abdala de) Zamora"). Además, explicó por qué no aceptó el ofrecimiento de ser candidato a gobernador bonaerense cuando ella se lo ofreció, "yo no estaba de acuerdo con la gestión de Scioli" y "me parecía inmoral ser candidato con alguien que yo no valoraba".

Pero algunos comentarios en torno a la política fueron definitivamente disruptivos para los oídos kirchneristas. "Es inentendible que Cristina haya dejado el peronismo por no dejarme competir", "qué mejor para elegir los candidatos de la oposición que a través del voto de la gente, ¿cuál es la duda sobre eso?", "ningún proyecto político está por encima de las personas", "no creo que la idea de la obediencia contribuya al liderazgo político", "los líderes tienen que generar su propio recambio", "queríamos que en lugar de que se eligieran candidatos con el dedo, la elección la tenga la gente", "los procesos se agotan hasta por razones biológicas". Nunca un dirigente peronista se animó a cuestionar tanto en público a Cristina. En privado, obvio, las cosas que se dicen no pueden escribirse en un medio.

La estocada vino cuando aseguró que "Macri es fruto de nuestros errores". "Es fruto de una mafia mediática", le retrucó Morales. "Es una simplificación, Víctor Hugo, no subestime a la gente por favor". Y definió en una sola frase la verdadera grieta entre peronistas y kirchneristas: "si tenemos un concepto central es que el veredicto de la gente es inapelable".

Randazzo es otra prueba de que hay sectores profundamente democráticos en el peronismo, con voluntad de ponerle freno a la vocación hegemónica del líder. Así fue desde los inicios. El coronel Domingo Mercante, cofundador del peronismo original junto a Juan Domingo Perón, el hombre que acercó a los sindicalistas socialistas, gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1946 y 1952, invisibilizado por el aparato apoldiano de comunicación, no solo tuvo una gran gestión sino que defendió a rajatabla los espacios democráticos en su distrito a costa de ser considerado un enemigo del régimen.
Mercante protegió a Cipriano Reyes todo lo que pudo (fue apresado por la policía peronista en 1948 y estuvo preso hasta que el golpe de la Revolución Libertadora), permitió que se imprimiera en forma clandestina el diario socialista La Vanguardia (que había sido cerrado escandalosamente por Raúl Apold), continuó poniéndole publicidad a La Prensa hasta que una ley del Congreso la expropió (lo hacía desde el Banco Provincia, dirigido por Arturo Jauretche), entre decenas de desafíos al autoritarismo de Perón. Tanto, que su sucesor, Carlos Aloé, mandó a sacar todas las placas de escuelas, salas de auxilio, hospitales, obras de infraestructura de todo tipo que había inaugurado. Contó que lo hacía por expreso pedido de Perón.

Antonio Cafiero también desafió a Perón cuando estaba en el gobierno. Siendo ministro de Comercio Exterior intentó de todos los modos posibles convencerlo de que no se pelee con la Iglesia y, como no lo logró, renunció. Era el ministro más joven y no podía entender por qué un hombre inteligente, frente a las nuevas demandas, se encerraba más en lugar de abrirse. Por eso nadie se asombró cuando Cafiero lideró en los 80 la renovación peronista, defendiendo la democracia por encima de todo cuando fue puesta en jaque por los carapintadas, y sacando al llamado por entonces "peronismo ortodoxo" del oscurantismo.

Nos enteramos ahora que Randazzo se opuso a varios intentos hegemónicos de Néstor y Cristina en el gobierno. No es extraño. El ex ministro del Interior es hijo de ese proceso de renovación peronista, creció políticamente en ese espacio. Para él, como en general para los peronistas que hoy tienen entre 40 y 60 años, la alternancia es una condición de la vida en democracia y no conciben la vocación de eternizarse propia de regímenes autoritarios.

Aunque no lo parezca, la mayoría del peronismo piensa como Randazzo, pero como se dejó domesticar por Cristina, no se anima a expresarlo. Son hombres y mujeres grandes, pero le siguen teniendo miedo. Como lo único que les importa es su propia supervivencia, o la supervivencia de un modelo que a través de las décadas solo hundió y hundió a la Argentina, temen estar equivocados. Se preguntan si no será cierto que, como dice ella, perdieron por haber combatido a las corporaciones y no porque no lograron ninguno de los objetivos que decían buscar, terminar con la pobreza y el desempleo, con la mala educación y la mala salud, reducir el precio de los alimentos, lograr incrementar la producción industrial, por nombrar alguno de sus centenares de fracasos.
No es extraño que gente sin formación política previa, como el mismo caso de Víctor Hugo Morales o Amado Boudou, o provenientes de la izquierda se entretengan haciendo política para una secta que, a falta de respuesta a las necesidades más elementales, ven una conspiración mediática. Lo raro es escuchar -cada vez menos, es verdad- a muchos peronistas con ese discurso cuasi-troskysta en el que no creen.

El problema que tiene el peronismo, hoy, es que personas que no son peronistas creen que como Perón volvió, Cristina puede volver. Pero nada vuelve y Randazzo, finalmente, no ve otra alternativa que disputar ese liderazgo, aunque le digan que lo bancan María Eugenia Vidal y Mauricio Macri. El 2019, para él, ya será tarde, está obligado a iniciar su camino, ahora, donde estuvo siempre, en el Partido Justicialista.

Cree que le puede sacar votos a todos, a Sergio Massa, a Esteban Bullrich, a Cristina, en ese orden. Lo dicen sus encuestas, donde analizó que el líder del Frente Renovador tiene el electorado menos fidelizado (apenas el 50%). Contra todos los pronósticos, piensa que puede ganarle a 1País en las PASO y a Cristina en las elecciones generales.

No tiene problemas de plata ni de segundos de publicidad, porque recibirá lo que le corresponde al PJ bonaerense por su desempeño en la elección del 2015, donde casi gana. No puede decir lo mismo la candidata de Unidad Ciudadana, que recibirá 87.3% menos que su contrincante en presupuesto y publicidad según desempeño. ("¿De dónde sacará la plata para Cristina para hacer campaña?", preguntan sus asesores).

Tiene otra gran diferencia con el kirchnerismo. Es un hombre del hacer, una característica que lo hace más parecido a Macri. Pide menos emoción (menos relato) y más racionalidad en la política. Dice que "todo lo que toqué lo transformé". Juzga "irreversible" el proceso de irrelevancia que va adquiriendo Cristina en el peronismo. "Todos los gobernadores lo llaman para que haga el trabajo sucio contra ella y la saque del mapa, aunque nadie da la cara y pretendan que sea el mártir", dicen cerca suyo. Aseguran que es consciente de que puede quedar en el camino. Mientras tanto, no puede evitar actuar como un peronista con vocación de liderazgo: buscar un futuro.

Fuente: Infobae

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