Cómo "desactivar" la adicción natural a las grasas para evitar la obesidad

SALUD 08/07/2017
Un grupo de especialistas halló dos mecanismos contra la obesidad cuyos primeros resultados son prometedores. Por qué para la ciencia podrían ser claves para combatir la pandemia global

Hace unas semanas se presentó un amplio estudio sobre la obesidad elaborado por el Instituto para la Medición y la Evaluación de la Salud (IHME), de Estados Unidos, que abarcó a 195 países. Los números fueron lapidarios: 107,7 millones de niños y 603,7 adultos son obesos en todo el mundo, una cifra que aumentó más del doble en 73 países, durante el período comprendido entre 1980 y 2015. Aquella investigación marcó también que en el caso puntual de Argentina el 23,1% de los adultos y el 6,3% de los niños son obesos.

Las frías estadísticas explican por qué la obesidad y el sobrepeso son temas que preocupan en demasía a los especialistas. Médicos e investigadores analizan constantemente diferentes variables en la salud con un solo objetivo: lograr que cada vez más personas decidan cuidarse, eviten los "placeres prohibidos" y mantener una dieta sana, rica y que ayude a mantener la vitalidad en todas las funciones del organismo.

Dos estudios analizaron la causa de la predilección por los alimentos con alto contenido de grasa (iStock)
Dos estudios analizaron la causa de la predilección por los alimentos con alto contenido de grasa (iStock)

El estatus social, la personalidad y las acciones que los seres humanos llevan a cabo son determinantes a la hora de definir la calidad alimentaria de cada uno. En general, las preferencias dominantes son las menos indicadas. Los alimentos saturados de grasa, sal o azúcar son las opciones habitualmente más elegidas.

Son muchos los trabajos científicos que buscan variables óptimas para revertir la situación. Con distintas conclusiones, los últimos que se presentaron dieron resultados prometedores que podrían permitir desarrollar mejores fármacos contra la gordura. Ambos se enfocaron justamente en el deseo por los consumos con altos niveles de grasa.

En el primero, una investigación publicada en la revista Cell Metabolism, descubrieron -tras una prueba en roedores- que las células de la microglía, que sirven al sistema inmune del cerebro, se inflaman con el consumo de una dieta alta en grasas, un proceso que está relacionado con el aumento del apetito y, por consecuente, con el sobrepeso y la obesidad.

Científicos revelaron que la comida chatarra inflama el cerebro y aumenta el apetito (Shutterstock)
Científicos revelaron que la comida chatarra inflama el cerebro y aumenta el apetito (Shutterstock)

El experimento en ratones a los que les activaron genéticamente las células de la microglía demostró que a pesar de seguir una dieta alta en grasas, los animales modificados consumieron un 15% menos y perdieron el 40% de peso. Contrariamente, cuando se los sometió a una inflamación de la microglía, aumentaron hasta cuatro veces su peso.

Los expertos creen que a partir de esta revelación se genera un contexto favorable para encontrar un fármaco que regule el mecanismo, ya que desde el punto de vista terapéutico es más simple intervenir en este tipo de células. Las mutaciones de hábitos que encontraron pueden "extrapolarse" a los humanos a partir de nuevas indicaciones.

Suneil Koliwad, especialista de la Universidad de California en San Francisco y uno de los autores del estudio, explicó: "Las microglías no son neuronas, pero suponen hasta un 10-15% de todas las células que se encuentran en el cerebro. Y estas microglías representan una vía hasta ahora oculta y completamente novedosa para actuar sobre el cerebro para mitigar la obesidad y sus consecuencias para la salud".

Se encontró una vinculación entre el olfato y el deseo por comer (iStock)
Se encontró una vinculación entre el olfato y el deseo por comer (iStock)

Otro trabajo publicado en la misma revista también muestra conclusiones reveladoras. Científicos de la Universidad de California en Berkeley hallaron una inédita relación entre el olfato y los cambios metabólicos. Aunque aún no saben específicamente el por qué, los investigadores creen que el olor de la comida incide en cómo el cuerpo quema las calorías.

La influencia del sentido del olfato en la acumulación de grasas se advirtió en otro experimento con roedores. Los resultados marcaron que los ratones sin olfato engordan menos que los que lo tienen, aunque comen exactamente la misma cantidad de comida cargada de grasas. Mientras que un aumento de la capacidad olfatoria de los animales también se coincide con el incremento de peso.

Andrew Dillin, coautor del estudio comentó que los sistemas sensoriales juegan un papel crucial en el metabolismo. "Ganar peso no es solo una cuestión de cuántas calorías se ingieren, sino de cómo se perciben esas calorías. Si podemos demostrar esta hipótesis en humanos, quizá podamos desarrollar un fármaco que interrumpa ese circuito metabólico sin afectar al sentido del olfato", sostuvo.

Fuente: Infobae

Ana Cohen

Redacción

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