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EDITORIAL 18/06/2017 Por
El odio destilado contra el kirchnerismo por los medios de difusión masiva durante una década contribuyó a reinstaurar al neoliberalismo en el poder ¿podrá serle todavía útil para afianzar su propuesta?
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ISAIAS  Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Curiosa situación: hay acuerdo casi unánime en la sociedad en que estamos mal. Y también hay acuerdo en que vamos mal. Claro que aquí las aguas se dividen en cuanto al motivo: por un lado se atribuyen las desventuras a una política de ajuste que, siendo ineficaz para reducir el déficit fiscal y la inflación, llevó a una fuerte recesión económica, con su secuela de pérdida de empleo y miseria.

Por el otro van haciéndose cada vez más visibles los economistas que sostienen que no se produjo ningún ajuste, más allá de una adecuación -por más desproporcionada que haya sido- de las tarifas de los servicios públicos. Piden un ajuste mucho más profundo y nada gradual: más tarifazos, menos programas sociales, quita total de retenciones y baja de impuestos a las empresas, despido de empleados públicos, contracción del salario. Ellos son fundamentalmente técnicos: no les preocupan los padecimientos que implican sus propuestas.

De todos modos les viene bien despegarse de probables catástrofes: Melconián no pudo ser más explícito.

Claro está que -llámese ajuste o no- las medidas tomadas hasta ahora en el campo económico tensaron ya demasiado la cuerda del equilibrio social, acercándose a un grado peligroso de conflictividad. Por eso Cambiemos necesita imperiosamente ganar las próximas elecciones, y que sea un triunfo contundente. Sin duda que nada le ayuda la continuidad de infortunados traspiés que cometen sus funcionarios: antes de que comience a acallarse el clamor producido por la abrupta y salvajemente ejecutada cancelación de las prestaciones por discapacidad, una jerárquica ministerial enfrenta a trabadores de maestranza con insultos no solo agraviantes en extremo sino también mostrando sin ambajes el odio racial y de clase de quien los profiere.

Todo esto conduce al gobierno a una difícil encrucijada. Nada parece indicar que lo llevado a cabo hasta ahora vaya a aumentar el caudal electoral de Cambiemos. Las previsiones sobre el resultado de los comicios pueden variar en un amplio rango, pero no es aventurado pronosticar que es muy improbable que el oficialismo tenga una gran cosecha de votos en octubre. Esto quiere decir que si Macri y sus funcionarios se deciden por profundizar el ajuste, tendrán que enfrentar un fuerte -y posiblemente insuperable- oleaje en contra. La opción opuesta es impensable: no hay plan B dijo claramente el

presidente. No puede ser de otro modo, ya que es clara la alineación de él y todo su equipo con el dogma neoliberal. Pero también -y tal vez mucho más determinante- es la tendencia de todos los factores de poder que sostienen al gobierno.

El arma principal a la que recurren los estrategas oficialistas y quienes los soportan es nuevamente azuzar el odio contra Cristina. Todavía eficaz, al estar por el tan insólito como extremo episodio de agresión a su abogado. Pero de dudoso efecto determinante en una sociedad que vine palpando de qué modo son y se vienen sucediendo realmente las cosas.

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