El caso del ‘Comandante Marcos Peña’

POLÍTICA 13/06/2017 Por
El Gobierno de Mauricio Macri todavía tiene cierto favor de Clarín & La Nación (aunque también de otros medios).
pena

Antes de la columna aludida, un rápido chequeo de información en Wikipedia es suficiente para dejar en claro quién era el Subcomandante Marcos –y no Comandante-: “Subcomandante Galeano ―antes Subcomandante Insurgente Marcos― es el nombre de guerra que utiliza Rafael Sebastián Guillén Vicente1 2 3 principal ideólogo, portavoz, mando militar y uno de los líderes del grupo armado indigenista mexicano denominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional o EZLN. El EZLN hizo su aparición pública el 1 de enero de 1994 al lanzar una ofensiva militar que intentó tomar siete cabeceras municipales del estado sureño mexicano de Chiapas, demandando «democracia, libertad, tierra, pan y justicia» para los indígenas”.

El periodista Fernando González, en el diario Clarín, plantea la comparación entre el Subcomandante Marcos y el jefe de Gabinete argentino Marcos Peña. Claro que se trata de una ironía, aunque es muy confusa y peligrosa si es para asimilar a un jefe de Gabinete con un guerrillero que se hizo mundialmente famoso por su rostro cubierto. Pero lo central es el desenfadado propósito de enaltecer la figura del funcionario. Aquí la columna en cuestión:

Durante los seis meses previos a cualquier elección se fortalece la figura de Marcos Peña.

A algunos les gusta y a otros no.

Pero hace tiempo que el jefe de Gabinete se ha convertido en una de las cuatro grandes referencias del poder junto al Presidente, a María Eugenia Vidal y a Horacio Rodríguez Larreta.

La mesa más chica en la que ningún otro se sienta. Los ministros, sin excepciones, están un peldaño (o dos) por debajo de ese nivel. Y son varios los que responden las consultas del mismo modo en estos días.

“ Ese tema me excede; lo tenés que hablar con el Comandante Marcos …”

Peña ya no es Marquitos, como muchos lo llamaban en los tiempos románticos de la campaña presidencial. Ahora es el todopoderoso Comandante Marcos, una adaptación irónica y duranbarbista de aquel subcomandante mexicano que tuvo sus años de gloria mediática a mediados de los ’90 y reivindicó la revolución indigenista en la provincia de Chiapas.

Sin aquel pasamontañas del Ejército Zapatista de Liberación. Con una barba prolija y algunas canas del marketing de los 40 años, Peña toma las decisiones de mayor impacto para el destino de Mauricio Macri.

Pero el Comandante Marcos no sólo se ha expandido sobre el territorio intrigante de las estructuras del Gobierno. Sus extensos informes en el Congreso y sus cruces explosivos con el kirchnerismo lo consagraron como un aceptable gladiador mediático, especie que no abunda en el macrismo.

Urgente24

“Vamos a trabajar mucho para que usted nunca más maneje la economía”, le disparó Peña a Axel Kicillof, después de que el ex ministro de Cristina le criticara el nuevo corte de pelo y lo acusara de “neoliberal”.

Sucedió en la misma tarde en que el jefe de Gabinete anticipó, sin dar datos, que las coimas de Odebrecht fueron cobradas por ex funcionarios kirchneristas.

Ese kilometraje áspero ante la opinión pública fascinó a Macri. Tanto, que Peña terminó siendo el contrapeso en aquellas horas de la reaparición política de la ex presidenta durante su disertación en C5N.

Él fue quien le respondió a Cristina y a Sergio Massa, en lo que constituyó el verdadero lanzamiento de la campaña electoral para octubre.

El Presidente ya ha sido suficientemente claro sobre la importancia que le da a Marcos Peña en su equipo.

“Son mis ojos”, aclaró, cuando arreciaban los reproches contra el jefe de Gabinete y sus dos ministros coordinadores, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

Pero aquellas tormentas parecen haber amainado y los críticos más feroces se han llamado a silencio.

Hasta el jefe de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, les puso fin a sus cuestionamientos y almorzó con el Comandante para acordar una convivencia pacífica mientras observa el arranque de la campaña electoral desde una distancia prudente.

Es Peña quien maneja todos los resortes de esa maquinaria que le ha dado al macrismo seis victorias sobre ocho elecciones disputadas.

Jaime Durán Barba es el asesor estadístico y la disciplina de los candidatos y los dirigentes hace el resto. No hay chance para los díscolos.

Antes de ser el Comandante, Peña pudo ser candidato a vicepresidente de Macri pero la estrecha victoria de Rodríguez Larreta frente a Martín Lousteau en 2015 terminó encumbrando a Gabriela Michetti en la fórmula.

Por entonces, nadie confiaba demasiado en el aporte electoral del joven maravilla. Pero sus acciones volvieron a subir cuando fue quien le aconsejó al Presidente, contra viento y marea, insistir con la solitaria candidatura a gobernadora de Vidal cuando muchos pedían un acuerdo con Massa para ganarle a Aníbal Fernández.

La victoria de María Eugenia coronó a Peña con un aura que todavía nadie le ha podido quitar.

Si el oráculo de las elecciones vuelve a favorecer a Macri, está claro que al Comandante Marcos se le abrirán las puertas del futuro para seguir creciendo. Y quién sabe lo que hay más allá del horizonte de octubre.

Como también es cierto que el primer ministro de Cambiemos debe encontrar en el equipo de gobierno una dinámica de eficacia, de lealtades pero también de respeto que no convierta sus victorias parciales en otra de las trampas estalinistas de poder que consumieron los buenos momentos de casi todos los gobiernos de la democracia restaurada, desde Raúl Alfonsín y Carlos Menem hasta Néstor y Cristina.

Hace tres años, el Subcomandante Marcos de Chiapas reapareció en público para decir que su personaje había muerto y dar lugar a otra etapa de la revolución zapatista.

Habían pasado dos décadas de celebridad. Todo tiene un final, dice la canción.

En cambio, el Comandante Marcos Peña todavía tiene el sendero de su destino político por delante.

Será interesante comprobar cómo administra las apuestas del futuro para evitar el laberinto en el que se perdieron tantos de sus antecesores. Tantas estrellas fugaces en el país de las frustraciones.

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