Lo que faltaba: Marcos también editó un relato económico en 8 tips

POLÍTICA 11/06/2017
Circula ya en todos los despachos que tienen relación con Cambiemos, sean de funcionarios, legisladores o asesores, un dossier titulado “8 puntos clave sobre la marcha de la economía”

A juzgar por la cantidad de legisladores y sus respectivos equipos de asesores de Cambiemos, funcionarios con rango político de ministerios, reparticiones, entes, empresas públicas y nombrados por el macrismo dentro del elefantiásico aparato del sector público que explica el desmesurado gasto público, la edición del relato económico oficial contenido en la Carta de Jefatura de Gabinete que empezó a distribuirse hoy, viernes 09/06, entre todo el escuadrón oficialista de campaña va camino a pelear el podio de los bestsellers con las editoriales que participaron en la Feria del Libro.

La diferencia es que para acceder a un ejemplar en el circuito literario comercial hay que pagarlo, mientras que los destinatarios de los “8 puntos clave sobre la marcha de la economía”, junio 2017, del editor ad hoc Marcos Peña, cobran suculentas remuneraciones para abordar el mamotreto.

De todos modos, como la Jefatura de Gabinete no confía que la obra sea digerida en detalle por los que tienen que transmitir el mensaje al electorado, les hizo condensar la idea a los “navegantes” (la gran mayoría) en los puntos que figuran en el sumario:

“Ordenamos la economía… y ahora estamos viendo que...

1. La inflación más baja desde 2009;
2. Presupuesto más transparente y ordenado;
3. Tipo de cambio flotante, por primera vez;
4. Deuda sustentable para financiar gradualismo;
5. Terminó la recesión;
6. Ya tenemos más empleos que en 2015;
7. Avanza el plan de infraestructura más ambicioso, y
8. Después de mucho tiempo, crecen los créditos hipotecarios”.

Eso sí, en la introducción se dejó constancia de la confiabilidad en los asertos que ahí figuran, porque han sido “fundamentados y sostenidos en estadísticas públicas, confiables y transparentes, para que no quede ninguna duda de que estamos basándonos en información cuya veracidad es inobjetable”.

Para los menos que se aventuran a abrevar de la cultura “solapera” (o sea que se nutren yendo al grano de los resúmenes) les expone como “moño” del extenso relato la edulcorada autocrítica “de que a muchísimos argentinos todavía no les llegó la mejora en su poder adquisitivo, que falta trabajo en muchos sectores y en muchos lugares del país y que todavía hay muchas obras pendientes”.

Pero en seguida se acredita lo que “el Gobierno viene diciendo desde hace tiempo: este año vamos a volver a crecer y lo vamos a hacer de una manera sustentable”.

La impasse preelectoral le debe haber liberado tiempo al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, quien dio descanso al lápiz rojo que prometió y nunca llegó a empuñar siquiera desde que reemplazó a Alfonso Prat-Gay, para dar rienda suelta a lo que más le gusta: bajar línea.

En campaña, lo hacía desde la Fundación Pensar y en la primera etapa del gobierno de Mauricio Macri continuó su misión evangelizadora como coequiper del periodista Carlos Pagni en el programa televisivo Odisea.

Otro con vocación de comunicador, aunque maneje una cartera de Estado operativa como la de Producción, es Francisco “Pancho” Cabrera, quien destacó equipos a construir un reporte mensual del “cómo vamos” que circula por los despachos oficiales.

Entre todos, a falta de los resultados concretos esperables en tiempo y forma para los que se suponía expertos en economía, armaron un rompecabezas con titulares optimistas y desarrollos acordes para “dar letra y levantarle el ánimo a la tropa”.

Concluye el reporte en una expresión de deseos: que “el Gobierno tiene un profundo optimismo respecto a la capacidad de la Argentina para salir del estancamiento, de la pobreza y la desigualdad. Esa confianza es centralmente en los argentinos. Estamos trabajando con una amplia mayoría de la sociedad para ir encontrando ese camino gradual pero posible, de desarrollo y crecimiento, que nos permita reparar los problemas acumulados y pueda darles a todos los argentinos un futuro para ellos mismos y sus familias”.

Afirma el trabajo que la Administración afrontó una pesada herencia de los antecesores y que a partir de ahí sentó bases “para lograr un crecimiento sostenido y de largo plazo, sin atajos ni la incubación de crisis periódicas”.

Pone como ejemplo que se trazó un plan para

> bajar la inflación, que es la manera más perversa de financiar el déficit;

> reducir el déficit fiscal y transparentar el presupuesto;

> implementar un tipo de cambio flotante (prácticamente inédito en la historia del país); y

> permitirles al Estado, las empresas y las familias argentinas volver a los mercados de crédito.

¿Qué habrán pensado empresarios exitosos en lo suyo, como los subjefes de Gabinete, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, cuando leyeron el borrador de 18 meses de gestión compilados? ¿Imaginaron llevar un informe como ese, del que surge que “del dicho al hecho hubo no mucho trecho sino un abismo”, a una junta de accionistas y pretender convencerlos de que banquen a los que generaron las pérdidas porque ya vendrán ganancias futuras?

Modesto rebote

Aunque haya sido gracias al signo + de 3 “0,” consecutivos, sentencia el informe el fin de la recesión y que ya están creciendo 12 de los 15 sectores más importantes, sin hacer mención al agradecimiento que le dispensa la industria automotriz brasileña, de las textiles chinas y las del país vecino por haber podido vender en nuestro país lo que no pudieron colocar las fábricas locales, que debieron sacrificar empleos.

Pero el reporte asegura que fueron recuperados (y que se siguen creando nuevos) sin hacer hincapié en la pérdida de calidad que encubren las estadísticas, ya que los que quedaron sin trabajo o tuvieron que reducirlo pertenecían al sector privado y contaban con una capacitación y especialización, que los puestos dados de alta en el Estado y en las empresas contratistas de las obras públicas empezadas del plan de infraestructura (y que están empezando a terminarse, según el manual de campaña) no sólo tira abajo el promedio salarial y por ende la capacidad de consumo, sino que tendrá consecuencias previsionales por la precariedad laboral que introduce.

Aduce que, por primera vez en casi 2 décadas, vuelve a haber crédito hipotecario para las familias, aunque nada dice acerca de que es indexado y que para el costo de vida de cada hogar, más que los índices, pesa aquella vieja advertencia del general Juan Domingo Perón a los sindicalistas de que “los salarios suben por la escalera y los precios por el ascensor”.

Un nuevo eufemismo reemplaza a las remanidas frases de los ajustes a los que nos acostumbramos en Argentina, como que se ve la luz al final del túnel, estamos mal pero vamos bien, y otras por el estilo: “Después de una primera mitad de 2016 necesaria pero difícil, en la que continuó la recesión y muchos argentinos perdieron sus empleos, ahora podemos ver que aquellos esfuerzos y estas nuevas bases están dando resultado”.

Los redactores del documento presentan como un logro de gestión que la inflación haya descendido del 36,6% en 2016 a una tasa interanual proyectada del índice de abril de este año del 27,5%, y que es la más baja desde 2009. Promete que el mes que viene (julio) va a estar alrededor del 21%, aunque este dato no figure en ninguna de las estadísticas confiables en las que afirma apoyarse el informe. Si es por proyecciones, los brotes verdes que anunciaba el gobierno a mediados del año pasado hace rato tendrían que haber florecido, y el consumo sigue cayendo comparado con lo que sea.

Elogia el sistema de metas de inflación que lleva adelante el Banco Central, que le sirve para fijar la tasa de interés por encima del 26% y que los inversores continúen pedaleando plácidamente sus fondos semana a semana en la bicicleta de financiar al Estado mediante las Lebacs. Como el tamaño del Estado asegura maquinita para todos (y todas), alcanza para que muchos compren igual dólares y los saquen fuera del circuito. El promedio diario de fuga de divisas supera en este tramo del gobierno de Macri al de CFK, con sus cepos e intromisiones en la economía doméstica y marcha a contramano de la onda del blanqueo de capitales impulsada en 2016 y de la convocatoria a inversiones que se ha enarbolado como bandera de gestión.

Los Ceos del equipo de Macri deberían saber mucho de este corte de decisiones, mucho más cuando se saca más de lo que se pone en un contexto promercado que tendría que ser apoyado en forma más activa por los capitalistas locales. Al final parece que se resignaran a darle la razón al que fuera ministro de Economía en el último tramo del gobierno radical de Raúl Alfonsín, Juan Carlos Pugliese, cuando casi ante el precipicio de la hiperinflación de 1989 les dijo a los empresarios: “hablo al corazón y contestan con el bolsillo”.

Invoca el ordenamiento del presupuesto y ratifica el objetivo para este año es reducir el déficit primario al 4,2% y después bajarlo un punto por año hasta el 2,2% en 2019. Menciona el crecimiento del 38% de los ingresos del Estado Nacional en el 1er cuatrimestre de 2017, por encima de la inflación y del aumento del gasto primario, magro resultado que justifica en que tuvo que hacerse cargo de obligaciones que habían sido barridas bajo la alfombra.

Si les llega a los institutos económicos kirchneristas un ejemplar de este informe tendrán para hacerse un picnic, claro que analizando todo ésto desde afuera, como si no hubieran tenido nada que ver con el desastre económico actual.

Tampoco a los “neokeynesianos” del equipo de Peña les debe haber hecho gracia el capítulo 3, que reivindica y canta loas a la labor de Federico Sturzenegger en el Banco Central, con su administración de tipo de cambio flotante que permite maniobrar ante las fluctuaciones brasileñas y monetización del sistema financiero, mediante tasas de interés prohibitivas para cualquier actividad económica. El atraso de la paridad en comparación con el crecimiento de los costos internos devela a la producción, desde la dirigencia de cúpula de la UIA para abajo.

Estima que es razonable el tamaño de la deuda pública, que representa alrededor de un tercio de la de Brasil, y que gran parte se origina en la herencia kirchnerista: US$ 70 mil millones de los 97 mil contraídos fueron destinados a cancelar compromisos preexistentes. Que hoy la deuda pública asciende al 26% del PBI y revela que se estabilizará en menos de 40%, que aunque represente “un nivel mucho más bajo que otros momentos de nuestra historia”, asegura mucho “laburo” por delante a los muchachos del Morgan Stanley, con el ministro de Finanzas Luis Caputo a la cabeza.

Compara finalmente las tasas de interés del 15% anual en dólares con las que emitió deuda el gobierno anterior con el 8,2% que ya ofrecía en diciembre de 2015 uno de los bonos en dólares del Tesoro, el Bonar 2024. Y que ahora el rendimiento bajó al 5,7%. Nada dice que después de todo este tiempo el riesgo país no afloja y la tasa que pagan las provincias para financiarse duplica en moneda fuerte a la que le cobran a Bolivia por los créditos internacionales.

Reaparecen en el 1er trimestre de este año los brotes verdes que en octubre del año pasado se marchitaron, lo cual invita a anunciar la presencia de “un proceso de crecimiento sustentable, impulsado por la inversión y las exportaciones, que aumentaron 5% y 4,2%, respectivamente según estimaciones preliminares del Ministerio de Hacienda”.

Hay que reconocer que la inflación de los indicadores recientes no inspira demasiado exceso de optimismo, ya que supedita a que se mantenga este ritmo que la economía crezca alrededor de un 3% en 2017, nada si se considera que es un rebote del desplome precedente.

Menciona una recuperación de alrededor de 107 mil empleos privados formales, de lo cual lo mejor es no entrar en detalle y que se licitaron obras por más de $ 80 mil millones de pesos, más del triple de lo licitado un año antes, sin decir nada de que la inversión estuvo casi un año parada por falta de ejecución, aunque muchas veces justificada por la revisión de los contratos que venían de antes, empezando por los de Lázaro Báez y socios circunstanciales como el propio primo del Presidente, Angelo Calcaterra.

Es un dato favorable, sin duda, que en 2016 el Estado Nacional haya pagado casi la mitad por kilómetro de ruta de lo que en términos reales costaba entre 2011 y 2015.

Otra cocarda para Sturzenegger es el punto 8 del reporte oficial, ya que aplaude la creación de la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA), que permite a los bancos otorgar créditos hipotecarios con cuotas más bajas y variables.

Desde ese momento, subraya, se entregaron créditos UVA por casi $6.000 millones, alrededor de la mitad de lo otorgado en créditos hipotecarios. El Banco Nación ya entregó en los 5 meses de este año la misma cantidad de créditos que en todo 2015.

Recuerda que en 2001, los créditos hipotecarios que había en la Argentina eran equivalentes al 6% de la economía, y en 2015, después de años de crisis económicas, malas políticas crediticias y alta inflación, no llegaban al 1%.

Compara con los vigentes en varios países de la región, entre 10% y 20%, facilitando el acceso a la vivienda propia a amplios sectores.

Urgente 24

Redacción

Daniel MAKENA. Jefe de Redacción

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