Una historia de censura y cocaína: así calla el gobierno venezolano a la prensa extranjera

INTERNACIONALES 19/05/2017 Por
Una vez que Sebastián Pérez de 44 años y Didier Barral de 58 registraron sus maletas y se sentaron a esperar el avión que los llevaría desde Caracas a París la tarde del 11 de abril, imaginaron un viaje de regreso tranquilo y sin inconvenientes.
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Una vez que Sebastián Pérez de 44 años y Didier Barral de 58 registraron sus maletas y se sentaron a esperar el avión que los llevaría desde Caracas a París la tarde del 11 de abril, imaginaron un viaje de regreso tranquilo y sin inconvenientes.

Diez días antes, cuando llegaron a Venezuela para grabar un documental sobre la situación actual del país, venían llenos de ideas y advertencias precautorias que les habían hecho sus colegas europeos: "mucho cuidado", "trabajar allá es delicado", "las autoridades locales son hostiles con la prensa". Creían que habían esquivado estas preocupaciones. Sin embargo, tres sujetos vestidos de civil los separaron del grupo que esperaba en la puerta de embarque y comenzaron una travesía que duraría nueve días.

Los sujetos se identificaron como miembros del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), la policía política del gobierno venezolano. Amablemente, los interrogaron acerca de sus propósitos en el país y lo que habían hecho durante su estadía. "De inmediato nos lanzaron preguntas sobre lo que habíamos hecho. Los lugares a donde habíamos ido y con quien habíamos hablado" comenta Sebastián, nacido en Uruguay (Montevideo) pero criado en Francia.

A sus seis años, su mamá decidió huir de su país natal debido a la dictadura cívico militar que rigió al Uruguay desde 1973 a 1985. Ambos periodistas asumieron que en algún momento de su viaje por Venezuela, el Sebin comenzó a seguirlos. "Sabían cosas que sólo podían saber miembros del grupo con el que habíamos estado trabajando" comenta Sebastián a VICE News.

'Mucho cuidado, las autoridades son hostiles con la prensa'.

Por dos horas los tuvieron detenidos. Dos horas que bastaron para que el avión de Air France partiera y los dejará varados en el aeropuerto internacional Simón Bolívar. Una vez que la aeronave partió, los miembros del Sebin —que no habían dejado de sonreír y decir que todo estaría bien—los pasan a manos de la Guardia Nacional Bolivariana. Estos efectivos piden a Sebastián y Didier que pasen a un cuarto de inspección de equipaje. Ahí estaban sus maletas, las cuales ellos no habían visto ni manipulado desde que las embarcaron en el puesto de control de la aerolínea. El material de filmación lo llevaban consigo.

Tres guardias nacionales se encargaron de revisar el equipaje. De la maleta de Sebastián sacaron un saco con 32 gramos de cocaína, mientras que de la de Didier sacaron otro con 36 gramos. En total: 68 gramos de droga que presuntamente llevaban. De inmediato los imputaron con el delito de tráfico de drogas en menor cuantía.

Una vez que Sebastián Pérez de 44 años y Didier Barral de 58 registraron sus maletas y se sentaron a esperar el avión que los llevaría desde Caracas a París la tarde del 11 de abril, imaginaron un viaje de regreso tranquilo y sin inconvenientes.

Diez días antes, cuando llegaron a Venezuela para grabar un documental sobre la situación actual del país, venían llenos de ideas y advertencias precautorias que les habían hecho sus colegas europeos: "mucho cuidado", "trabajar allá es delicado", "las autoridades locales son hostiles con la prensa". Creían que habían esquivado estas preocupaciones. Sin embargo, tres sujetos vestidos de civil los separaron del grupo que esperaba en la puerta de embarque y comenzaron una travesía que duraría nueve días.

Los sujetos se identificaron como miembros del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), la policía política del gobierno venezolano. Amablemente, los interrogaron acerca de sus propósitos en el país y lo que habían hecho durante su estadía. "De inmediato nos lanzaron preguntas sobre lo que habíamos hecho. Los lugares a donde habíamos ido y con quien habíamos hablado" comenta Sebastián, nacido en Uruguay (Montevideo) pero criado en Francia.

A sus seis años, su mamá decidió huir de su país natal debido a la dictadura cívico militar que rigió al Uruguay desde 1973 a 1985. Ambos periodistas asumieron que en algún momento de su viaje por Venezuela, el Sebin comenzó a seguirlos. "Sabían cosas que sólo podían saber miembros del grupo con el que habíamos estado trabajando" comenta Sebastián a VICE News.

'Mucho cuidado, las autoridades son hostiles con la prensa'.

Por dos horas los tuvieron detenidos. Dos horas que bastaron para que el avión de Air France partiera y los dejará varados en el aeropuerto internacional Simón Bolívar. Una vez que la aeronave partió, los miembros del Sebin —que no habían dejado de sonreír y decir que todo estaría bien—los pasan a manos de la Guardia Nacional Bolivariana. Estos efectivos piden a Sebastián y Didier que pasen a un cuarto de inspección de equipaje. Ahí estaban sus maletas, las cuales ellos no habían visto ni manipulado desde que las embarcaron en el puesto de control de la aerolínea. El material de filmación lo llevaban consigo.

Tres guardias nacionales se encargaron de revisar el equipaje. De la maleta de Sebastián sacaron un saco con 32 gramos de cocaína, mientras que de la de Didier sacaron otro con 36 gramos. En total: 68 gramos de droga que presuntamente llevaban. De inmediato los imputaron con el delito de tráfico de drogas en menor cuantía.

Para la ONG venezolana Espació Público, estos casos se están registrando a un paso alarmante dentro de Venezuela. Lo denominan: "represalia judicial". Una manera de intimidar a los corresponsales extranjeros para que no graben o registren en medios de comunicación internacionales lo que pasa en el país.

"En lo que va de 2017, cuatro casos restrictivos al trabajo de la prensa extranjera se han registrado en Venezuela: la expulsión del periodista español Aitor Sánchez, de la cadena alemana Deutsche Welle (DW), cuando venía a cubrir manifestaciones; la detención y expulsión de los periodistas Leandro Stoliar y Gilzon Souza de Oliveira, quienes realizaban un trabajo sobre el caso Odebrecht; la expulsión de Patricio Nunes, de Canal 13, quien fue abordado en supermercado de la capital mientras cubría la situación alimentaria y la detención y expulsión de dos corresponsales de la BBC que realizaban un reportaje sobre el dirigente político, privado de libertad, Leopoldo López" reza un comunicado de Espacio Público sobre la detención de Sebastián y Didier.

Sólo al tercer día de su detención Sebastián y Didier recibieron la visita de un agente consular francés. De inmediato, desde la cancillería gala se iniciaron las negociaciones con el gobierno de Venezuela para su liberación. Mientras tanto, debían convivir con otras dieciséis personas en un cuarto de 24 metros cuadrados. Ellos y dos hombres de República Dominicana eran los únicos extranjeros detenidos en el comando. Los dominicanos estaban por tráfico de drogas en sus estómagos. Eran mulas.

'Estábamos presos por ser periodistas. Por venir a Venezuela'.

Sebastián y Didier debían dormir sobre unas colchonetas en el piso. De día la temperatura en La Guaira —ciudad costera de Venezuela ubicada a 45 minutos de Caracas— puede llegar a los 40 grados. Mientras que de noche puede bajar hasta los diez grados. Su celda estaba ubicada al lado de los sanitarios. Mal equipados y con problemas de drenaje. Recibían sólo dos comidas al día: una arepa (tortilla que se rellena con queso o jamón hecha de harina de maíz) con jugo por desayuno y pasta o arroz con carne de cena.

"La verdad, hay que decir que pese a todo los guardias nos trataron muy bien; pero no teníamos acceso a la luz del sol. Nuestro cuarto de detención estaba muy mal ventilado" cuenta Sebastián quien debió negociar con sus custodios para que su compañero, Didier, pudiera dormir fuera de la celda, cerca de una ventana, porque el calor le estaba afectando demasiado. Además, la comida les provocó fuertes dolores estomacales. "Estábamos presos por ser periodistas. Por venir a Venezuela" sentencia Sebastián. Agrega vía telefónica que el mayor miedo que tuvo en esos días fue que al final un juez decidiera que nos quedáramos en Venezuela "y pasar en la cárcel dos años".

Sus compañeros de celda también fueron amables. La mayoría venezolanos detenidos por prestarse como mulas. Mientras tanto, desde París, la agencia de noticias Capa TV que había contratado a ambos para hacer el documental, se mantenía al tanto de todas las negociaciones que hacían ambos gobiernos para la liberación de sus periodistas.

El 20 de abril, gracias al embajador de Francia en Venezuela, Frederic Desagneaux, Sebastián y Didier fueron liberados. Sin mayores explicaciones —de la misma manera en que fueron detenidos— autoridades consulares francesas en Venezuela los acompañaron al avión que los llevaría ese mismo día a Europa.

Todo el material periodístico que recopilaron en Venezuela les fue retenido. No se los devolvieron. Lo único que tuvieron de regreso fueron sus maletas con la ropa.

Se desconocen los detalles de su liberación, pero Sebastián asegura que "el juez venezolano se dio cuenta que era muy difícil mantenernos presos. Como dicen allá: 'nos sembraron la droga' y gracias a la intervención de los representantes del gobierno francés logramos salir".

Todo el procedimiento, desde el principio, se mostró viciado: desde que los abordaron los agentes del Sebin vestidos de civil, las dos primeras horas que estuvieron retenidos sin poder comunicarse bajo interrogatorio, sin la posibilidad de ver sus maletas y la imputación del cargo sin poder contar con un representante legal de su disposición.

'El material filmado es nuestra propiedad. No pueden quedárselo'.

Jean-Marc Ayrault, Ministro de Asuntos Exteriores y Desarrollo de Francia aseguró a través de un comunicado oficial que "las autoridades francesas estaban movilizadas para que fueran liberados", y destacó "he intervenido personalmente ante mi homóloga Delcy Rodríguez, a la que quiero dar las gracias por haber contribuido a este desenlace. Quiero expresar también mi agradecimiento al embajador de Francia en Caracas y a todo su equipo por su actuación eficaz".

Ahora Sebastián y Didier están en Francia descansando. Sin embargo, su interés acerca de lo que pasa en Venezuela no ha disminuido. Buscan recuperar los discos duros que tenían todas las imágenes que habían filmado. "Eso es nuestra propiedad. No pueden quedárselo" cuenta Sebastián, quien por un tiempo pensaba en abrir un restaurante en París y dejar de ejercer periodismo. "Ahora más que nunca seguiré haciendo esto".

Fuente: Vice Nwes

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