Temer no renuncia pero se pone en juego la gobernabilidad de Brasil

INTERNACIONALES 19/05/2017
El Presidente del Brasil negó que haya avalado el pago de un soborno a cambio de silencio en el caso Lava Jato. Hubo pedidos de juicio político pero insiste con seguir en el cargo

Tras horas de incertidumbre sobre el destino político de Brasil, el presidente Michel Temer salió a negar enfáticamente que vaya a renunciar, inmerso en un escándalo por el cual el Supremo Tribunal Federal (STF) autorizó ayer el inicio de una investigación, bajo la acusación de obstrucción de la justicia.

En un breve y enardecido discurso púbico, el jefe de Estado dijo: "No renunciaré, repito, no renunciaré". Y negó las acusaciones tras la difusión de un video –ya público– que lo implica en un pago de sobornos a un testigo preso y condenado en el caso Lava Jato, el ex jefe de la Cámara Baja Eduardo Cunha. "En ningún momento autoricé que se pagara a nadie, no compré el silencio de nadie", subrayó Temer y dijo que probará su inocencia ante el STF con la estrategia, según trascendidos, de que en la grabación sus dichos son ambiguos respecto al pago de un soborno. Sin embargo, analistas brasileros apuntaban que hay una mención de Joesley Batista a Temer sobre dos jueces "comprados" y un fiscal que le daría información. Eso lo complicaría más.

El escándalo ya se cobró la re-nuncia del ministro de Cultura, la presentación y luego retiro de la dimisión del ministro de Urbanismo, rumores desmentidos de alejamiento del ministro de Defensa, pedidos opositores de "impeachment", desplome de mercados propios y de países vecinos.

Analistas políticos como la consultoria Arko Advice evaluaron que se puede desencadenar una serie de eventos "potencialmente catastróficos" por lo que no descartaban la renuncia de Temer para abreviar la crisis. Bajo anonimato, diputados del oficialista PSDB afirmaron que "el gobierno acabó".

Las marchas multitudinarias y espontáneas en San Pablo, Brasilia y Río de Janeiro, entre otras, donde prevalecieron los carteles "Fuera Temer", ponen en jaque la gobernabilidad de Temer y las reformas económicas que planeaba. "No quiero tirar mis reformas al basurero de la historia", proclamó al hablar en el Planalto.

Precisamente esas reformas le generaron rechazo en sectores masivos de la población desde que asumió hace un año la jefatura de Estado –durante el proceso de juicio político a su antecesora Dilma Rousseff– con un índice de aprobación del 14% aunque ayer, analistas de negocios, señalaban que banqueros y empresarios están más preocupados ahora a un Brasil sin Temer que al escándalo en sí mismo.

En 2016, Temer congeló el gasto público para frenar el déficit; en abril logró que se aprobaran leyes de flexibilización laboral, y para los próximos días confiaba en que se aprobara una reforma del sistema previsional que ahora queda en suspenso: el miembro informante de la reforma previsional en la Cámara de Diputados, Arthur Maia, dijo que las denuncias contra el Presidente crearon un escenario de incertidumbre y que en las actuales circunstancias "ciertamente no hay espacio para avanzar" con el proyecto.

El ex mandatario Fernando Henrique Cardoso (PSDB), otrora aliado de Temer, dijo que la solución a esta grave crisis debe darse "en el absoluto respeto a la Constitución" y apuntó que "hay que mostrar gestos de renuncia".
"Estoy viviendo el peor momento de mi vida", habría confiado Temer a allegados, mientras se empeña en gobernar hasta fin de 2018.

El ministro del Tribunal Supremo, Celso de Mello, instó a la obediencia irrestricta a la Constitución, diciendo que sólo así se preservarán las libertados fundamentales.

La Carta Magna prevé que en caso de vacío en la presidencia durante la segunda mitad de un mandato, el Congreso elija un nombre para completarlo, algo complejo de instrumentar por el alto número de legisladores bajo sospecha de corrupción por el caso Lava Jato. Hay interpretaciones y propuestas que permitirían adelantar los comicios, previstos para octubre de 2018.

En las calles se expresaron reclamos de "Directas Ya", consigna que movilizó a millones de brasileños al finalizar la dictadura militar (1964-1985).

Para este domingo, tanto los grupos que apoyaron como los que se opusieron al proceso de destitución de Rousseff, convocaron a una manifestación. "Las marchas serán para pedir la renuncia de Temer y la convocatoria inmediata de elecciones directas", dijo la mayor central sindical CUT.

Fuente: Cronista

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