TROLLS: "Efectos indeseables" de las redes sociales

Los vances y adelantos tecnológicos que han “achicado” al mundo y acortando las distancias entre las personas, con la gran cuota de bienestar individual y colectivo que esto supone, también han aparecido los “efectos indeseables”
Cyber_stalker

Hoy en día gran parte de la población mundial está conectada, de una forma u otra, a las nuevas tecnologías y, por ende, al uso de las redes sociales que estás proporcionan.

Mucho se ha adelantado en poco menos de dos décadas en lo que hace a las denominadas “conexiones 2.0”; y tanto es así que ya este término a ido mutando hacia las “conexiones 3.0”, en obvia referencia a la velocidad con que son transmitidos los datos, los cuales se dan casi en “tiempo real”.

Todo este cúmulo de avances ha ido modificando, de manera notoria, no solo las comunicaciones y la obtención de información, sino que también ha entrado a formar parte de nuestro quehacer diario, incidiendo, de manera directa o indirecta, en temas tan disímiles como educación, trabajo, salud y política.

Pero, con estos avances y adelantos tecnológicos que han “achicado” al mundo y acortando las distancias entre las personas, con la gran cuota de bienestar individual y colectivo que esto supone, también han aparecido los “efectos indeseables” que consigo trae aparejado todo este nuevo bagaje de herramientas con las que, de manera acelerada, nos debemos acostumbrar a manejar si no queremos quedar al margen del camino.

Uno de estos “efectos indeseables” es el que comúnmente se denomina “troll”.

Los trolls (o en su forma hispanizada, trol) en Internet se han convertido en una verdadera molestia, sus actos y actitudes pueden llegar a convertirse en una confrontación personal o grupal. En ocasiones puede hacerse una mezcla entre trolleo y bullying y, ¿qué diferencia existe entre uno y otro? En breves palabras hacer bullying es molestar y hacer trolleo, también, pero con el toque de desprestigio a los demás, a costa de difamaciones, creando controversia con supuestas pruebas prefabricadas para intentar fundamentar lo que dicen.

El término “trolls” proviene del nórdico “troll”, un ser que se comporta de una manera violenta. En Internet, un troll es un usuario que se sienta frente a una computadora y busca llamar la atención, la cual consigue al publicar (de manera textual o gráfica, es decir con imágenes) temas polémicos, ideas o contenido sensible para otros usuarios.

Los trolls se inmiscuyen en foros, comunidades de usuarios y en algunos otros servicios de comunicaciones públicas de Internet y redes sociales, los cuales son los lugares perfectos para provocar e incitar peleas entre los usuarios de esos servicios. Los trolls pueden confrontarse directamente con los usuarios o crear confrontación entre los mismos.

Según varias investigaciones los trolls tienen sed de atención, ya sea positiva o negativa. Ellos no tienen cargo de conciencia ni remordimientos, no sienten vergüenza al exponer una situación o compasión contra una víctima. Es inútil razonar e interactuar con ellos, pues crean una atmósfera de tensión con ideas negativas, al grado de generar un ambiente totalmente paranoico en el que nuevos usuarios suscritos a estos servicios de comunicaciones pueden obtener respuestas demasiado agresivas al tratar de hacer entrar en razón al troll.

Los trolls más hábiles llegan a suplantar a moderadores de blogs y foros, e inclusive a personas, de los cuales los usuarios troll imitan su manera de escribir o expresarse en las publicaciones y en los mensajes de los foros. Esta táctica es un camuflaje útil que primero detona como una incitación y, después, termina en una discusión entre los usuarios.

Los mensajes que envían los trolls se denominan “mensajes flame”. Son mensajes deliberadamente hostiles o insultantes que se envían en respuesta a un mensaje provocativo.

Un punto importante acerca de este tipo de mensajes es la libre expresión. Un troll, al verse censurado por sus comentarios por los administradores del servicio o moderadores de foros, puede incitar a otros usuarios para que se unan a la causa y aboguen por la libre expresión.

En este caso, el troll puede argumentar que algunos de sus mensajes están siendo censurados. Al ver esta actitud del troll, los demás usuarios de la comunidad pueden exigir que no se censure a nadie, argumentando la libertad de pensamiento y expresión. Lo que no saben los usuarios, es que los mensajes flame están siendo detectados por los administradores y moderadores de los foros, quienes saben que no deben liberarlos, porque conocen las consecuencias. De esta manera, el troll gana al poner a los usuarios en contra de los administradores, aunque algunos de sus mensajes o publicaciones hayan sido censurados.

Los trolls son inevitables, invaden cualquier foro, blog, comunidad o red social. La única manera de tratar con trolls es limitar nuestra reacción y recordar a otros que no se debe responder a sus provocaciones. Cuando tratamos de razonar con un troll, él gana. Cuando le gritamos a un troll, él gana. Cuando insultamos a un troll, él gana. Lo único que un troll no soporta es que lo ignoren.

Ultimamente, los trolls y los mensajes flame han proliferado, de manera exponencial, dentro de las redes sociales utilizadas por ciudadanos que se expresan políticamente a través de ellas. Y esta proliferación no se sin motivo, sino justamente lo contrario. Es decir, existe un muy bien delineado plan, en el que los trolls juegan el papel fundamental de insertar el desprestigio de dirigentes y políticos, por medio de la duda o, directamente, de la falsa difamación de datos que afectan a las personas y sensibilizan su pensamiento.

El anonimato, la inescrupulosisdad y la falta de conciencia con la que se mueven en las redes sociales, con la destreza con que lo hace un pez en el agua, es una de las mejores armas que manejan para acaparar la atención de internautas descuidados o desprevenidos que, en vez de sopesar el mensaje que están recibiendo, lo propagan, dándole de este modo una entidad de verosimilitud que en realidad no tiene.

Y así como una pequeña cantidad de nieve que se desliza desde la cima de un monte, a medida que va bajando se convierte en una gran bola de dimensiones descomunales y de desproporcionadas consecuencias, los trolls logran, con la inserción de un simple y falso rumor, crear todo un ambiente de desprestigio en contra de una persona o de un grupo de personas específico.

En la política, las campañas de desprestigio han copado los espacios de comunicación, y en estos tiempos que corren, las redes sociales se han convertido en el vehículo más rápido y mejor adaptado para esos fines.

Tener bien en cuenta que estas redes son usadas tanto por usuarios comunes y corrientes, que sólo desean tener un vinculo en “tiempo real” con el mundo que los rodea, como por también trolls que hacen de las suyas en ellas, resulta fundamental a la hora de estar en condiciones para tomar por ciertas o desechar por notoriamente falsas las informaciones que se se obtienen.

Los “efectos indeseables están en todos los ámbitos de la vida del hombre, desde el uso de un medicamento determinado para mejorar nuestra salud, hasta la comunicación que a diario mantenemos con usuarios de redes sociales que solo conocemos de manera virtual. Pero, al contrario de los medicamentos que vienen con prospectos, en los cuales están descriptos los posibles “efectos indeseables, las redes no nos proporcionan esas herramientas. Está en nosotros el poder detectarlos y eliminarlos, sin hacerles frente. Simplemente ignorarlos. Esa es la mejor o quizá la única defensa con la que contamos, por lo menos hasta que la tecnología nos brinde otra más eficaz o, directamente, los detecte antes que lo podamos hacer nosotros mismos y elimine la potencial peligrosidad que suponen en el uso de las nuevas tecnologías de comunicación social.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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