Los ravioles de Ricardito y los celos kirchneristas

POLÍTICA 15/05/2017
Ricardo Alfonsín volvió a las andadas. El diputado nacional, e hijo del gran Raúl Ricardo Alfonsín, se repuso de algunos asuntos de salud y se metió de lleno en los temas políticos del momento.

A dieta...

Ricardo Alfonsín volvió a las andadas. El diputado nacional, e hijo del gran Raúl Ricardo Alfonsín, se repuso de algunos asuntos de salud y se metió de lleno en los temas políticos del momento: 2x1, economía y las propuesta de Cambiemos para las elecciones 2017. Mientras algunos de sus dichos hacen ruido en la coalición gobernante -por criticar sin temor el rumbo de algunas políticas- Ricardito apareció con 10 kilos menos. Cuando le preguntan por lo holgado de los trajes, el diputado Alfonsín cuenta que dejó el cigarrillo y también, las milanesas, las papas fritas y lo que es devoción: un buen plato de ravioles. Y al hablar de su salud, recordaba una anécdota con Felipe González, cuando el español visitó en el Hospital Italiano a Raúl Ricardo Alfonsín, quien se había accidentado en junio de 1999 durante una visita a Jacobacci, provincia de Río Negro. Felipe González estaba en el país por una reunión de la Internacional Socialista y junto a otros dirigentes del PSOE, fue a visitar a su amigo Alfonsín. “Presidente, usted fuma habanos, ¿no?”, le preguntó el entonces joven Ricardito. González lo miró, y con su habitual tono sereno, respondió: “A mí me dijeron que si dejaba el cigarro, iba a vivir más…. Yo no sé si viviré más pero que la vida se me va a ser más larga, seguro”, dijo con una amplia sonrisa el cuatro veces gobernante español. A cuidarse...

Tengo celos...

En el kirchnerismo hay celos. Y obviamente, son respecto del favor o estima de la líder de ese sector, la ex Presidenta de la Nación. Cuando CFK dejó el poder, su núcleo de confianza se redujo a unos pocos: su fiel secretario -de popular sobrenombre- Oscar Isidro Parrilli, fue quien la acompañó en todo momento, además de sus hijos y los más allegados de La Cámpora. Pero quien también estuvo en las horas difíciles de la vuelta al llano fue el intendente Jorge Ferraresi. El alcalde de Avellaneda acompañó a Cristina muy activamente en el armado del Instituto Patria, búnker K de la zona de Congreso, donde Parrilli se ocupó de decorar a gusto de la dama y del que Ferraresi se encargó de apadrinar: las malas lenguas “dicen” que hasta se hizo cargo del alquiler del pintoresco predio, que supo ser sede del Círculo de la Prensa. Pero ahora, el intendente anda enojado pues el favor de Cristina y La Cámpora viró -justamente en un año electoral- en dirección a La Matanza: CFK postula a Verónica Magario como “su” candidata y no deja de hablar y solicitarle gestiones a Fernando Espinoza, ex alcalde matancero que no abandona, ni a sol ni a sombra, a Magario. Ferraresi no abandonará el barco kirchnerista pero ya no se muestra tan entusiasmado como en los tiempos en que bautizó al edificio municipal de Avellaneda con el nombre de “Cristina Fernández de Kirchner”. Tengo celos…

Sin grieta... Otro kirchnerista que viró sus aprecios es Carlos Kunkel. El oriundo de Florencio Varela fue siempre un duro K, que no dejó de cruzarse con fuerza en los doce años de kirchnerismo contra el arco opositor y también, con dedicación y fruición, a los medios críticos. El último martes, durante la sesión de Diputados por el 2x1, el viejo amigo de Néstor y Cristina Kirchner hizo autocrítica. Para sorpresa de muchos, Kunkel hizo una reflexión sobre la violencia política que durante los años 70 protagonizaron organizaciones ligadas al peronismo. Y aseveró: “Cometimos excesos. Nos equivocamos”, indicó quien fuera integrante de la organización Montoneros. Luego de la inédita autocrítica del duro peronista, hecho en tono moderado y sin alzar la voz en ningún momento, sucedió otra sorpresa: Elisa Carrió se levantó de su banca y se metió en medio de las sillas asignadas al Frente para la Victoria. Carrió, otra dura, se acercó a Kunkel y lo abrazó: “Dios lo bendiga por lo que acaba de hacer”, le dijo en el mismo tono calmo la aguerrida vecina de Exaltación de la Cruz. Luego de eso, Lilita se marchó en silencio y en paz.

Un cuervo en la Rosada... En la Casa Rosada se produjo un encuentro político pero también deportivo: Rogelio Frigerio recibió, a última hora del miércoles, a Matías Lammens, presidente de San Lorenzo. Hablaron de tres cosas: de la Copa Libertadores, de San Lorenzo y la lucha por el campeonato y del nuevo presidente de la AFA, Chiqui Tapia, pero hicieron silencio sobre Marcelo Hugo Tinelli. En la cita armada por Mauricio Colello, coordinador general del Ministerio y amigo de ambos, quedó flotando la posibilidad de un futuro político por parte del presidente del CASLA. Ojo con los cuervos...

Fuente: Clarín 

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