La siesta perfecta existe y dura 40 minutos

SALUD 15/05/2017
Albert Einstein y Salvador Dalí son algunos de los personajes que dormían un rato para recuperar energías. Hoy, algunas empresas la incluyen dentro de la jornada laboral. Manual práctico para que sea verdaderamente eficaz y reparadora.

Pocos placeres se comparan con el dormir una siesta y si encima la ciencia dice que llevarla a cabo es bueno para nuestra salud física y mental, ¿qué más podemos pedir? Durante muchos años tuvo mala fama pero, luego de muchas investigaciones, se comprobó que dormir la siesta ayuda a reducir el riesgo cardíaco, disminuir la presión arterial, favorece el aprendizaje abstracto, aumenta nuestra capacidad de resolver problemas, mejora nuestro ánimo y nuestro humor, entre otros beneficios.

Grandes personajes de la historia dormían la siesta, como por ejemplo Albert Einstein, quien sostenía que dormirla era recomendable para refrescar la mente y ser más creativo. Salvador Dalí se iba a la cama con las llaves en la mano y un cuenco de metal debajo para que cuando entrara en el sueño profundo, su mano se abriera, cayeran las llaves sobre el cuenco y lo despertara y así se aseguraba de dormir solo lo necesario para reponer energías. Este método se sigue implementando hoy día.

Empresas como Google o Nike y la NASA incorporaron la siesta a su jornada laboral, a la que denominan "power nap", o siesta reparadora. El motivo no es solo por los beneficios que trae aparejada para el que la lleva a cabo, sino también porque está comprobado que el realizarla aumenta la productividad de sus empleados.

En las grandes ciudades y aeropuertos del mundo se han abierto los llamados "siestarios". Estos son unos ambientes diseñados especialmente para el descanso, el relax y la recuperación de energía al que una persona puede recurrir para dormir una siesta. Algunos incluyen cinco minutos de masajes en la cabeza, cuello y hombros, el uso de aromaterapia, la ambientación del espacio según el Feng Shui y hasta cuentan con un coach para que asesore a los clientes en lo relacionado a ejercicios de relajación y visualización para poder conciliar el sueño.

Ahora bien, un tema de debate eterno durante muchos años fue el determinar cuánto tiempo debería durar una siesta perfecta. Algunos científicos hablaban de 90 minutos o más y otros de tan solo 20. Hoy en día, el consenso general nos recomienda dormir una siesta de no más de 40 minutos y, para que sea realmente eficaz y reparadora, debe cumplir con determinadas características:

  • Debe ser corta, es decir, no debería durar más de 40 minutos. No tenemos que dormir hasta que nos despertemos solos, sino que es necesario utilizar alarmas para evitar dormir en exceso, lo cual puede traer como consecuencia que nos cueste dormir a la noche;
  • No utilizarla para compensar lo que no dormimos de noche. El objetivo de la siesta no es recuperar el tiempo perdido de sueño, sino darnos la energía y vitalidad que necesitamos para continuar con nuestro día. Recordemos que el sueño no es acumulable, lo que no dormí ayer no lo puedo recuperar hoy;
  • El ambiente debe estar poco iluminado, lo más parecido posible al que tenemos durante la noche. Si no podemos controlar el ingreso de luz, una opción es utilizar un antifaz y hasta anteojos de sol si es necesario;
  • Mientras más silencioso esté el ambiente, mejor vamos a descansar. Podemos optar por utilizar tapones para el oído, escuchar música relajante en volumen bajo a través de auriculares o encender el ventilador o el aire acondicionado para “tapar” los ruidos externos;
La siesta perfecta existe y dura 40 minutos

Conciliar el sueño y dormir mejor

  • Dormirla en la cama sería lo más recomendado. Esto hará que nos durmamos más rápido no solo porque el ambiente es el ideal y nos incita a dormir, sino porque el estar acostados nos permite estar en una posición más cómoda y relajada;
  • Utilizar ropa cómoda. Si estamos en nuestra casa una buena idea sería el usar pijama, camisón o nuestra “ropa de dormir”. Si estamos en otro ambiente, tratemos de desajustar nuestra ropa (aflojar el cinturón, la corbata, los botones) y sacarnos los zapatos. Si pudiésemos poner los pies en alto, mejor;
  • No dormirla a cualquier hora para evitar que altere nuestro sueño nocturno. Lo ideal es llevarla a cabo entre las 14 y las 18 horas. Si la realizamos más tarde no vamos a poder conciliar el sueño a nuestro horario habitual y solo conseguiremos alterar nuestro ritmo circadiano y nuestra calidad de vida;
  • Apagar el celular, ni siquiera dejarlo en vibrador. Dormir la siesta implica desconectarse del mundo por 40 minutos. Eso significa desconectar todo lo que puede llegar a interrumpirnos y el celular ocupa el puesto número uno del ranking de “interrumpidores” de siesta. Tampoco dejarlo a la vista, la pantalla se iluminara cada vez que recibamos un WhatsApp, un alerta de cualquiera de las redes sociales o un mail y nos impedirá poder desconectarnos para dedicarnos a dormir la mágica siesta reparadora;
  • ¿Café? Si no resistimos la tentación, tomarlo inmediatamente antes de acostarnos a dormir la siesta, ya que el efecto estimulante de la cafeína empieza recién a partir de los 20 minutos de ingerirla y para ese momento ya vamos a estar entregados a Morfeo. Si somos para del grupo de los “inmunes a la cafeína” sigamos con nuestra rutina habitual. Tengamos en cuenta que el té y el mate también son estimulantes, por lo cual debemos tener los mismos cuidados que con el consumo de café;
  • Intentemos “parar” nuestra cabeza. Desconectémonos de los problemas o tareas pendientes por un rato. Si nos deja más tranquilos, los podemos escribir en un papel para seguir trabajando sobre ellos cuando nos despertarnos y no dejar nada pendiente. La siesta es para que el cuerpo se recupere pero también nuestra cabeza; No es obligatorio que durmamos la siesta. Si no sentimos la necesidad de hacerlo, si nuestro cuerpo “no nos pide que lo hagamos” no nos obliguemos.
  • Dormir la siesta es parte de nuestra rutina del sueño. Tiene la función, ni más ni menos, de aliviar nuestro cansancio físico y mental y ayudarnos a reponer energías para poder terminar nuestra jornada de manera saludable. Nos ayuda a continuar con nuestro día con buen humor y energía. Además de todos los beneficios que trae aparejado, es uno de los pequeños placeres que nos da la vida. ¡A disfrutarla sin culpa!

    Por la licenciada María Fernanda López, autora de Cómo dormir mejor. Guía práctica para mal dormidos (Ediciones B).

Fuente: Infobae

Ana Cohen

Redacción

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