EL "SUEÑO" DE LA VIVIENDA PROPIA

La "crisis habitacional": mucho más que una problemática de ladrillos

En la primera mitad del siglo pasado se declaró la crisis habitacional en Argentina, Brasil y Chile. La “explosión demográfica” y la “migración campo-ciudad” erosionaron de forma sostenida las condiciones habitacionales en los principales centros urbanos de estos países. La crisis dio inicio al desarrollo de políticas habitacionales que fueron acompañadas por la formación de burocracias estatales tecnificadas, dando lugar al impulso de la industrialización como parte de una ideología desarrollista que empezó a desplegarse por el continente. Mientras que los problemas de vivienda anterior a esta crisis habían sido abordados desde una perspectiva ética sustentada en la caridad cristiana (problemas morales asociados a la habitación deficiente), la nueva política pública se orientó a resolver un problema de exclusión social y, de paso, a integrar la producción habitacional a la producción industrial.


En este contexto, el déficit habitacional jugó un rol central como síntoma de la crisis, a la vez que delineó y justificó un camino para su superación: a través de procedimientos técnicos sustentados en un paradigma positivista, la definición del déficit habitacional orientó la acción del Estado y la articulación de distintos actores vinculados. Junto con ello, los parámetros que definieron y definen actualmente la “vivienda adecuada” también establecen criterios que prescriben formas adecuadas de habitar, materialidades deseables y patrones de consumo.


La centralidad que adquiere la definición del déficit habitacional en la literatura que analiza las políticas de vivienda en Argentina, Chile y Brasil, lleva a reflexionar respecto a la construcción de este indicador como una forma “buena para pensar” los procesos a través de los cuales se produce la urbanización en los países del conosur. A la vez que el déficit es un campo de disputa en el que diversos actores compiten por imponer sus concepciones de políticas de vivienda.


La consolidación de la idea de “vivienda moderna” significó el establecimiento de un umbral de adecuación para las sociedades modernas. En los primeros días del “New Deal”, las investigaciones sobre vivienda revelaban la sorprendente noticia de que, en los Estados Unidos, un tercio del país estaba por debajo de las condiciones aceptables de abrigo y alimentación. La formulación de la política “National Housing Act” se asocia a la recuperación de la industria nacional fuertemente afectada por la crisis de 1929. Este programa, si bien tuvo una limitada adhesión en Estados Unidos, sirvió de modelo para los países latinoamericanos.


El desarrollo económico estuvo vinculado a la renovada fe en la ciencia y en la tecnología, apoyado en la introducción masiva de especialistas para investigar, medir y teorizar sobre todos los aspectos de las sociedades “sub-desarrolladas”. De esta forma, el problema habitacional en América Latina se reformuló bajo dos aspectos: mientras la producción habitacional se situó como necesaria para enfrentar la pobreza y al mismo tiempo, la vivienda precaria favorecía el incremento de enfermedades y reducía la capacidad humana de trabajo, producción agrícola y nutrición.


Ahora bien, la “crisis habitacional” no fue simplemente impuesta a los países “subdesarrollados” en el marco del discurso del desarrollo3 . Décadas anteriores a estos planteamientos, los países latinoamericanos ya habían iniciado un esfuerzo de elaboración de los modelos de “vivienda mínima”, de leyes e instituciones centradas en el problema de la vivienda.


A partir de la década de 1930, atravesados por la crisis de 1929 y la Segunda Guerra Mundial, Argentina, Chile y Brasil iniciaron un proceso de reestructuración institucional del Estado orientados a la industrialización, impulsando la producción nacional bajo el modelo de sustitución de importaciones. Esto sofisticó el sistema de vivienda bajo principios de profesionalización y tecnificación, acorde con el desarrollo institucional de la administración pública del Estado moderno. Las acciones estatales se intensificaron a través de diversas herramientas: créditos de bajo costo, legislación sobre alquileres y propiedad horizontal, y construcción masiva de vivienda. También en este período se introdujeron un conjunto de derechos sociales, creando una serie de instituciones orientadas a la previsión social y la regulación laboral.


En Argentina, durante la primera y segunda presidencia de Perón, el Estado tomó el problema habitacional como parte de su agenda pública. Esto implicó que las intervenciones estatales preexistentes se intensificaran y comenzaran a desarrollarse variadas herramientas: créditos baratos – a través del Banco Hipotecario Nacional –, legislación sobre el mercado de alquileres y la propiedad horizontal, junto con la construcción masiva de vivienda “llave en mano”, en el marco de los conocidos “Planes Quinquenales”.


En los países de Latinoamérica, los gobiernos autoritarios de Chile, Argentina y Brasil instalaron modificaciones en la organización económica y social que dieron lugar al comienzo de las políticas neoliberales. La política habitacional reforzó la lógica de provisión privada de la vivienda, es decir, la idea de la vivienda como uno de los bienes que cada individuo debe proveerse por sus propios medios a través del mercado. En Argentina y en Brasil, la crisis del modelo económico implementado por el régimen militar tuvo una enorme repercusión en las políticas habitacionales, generando una mayor descompensación entre el aumento de las prestaciones y la capacidad de pago de los asociados y, consecuentemente, pasaron a manos de los financiamientos inmobiliarios. El BNH brasileño fue eliminado en 1986 y el FONAVI en Argentina atravesó un proceso de reformulación que disminuyó su capacidad de inversión.


Durante los ´90, las políticas de construcción y mejoramiento de viviendas sufrieron fuerte golpes al producirse su desfinanciamiento. La construcción continuó pero se fue reduciendo hasta detenerse hacia comienzos del año 2000. En este interín también se produjo una reformulación en el FONAVI, a partir de la cual se estableció un cambio en el destino de los fondos, los cuales dejaron de proceder de un aporte salarial para constituir un porcentaje del impuesto a los combustibles. El Banco Hipotecario Nacional, entidad que destinaba créditos a sectores trabajadores, redireccionó esos fondos hacia los sectores medio-altos y, en consecuencia, desaparecieron los “créditos blandos”. Simultáneamente, comenzaron a implementarse programas financiados por el BID, destinados principalmente a obras de infraestructura. Su modalidad de implementación enfatizó la participación comunitaria y la intervención multidisciplinaria.


La crisis habitacional en América Latina no surge de la noche a la mañana, sino que es parte de un proceso de modernización capitalista desarrollado en la producción de lo urbano que encubre la tecnificación en la que se articulan procesos de producción económica y formas específicas de integración social.


Desde que las políticas habitacionales modernas surgen hacia el final de los años 40, asociadas a un proyecto más amplio de industrialización y crecimiento económico, el déficit habitacional también emerge como un indicador de la crisis de viviendas y como orientador de las políticas y programas creados para combatirla.


Como expresión numérica de la crisis, el déficit contribuyó a instalar la visión de que el problema habitacional se reduce estrictamente a un problema de falta de viviendas y cuya solución se basaba en la intensificación y la racionalización de la producción industrial de las mismas.


El déficit habitacional juega un rol central al sostener que la “crisis habitacional” debe ser abordada como parte de un modelo económico liberal y como un asunto básicamente técnico, por sobre un problema político que demandaría una profundización de la democracia, promoviendo la participación directa de la sociedad en la formulación y ejecución de las políticas urbanas.


Después de décadas de producción masiva de vivienda social no se han logrado superar los problemas de desigualdad urbana en las ciudades latinoamericanas. Si bien el déficit habitacional fue ungido como el instrumento que debía conducir la superación de la crisis habitacional, más que superar efectivamente la calidad de vida de los habitantes, ha sido un promotor de la industria de la construcción y de los mercados del suelo.


Aún se mantiene abierta la pregunta por los mecanismos y estrategias que se construirán para superar la más reciente crisis urbano-habitacional producto de la profundización de los mecanismos de mercado en la producción del espacio urbano.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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