CONTRAPUNTOS

OPINIÓN 09/05/2017
Los números se resisten y los hechos se muestran desfavorables. Sin embargo, el gobierno se mantiene firme en su postura. La elecciones de octubre vienen a complicar, todavía más, el panorama del oficialismo.

Isaias Abrutzky [email protected] Especial para R24N

El presidente Trump hizo una muy severa advertencia a la empresa automotriz estadounidense que planeaba instalar una nueva planta en Mexico. Tanto que consiguió que desistiera de su propósito y pasara a construirla fronteras adentro. Su colega Macri inauguró alborozado una acería propiedad de una multinacional argentina, en los  Estados Unidos. Dos actitudes absolutamente contrapuestas de jefes de estado que comparten la ideología capitalista y liberal.

 

La línea fundamental de la campaña y del gobierno de Cambiemos fueron las inversiones. La Argentina kirchnerista no tuvo cuellos de botella en abastecimiento, salvo un episodio mínimo con el aceite y algunos faltantes de repuestos y otras piezas de equipamiento importadas, debido a las restricciones en el empleo de divisas. Sin embargo, la necesidad básica referida por la coalición macrista para elevar al país a una economía brillante eran las inversiones, y se pronosticaba una “lluvia” de ellas.

 

Para Macri y su equipo de gobierno, la principal condición para la llegada de las inversiones era la baja de la inflación a cifras compatibles con la planificación de las actividades empresariales. Más aún, se asumía que la confianza en que se iría a lograr ese objetivo, como también la reducción del déficit fiscal, tendría como efecto que los proyectos de inversión se adelantaran. Y se anunció con alborozo que en el segundo semestre de 2016 comenzaría a verse el repunte esperado, tras la recesión producida por la devaluación y los tarifazos en los servicios públicos.Sin embargo, transcurrido ampliamente ese plazo, las  previsiones oficiales están lejos de haberse cumplido. El fracaso de la anunciada lluvia de dinero del exterior se pretende justificar ahora con el supuesto temor  de los empresarios al resurgimiento del peronismo y  su posible retorno al poder en las presidenciales de 2019.

 

Como fuere, los capitales extranjeros no llegan y, peor aún, el dinero de los nacionales fluye hacia el exterior. La liberación en materia cambiaria provoca que los capitalistas locales analicen  otras oportunidades, y una ellas, muy atractiva por diversas razones es el mercado inmobiliario de Miami. Esta ciudad fue siempre una tentación para combinar negocios y relax tropical, tanto que muchos ciudadanos argentinos, a través de distintos gobiernos, adquirieron propiedades en el Sur de la Florida a pesar de los inconvenientes que presentaba la transferencia de dinero, principalmente después de la debacle de 2001. Era imposible entonces que la coyuntura actual no operara como un imán para alentar esos negocios: durante el 2016 los argentinos colocaron allí nada menos que 1.400 millones de dólares.

 

No hay plan B, dijo Macri. Los anuncios apuntan a nuevos tarifazos y otros ajustes después de octubre. La inflación de abril es un nuevo revés a las expectativas del presidente del Banco Central, principal encargado de estabilizar los precios. Quienes atacan la política económica por derecha consideran que el ajuste realizado -si es que lo reconocen, que no siempre es el caso- fue mezquino y diluído. La perspectiva de una nueva vuelta de tuerca  echa sombras sobre el desempeño electoral de Cambiemos en los próximos comicios. La figura de Cristina se agranda y el oficialismo no lo niega sino que más bien intenta usarla para azuzar a los sectores antiperonistas más duros. Sin un cambio de planes la Argentina vivirá los próximos meses en tremenda tensión. Fuera del plano económico  también se presentan hechos preocupantes, y la grieta -intencionalmente o no- se profundiza día a día.    

Te puede interesar