VIOLENCIA Y DELINCUENCIA JUVENIL

A porpósito del Proyecto de Ley del oficialismo para bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años

La idea de bajar la edad de la imputabilidad en nuestro país, de los 16 años a los 14, no es nueva, sino, más bien, es un reclamo que viene desde finales del siglo pasado, cuando especialistas en criminología y público en general tomaron cuenta de la gravedad del problema que se estaba gestando, y que, por razones políticas y de conveniencia del momento, no era abordado en la medida que el tema requería.

Hoy en día, esa gestación ha llegado a un punto sin retorno, al cual hay que darle una solución legal, puesto que la delincuencia juvenil se ha transformado en un verdadero flagelo que ataca a todos los ciudadanos por igual, sin importar género, status social o ideología alguna.

En nuestra sociedad cambiante y ajetreada, la combinación de los términos "violencia" y "juventud" nos produce una sensación relativamente incómoda. Pensamos, casi automáticamente, en que los jóvenes son más violentos cada día, que lo son más que los adultos debido a su inmadurez, su estilo de vida, su inconformismo, etc.. Estos pensamientos por sí solos nos intranquilizan pero aún más si consideramos que los jóvenes de hoy serán los adultos del mañana. Violencia y juventud son términos frecuentemente asociados en muchos contextos: política, educación, justicia, etc.. Esta asociación la justificamos por lo que "vemos" diariamente en los medios de comunicación y también "creemos" ver en nuestro entorno inmediato. La violencia se encuentra en casi todos los ámbitos de la vida de los jóvenes: la escuela, el ocio, la familia, el trabajo y también en las relaciones interpersonales, en la vida comunitaria y en la salud. La violencia juvenil aparece en las múltiples riñas que se producen en las zonas de ocio, en las conductas agresivas que acompañan al tráfico y consumo de drogas, en el fenómeno de la violencia escolar, en los actos vandálicos de los fines de semana, en las peleas entre bandas juveniles, en los acosos sexuales entre jóvenes y hasta en los muy preocupantes, y cada vez más altos, índices de asesinatos cometidos por esa banda etaria.

Pero, ¿qué imagen tenemos de la violencia juvenil? ¿son los jóvenes más violentos que los adultos? ¿los jóvenes violentos serán indefectiblemente adultos violentos? Estas y otras preguntas similares surgen ante el problema de la violencia y la delincuencia juvenil.

El problema de la violencia juvenil ha sido abordado, sistemáticamente por la sociología, la criminología, la psicología y otras disciplinas jurídicas, ya que siempre ha llamado la atención de los estudiosos e interesados por los problemas sociales. Pero cada tradición utiliza una nomenclatura o terminología propia al referirse a la violencia juvenil y, al combinar sus aportaciones, surgen muchas dudas y confusiones que conviene aclarar para entenderla mejor. Los chinos dicen que para empezar a comprender bien las cosas conviene darles nombres correctos. Vamos a intentarlo con el binomio "violencia" y "juventud". La violencia es una estrategia que se utiliza para resolver conflictos y que tiene consecuencias dañinas para los otros (y a veces también para uno mismo). Las conductas violentas no son "instintivas" ni respuestas automáticas o involuntarias. En la violencia se implican conductas complejas, voluntarias y que tienen una finalidad que puede ser controlar a otros, obtener beneficios, etc.... Cada componente aislado de la estrategia violenta, lo que en propiedad llamamos conducta o acción violenta, tiene muchos determinantes en interacción y sus consecuencias pueden ser más graves de lo que su autor pretende y estar modulados por circunstancias agravantes o atenuantes.

Para referirnos al fenómeno que nos ocupa, la violencia juvenil, a veces, utilizamos términos similares tales como: delincuencia juvenil y comportamiento antisocial juvenil. El primero hace referencia a una categoría legal que califica a un individuo, de edad inferior a los 16 años que haya cometido una o más acciones punibles definidas en el código penal o las leyes específicas aplicables a los menores. Por el contrario el concepto "comportamiento antisocial" hace referencia a determinadas acciones que, estén o no catalogadas en el código penal o legislaciones similares, son inapropiadas porque son lesivas y dañinas para la sociedad, sus miembros y hasta el para el propio actor de la conducta antisocial. En este grupo de comportamientos se incluyen comportamientos vandálicos, acoso en la escuela, agresiones a iguales, auto-lesiones, etc...No todos los comportamientos violentos son delito, ni tan siquiera merecen el calificativo de antisociales, pero la mayoría se incluyen en la categoría de comportamientos antisociales. En resumen, cuando hablamos de violencia juvenil los tres términos anteriores se pueden considerar como sinónimos.

En aras a clarificar el significado de los términos se propone la siguiente definición de violencia, ”forma, modo o manera estratégica de enfrentarse a los problemas y conflictos sociales e interpersonales que se caracteriza por producir consecuencias dañinas y perjudiciales a terceros y/o sus bienes y pertenencias”. Una excepción a esta definición la representa la llamada violencia auto-dirigida en forma de auto-lesiones y suicidio. Esta definición es aplicable a la ejercida por los jóvenes. Además, abundando en la distinción entre violencia adulta y juvenil hay que considerar que ésta última incorpora un componente evolutivo, que hace referencia al tiempo, a lo largo del cual tanto se puede estabilizar la conducta violenta como incrementarse o desaparecer.

La violencia es algo más que un simple comportamiento instintivo, reactivo e imprevisto, la mayoría de las veces responde a una estrategia genérica dirigida a resolver un conflicto o problema, que a veces es creado por el propio agresor. Es habitual confundir la agresión con la violencia, sin embargo en términos psicológicos, la violencia no se debe considerar simplemente una respuesta. La violencia implica un conjunto de respuestas y acciones encaminadas a una finalidad concreta que tiene consecuencias dañinas o lesivas hacia las personas, los animales y las cosas. Naturalmente que podemos analizar la estrategia violenta en sus componentes mas simples: la violencia doméstica podemos desmenuzarla en los componentes de: amenaza física, insultos, empujones, etc... y cada uno de estos elementos implica una acción o respuesta concreta, sin embargo la violencia es todo el conjunto de acciones organizado en el tiempo y con una finalidad de hacer daño o lesionar a otros. Podemos discutir si la persona que ejerce la violencia sobre otra quería hacer daño o simplemente dominar a la agredida, si era consciente de las consecuencias, si lo hizo con total resolución o se "dejo llevar" por la ira, etc.. en cualquier caso es conveniente distinguir entre violencia y agresión.

La juventud hoy se caracteriza por ser un grupo social muy importante, al menos, estadísticamente. Los jóvenes actualmente retrasan su incorporación al mercado laboral, alargan su periodo formativo y abandonan tardíamente el domicilio paterno y por tanto, la independencia personal es muy tardía. ¿pero cual es el rango de edad que delimita la juventud?. Actualmente hay una extendida tendencia a alargar, casi de forma indefinida, el periodo de la juventud. Así muchos chicos y chicas con más de 30 y 35 años todavía son considerados jóvenes, especialmente si aún no han formado una familia independiente. Esta extensión del concepto no es útil para comprender la realidad de fenómenos tales como la violencia juvenil. Conviene delimitar el significado de "joven" para entender la importancia de ciertos factores relevantes en la violencia juvenil. Así, en un criterio amplio podemos decir que los jóvenes se sitúan entre los 12 y los 29 años; mientras que en un criterio más riguroso podríamos situar los límites entre los 14 y los 25 años.

Dado que los conflictos surgen en casi todas las interacciones que los individuos humanos tienen a lo largo de su vida, con otros individuos, con las organizaciones y los sistemas sociales, la violencia puede aparecer en todos y cada uno de los momentos del desarrollo vital en relación con todos sus interlocutores: padres, iguales, maestros, parejas, grupos, entidades, etc.... de ahí que la violencia aparezca con múltiples formatos y tipos. Lo que une a todos estos tipos es que son las personas quienes la ejercen y que siempre tienen una finalidad más o menos patente y consciente por parte del agresor.

La violencia es un fenómeno natural y social, ya que en los humanos “social” y “natural” no son antónimos, como a veces se presentan, sino que son conceptos superpuestos. Y esto es así porque la violencia surge en los conflictos habituales y de la vida cotidiana. En el caso de los jóvenes también sucede así. La violencia que sufren y/o producen los jóvenes se ve limitada, como es de esperar, a todos los entornos, contextos y situaciones donde viven y desarrollan su actividad cotidiana: familia, escuela, compañeros, pares o grupo de iguales, trabajo, ocio, etc..

Comprender la violencia juvenil, como cualquier otro fenómeno social, requiere una combinación de "disección analítica" de los factores que la provocan y "una interpretación global" de los factores que, tratados individualmente han demostrado empíricamente, tener un papel destacado en la génesis, mantenimiento y causalidad inmediata del acto violento. Así si analizamos un homicidio cometido por un adolescente es ridículo pensar que la "causa", la única, real y verdadera causa es, por ejemplo el visionado sistemático de series de televisión violentas, una reacción de celos, el haber sido maltratado por los padres o un deseo "de ser conocido públicamente". La realidad es mucho más compleja y en estos casos suelen encontrarse más de una causa: individual, de crianza, socioambiental, etc.. que han actuado a lo largo del tiempo, simultáneamente y de forma interactiva. Pensemos en el efecto que, sobre un pre-adolescente con un nivel de inteligencia medio-bajo, afectado en la infancia por un trastorno de déficit atencional con hiperactividad y sin apenas supervisión paterna, puede tener la práctica habitual de video-juegos de contenido violento. Ninguna de estas razones, por sí sola es un buen predictor de comportamientos violentos juveniles, sin embargo su combinación, mediada por la duración temporal de la misma, si que la tiene. Todos los razonamientos, los procedentes de la investigación actual y el propio sentido común, indican que la presencia de un solo factor de riesgo en un individuo nunca es la única razón de futuros comportamientos violentos ni antisociales. La combinación múltiple de las características individuales y situacionales es la que contribuye a la génesis y desarrollo de las conductas antisociales y violentas. Los estudios sugieren que esta confluencia, de ciertos factores de "riesgo" y de los factores protectores tienen la justificación última de la violencia.

Un último y breve comentario acerca de las relaciones entre violencia juvenil y salud mental. Un tema importante, que cada vez adquiere mayor relevancia, es el que relaciona la violencia juvenil y la salud mental. Es un tema que no es fácil de tratar ya que las relaciones entre violencia y salud mental enseguida caen en el tópico de considerar que "todos los violentos son enfermos mentales o que los enfermos mentales, todos, son violentos" y naturalmente esto es un grave error de generalización. Pero también lo es lo contrario, es decir, considerar que los jóvenes afectados por trastornos mentales no pueden ser violentos. La realidad epidemiológica nos indica que entre los delincuentes jóvenes, especialmente aquellos que cometen delitos graves, entre un 25 y un 30% tienen algún tipo de trastorno mental. En recientes estudios longitudinales realizados en USA se ha encontrado que un 15% de chicos jóvenes delincuentes tenían trastorno mental y que aproximadamente un 30% de los jóvenes que presentaban trastorno mental, tenían un historial delictivo.

Entender, todos y cada uno los aspectos que hacen a la “violencia y delincuencia juvenil” es, sin lugar a dudas, el punto de partida para la formulación de “políticas efectivas” en el corto, mediano y largo plazo, y no sólo, y como muy lamentablemente ha venido ocurriendo en el seno de nuestra sociedad con más frecuencia de la deseada, de “políticas efectistas”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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