¿EUTANACIA O MUERTE DIGNA?

Consideraciones generales y tratamiento del tema en el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación
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Desde la entrada en vigencia del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, en el mes de Agosto de 2015, mucho se a escrito y comentado sobre sus alcances, sobre todo en lo que concierne a Derecho de Familia, Derecho Sucesorio, contratos, etc. Pero hay otros aspectos que sólo han sido tratados en ámbitos netamente académicos, y que inciden de manera directa o indirecta en nuestras vidas. Me estoy refiriendo, específicamente, a las modificaciones introducidas por el nuevo ordenamiento jurídico a la ya existente ley argentina sobre “muerte digna”.

Es indudable que el primordial derecho que puede asistir hoy a todo ser humano es el de la vida, pero cuando se ve afectado por unas condiciones de salud lamentables, que llevan a quien las padece a verse en una situación en la cual se ve recluido en una unidad de cuidados intensivos, de la cual no se sabe si saldrá, donde su existencia está en la cuerda floja, donde puede existir una salida irreversible, donde la existencia dependerá en el futuro de medios extraordinarios, conectado a maquinas como el respirador artificial, cabe preguntarse si se está cuidando la vida o prolongando la agonía que nos puede llevar a la muerte. En un momento así... ¿EUTANASIA? ¿MUERTE DIGNA?

La vida humana termina con la muerte, es un hecho inexorable y certero. Todos los seres vivos, en algún momento de su historia, fallecerán, esa es la “ley de la vida”. Pero no siempre morimos como queremos o como debemos. En los últimos años de nuestra vida, una externalidad ajena a nosotros se nos instala encima desconsiderándonos y nos obliga a reflexionar sobre esto. ¿Somos los seres humanos realmente los titulares de los derechos? Si esto es así ¿tengo a derecho a elegir como quiero morir? En respeto a mi individualidad y a mi dignidad humana ¿pueden otros decidir por mí?

Hasta hace unos pocos años un ser humano estaba vivo o estaba muerto, las cosas eran muy claras, pero esa claridad hoy ya no es tal debido, entre muchas cosas más, a la institucionalización de la prolongación de la agonía como paso intermedio entre la vida y el óbito. De tal manera que, debido a estos procesos, la cuestión de nuestra muerte se ha complicado más allá de lo que suponemos.

Al tratar el tema de diagnóstico de muerte, es fundamental referirse al concepto del hombre como persona. Se considera en particular la situación del diagnóstico de muerte de pacientes con tratamientos intensivos, muerte asistida, muerte intervenida, que coloca al equipo médico tratante ante la necesidad de decidir conductas que tienen fundamento no sólo científico, sino ético y antropológico.

El coma profundo y los denominados estados vegetativos, requieren tratamiento. El paciente no está muerto. El estado vegetativo es un cuadro clínico intermedio con coma inicial, injuria cerebral variable, sin poder hablarse de muerte; puede haber pérdida de funciones córticocerebrales superiores, pero funcionamiento del tronco encefálico. El caso paradigmático fue el de Karen Quinlan en 1975, que planteó a nivel mundial por primera vez un problema de este tipo, el cual fue considerado por la familia y la justicia tomando como punto de partida para las decisiones el tema de los tratamientos ordinarios o extraordinarios contenidos en la disertación de 1957 de S.S. Pío XII.

Los Quinlan eran una familia católica de origen irlandés, residentes en Nueva Jersey, fueron asesorados por su asistente espiritual y confesor y por el Obispo. El argumento ético y legal para mantener solamente tratamientos ordinarios llegó hasta la Suprema Corte de los EE.UU. que definió la posibilidad de retirar terapias de apoyo y sostén, manteniendo criterios ordinarios o proporcionados de atención. Autorizada esta medida, la joven fue retirada del sector hospitalario de enfermos agudos y vivió algunos años más en un hospital de crónicos. Fue un antecedente judicial, apoyado en una interpretación ético-médica de la situación, que sentó jurisprudencia prudente y antecedente médico sobre las medidas extraordinarias de tratamiento de acuerdo al paciente, lugar y tiempo y, por otra parte, contra el abandono de enfermo y eutanasia por omisión.

El Estado Vegetativo Prolongado tiene preservada la función respiratoria, puede existir despertar y reversibilidad, vivir unos meses o años y morir por alguna situación intercurrente. Son los casos clínicos más complicados para tomar decisiones, ya sea para continuar tratamientos de sostén, tratamientos ordinarios, o para suspenderlos y esperar la respuesta, que en muchos casos es la muerte. En estas situaciones complejas, la decisión asistencial no sólo deriva de criterios científicos, sino de dos maneras de considerar los datos neurológicos basados en dos antropologías diferentes que fundamentan la existencia de la persona humana.

Según la forma en que se interprete, si el paciente es persona humana o ha dejado de serlo, serán las actitudes médicas que entran en conflicto.

Criterio Ontogénico: Esta teoría considera que desde el embrión, hasta el nacimiento y la lactancia, se establecen cuatro fases evolutivas del ser humano: a) organismo o conjunto multipotencial de células que conforman el embrión; b) individuo biológico, o feto en desarrollo perteneciente a la especie humana; c) ser humano en el momento de producirse el nacimiento; d) persona al desarrollar cualidades de relación, identidad, integración social, comunicación, afectividad, etc.

Con el mismo razonamiento, pero a la inversa, el adulto o el enfermo que pierde estas cualidades propias de la persona humana, deja de serlo: el coma profundo, el demente, el síndrome vegetativo persistente. Retrogradan en su estado evolutivo desde “persona” hasta “organismo”. La injuria de la corteza cerebral irreversible que hace perder las funciones cognitivas superiores propias de la naturaleza humana, sería definitoria para declarar que ese organismo biológico que aún respira, quedando vivo el cuerpo, ha dejado de ser persona y, por lo tanto, se puede prescindir de no continuar tratamientos. Por esta razón, se propone establecer un límite convencional a la atención médica y/o respetar las preferencias y decisiones anticipadas del paciente provenientes de su decisión basada en su autonomía como persona.

El criterio ontogénico avala “un replanteo sobre la, hasta hoy indiscutible, inviolabilidad del valor vida cuando se atiende con exclusividad a la vida biológica”. “El reconocimiento de la necesidad de acordar convencionalmente el diagnóstico de muerte cerebral fue la primera señal de que en determinadas circunstancias debía ponerse fin al sostén externo de algunas funciones vitales”. El daño irreversible de la corteza afecta la conciencia, la afectividad y la comunicación; esto se interpreta como la auténtica desaparición de la identidad del organismo como persona. Ha quedado vivo el cuerpo, es un organismo, pero no es persona y se puede proceder a limitar su sostén y tratamiento. Para otros, la muerte exclusiva de la corteza cerebral, propia de estados vegetativos, no se considera como muerte del individuo, razón por la cual, aún en esa situación, es persona.

Criterio ontológico o metafísico: Para la interpretación personalista, la vida humana comienza en el momento de la fecundación, unión de los gametos sexuales masculino y femenino, ovocito y espermatozoide. El inicio del desarrollo del embrión es el comienzo de la vida de un nuevo ser de la especie humana, con carga genética proveniente de los aportes de cada uno de los gametos; un ser humano con un genoma propio, distinto de sus progenitores, real e irrepetible hasta su muerte. El embrión existe y se desarrolla de acuerdo a un programa individual y autónomo proveniente del genoma, continuo, sin interrupción a través de formas distintas, coordinado y gradual.

La interpretación ontológica se basa en la existencia de un ser en sí, considerado persona, sujeto real que resulta una unidad sustancial. La persona, según la clásica definición de Boecio es “sustancia individual de naturaleza racional”. La sustancia hace que algo sea lo que es, distinto de los demás e irrepetible. La persona es un ser que existe por sí mismo, es subsistente. El ser por sí mismo, desde la concepción hasta la muerte, la capacidad racional y la inteligencia implican una dignidad intrínseca por el sólo hecho de ser hombre, de lo cual derivan sus derechos. Esta interpretación es fundamental, porque no se es persona por sus atributos o funciones: conciencia, interrelación social, lucidez, inteligencia, sensibilidad, afectividad, etc. “El ser humano es persona en virtud de su naturaleza racional”, no se hace persona en virtud del ejercicio de sus funciones sino de su naturaleza.

La ausencia, ya sea por no actuación o privación de las propiedades o funciones (persona en coma, persona con pérdida de sus facultades mentales, etc.), no niega la existencia de la persona ni, por lo tanto, su dignidad y sus derechos como paciente, entre ellos a respetar su vida física, no ser abandonado, ser asistido y tratado de acuerdo a sus dolencias, y no matarlo.

En general, eutanasia significa el hecho de provocar una muerte fácil y sin dolores a un paciente que está próximo a morir por causa de una enfermedad terminal. El mismo paciente puede inducirse la muerte sin el conocimiento ni la cooperación de otras personas. Puede también ser provocada por otros a petición del enfermo o con su consentimiento. En todos estos casos se habla de eutanasia voluntaria. Si se causa la muerte contra la voluntad del paciente o sin su conocimiento, hablamos entonces de eutanasia involuntaria.

La eutanasia puede ser discutida, también, como el derecho de los seres humanos a elegir sobre su muerte cuando esto es posible. Se aplica básica y estrictamente a aquellos que están sufriendo un proceso terminal debido a una enfermedad o accidente y cuyo pronóstico vital es negativo. Las discusiones en relación a este tema comprende enmarcarlas en varias dimensiones:

a) Política en tanto es obligación de los Estados promulgar legislación que contemplen las apreciaciones y solicitudes de sus ciudadanos.

b) Jurídica en tanto la sanción de los derechos incumbe necesariamente un nivel específicamente legal.

c) Social en tanto se trata de una decisión individual pero con consecuencias sociales y que involucra a terceros.

d) Cultural en la medida en que las apreciaciones sobre la muerte, propia y ajena, tienen un origen cultural.

En tanto, la “muerte digna” es la muerte que, deseada por una persona, se produce asistida de todos los alivios y cuidados paliativos médicos adecuados, así como con todos los consuelos humanos posibles. En otras palabras; una muerte digna es el hecho y el derecho a finalizar la vida voluntariamente sin sufrimiento, propio o ajeno, cuando la ciencia médica nada puede hacer para la curación de una enfermedad mortal.

Este Derecho a morir dignamente ha sido reconocido por el Consejo de Europa, en su recomendación 1418 sobre la “Protección de los Derechos Humanos y la Dignidad de los Enfermos Terminales y Moribundos”.

Finalmente, como decía al comenzar esta nota, el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación también se ocupa del tema que estamos tratando en los siguientes términos:

Artículo 59: “El consentimiento informado para actos médicos e investigaciones en salud es la declaración de voluntad expresada por el paciente, emitida luego de recibir información clara, precisa y adecuada, respecto a:....inciso g) en caso de padecer una enfermedad irreversible, incurable, o cuando se encuentre en estado terminal, o haya sufrido lesiones que lo coloquen en igual situación, el derecho a rechazar procedimientos quirúrgicos, de hidratación, alimentación, de reanimación artificial o al retiro de medidas de soporte vital, cuando sean extraordinarios o desproporcionados en relación a las perspectivas de mejoría, o produzcan sufrimiento desmesurado, o tengan por único efecto la prolongación en el tiempo de ese estadio terminal irreversible e incurable”.

Artículo 60: “La persona plenamente capaz puede anticipar directivas y conferir mandato respecto de su salud y en previsión de su propia incapacidad. Puede también designar a la persona o personas que han de expresar el consentimiento para los actos médicos y para ejercer su curatela. Las directivas que impliquen desarrollar prácticas eutanásicas se tienen por no escritas”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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