AL FIN Y AL CABO "LA SANGRE TIRA"

Como decía el General: "En Argentina son todos personistas"
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Desconozco como y porque la frase "Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago" empezó a engrosar nuestra amplia fraseología patria, pero sí se que se la atribuyen al gremio de la sotana pues les viene como anillo al dedo. Predican la castidad, el ayuno, la pobreza, la frugalidad, la caridad , aunque algunos de sus miembros, en contra de su prédica, se empeñan en practicar todo lo contrario: la gula, el lujo, la lujuria, la avaricia, la pedofilia etc etc. Pero no solo a la curia le viene bien la frasecita sino que al peronismo le cae tan bien o mejor que a los pastores de almas.

Y hago expresa alusión al peronismo, porque, como decía el viejo General, “al fin y al cabo, en Argentina, somos todos peronista”. En realidad, Perón se estaba refiriendo a esa gran masa de personas que conforman el “Movimiento”, ya que ayer, una vez más, ha quedado demostrado que kirchnerismo, Frente Renovador y Justicialismo no son más que partes de un todo que se funden dentro de ese gran crisol que es el peronismo.

Decir una cosa y hacer otra es uno de los mejores ejemplos de hipocresía que existe. Y, si se trata de ser hipócritas, en el peronismo son todos expertos.

Durante más de una década sostuvieron, a rajatabla, un relato, sin importar consecuencias. Se mantuvieron en él, con la fuerza de la mayoría que ostentaban, avasallando la institucionalidad republicana que decían defender.

Cuando el kirchnerismo fue gobierno, mantuvo una posición imperturbable frente a los cientos de reclamos, en su gran mayoría surgidos desde el mismo seno de las diferentes vertientes del movimiento peronista, que pedían a gritos la modificación del Impuesto a las Ganancias.

Habiendo gobernado al país durante una de las etapas de mayor crecimiento económico de la historia, con cifras record en cuanto a superavit fiscal, no se inmutaron ante las desigualdades de un impuesto que grava rubros tan delicados como son los salarios de los trabajadores, mientras que la renta financiera y el juego, que no son precisamente ganancias que puedan obtener los humildes, estuvieron fuera de toda discusión.

Ahora, que el peronismo no es gobierno, entonces sí se animan a hablar y ha presentar proyectos en el Congreso Nacional para la modificación de este impuesto. Proyectos que van a costarle al gobierno de “Cambiemos”, y, en definitiva, a todos los argentinos, la friolera de 60 mil millones de dólares. Una cifra impresionante en el delicado contexto actual de la economía nacional.

Con Axel Kiciloff a la cabeza, secundado por ese “camaleón político” que es Sergio Massa, en lo que se creía que iba a ser una sesión maratónica de la Cámara de Diputados, en la que se trataría el proyecto oficialista, mediante el uso de chicanas y componendas políticas que tanto gustan a los que piensan que en nuestro país no puede existir ni subsistir otro tipo de gobierno que no sea el que provenga de cualquiera de las variantes del peronismo, se dio media sanción a un proyecto acuñado por ese ministro de Economía del kirchnerismo que durante su gestión no dudó en criticar como desestabilizante lo que ahora declama como justo e igualitario.

Si bien todos sabemos que la corrupción mata, la ingenuidad política también mata. Y en esto de ingenuidad, lamentablemente, “Cambiemos” lo está padeciendo.

Pensar que Sergio Massa, con todo su historial de idas y venidas, de marchas y contra marchas, por todos los carriles de la autopista política nacional, se va a mantener fiel a una posición, es pecar de un muy deficiente análisis y una alta cuota de ingenuidad.

Creer que este “gran oportunista” va a perderse, valga la redundancia, la “oportunidad” de quedar como el héroe de la película, como el artífice de un reclamo que los mismos miembros del actual gobierno venían haciendo en tiempos de los “K”, pero sin tener en la mano los elementos de información verdadera, sino, todo lo contrario, los falsos números dibujados por los propios kirchneristas, es caer en el juego que más lo beneficia.

Por que, y esto quiero resaltarlo, es absolutamente cierto que el reclamo por una más coherente y equitativa aplicación del Impuesto a las Ganancias fue hecha por casi todo el arco político opositor a la entonces administración kirchnerista. Pero, como dije antes, en ese momento ninguno de los actores políticos que se encontraban en la vereda de en frente del kirchnerismo conocían en profundidad y con exactitud la gravedad de los números de nuestra economía.

Muy por el contrario, la actual oposición al gobierno de “Cambiemos”, cuando fue oficialismo, sí sabía en dónde se estaba parado y hacia qué peligroso lugar nos dirigíamos. Sin embargo, pese a la información con la que contaban, nada hicieron o, mejor dicho, frenaron cualquier intento por modificar una gran inequidad.

Muchos amigos y conocidos, que saben la pasión que profeso por la política, en más de una oportunidad me han dicho que la política es sucia. Y yo siempre he contestado, y hoy más que nunca lo sostengo, que la política no es sucia, sino que existen políticos sucios que hacen política, que se nutren de ella y que se prenden como garrapatas para extraer pingues beneficios, en la mayoría de las veces, de carácter personal y de índole material.

Es lamentable hacer este tipo de reflexiones en una sociedad que tanto ha padecido por culpa de la falta de escúpulos de su clase dirigente. Es lamentable tener que admitir que los grandes males que se sufren a diario son derivación directa de la mezquindad y de la gran sed de poder que ostentan muchos de los políticos que ocupan bancas en el Parlamento Nacional.

Pero, como me gusta pensar de manera positiva, creo que quizá el revés sufrido por el oficialismo en el día de ayer pueda obrar como una lección dolorosa que debe aprender: nunca más fiarse de las vanas promesas de aquellos que no pueden sostener sus actuales vidas y discursos cuando se los enfrenta con el archivo de la historia.

Así como es fundamental en la vida del ser humano la tolerancia a la frustración, sobre todo en la primera infancia, porque ayuda a sobreponerse y a imaginar recursos con los que afrontar el futuro, esta misma tolerancia es la que tiene que impregnar a todo el oficialismo para, en primer lugar hacerse fuerte en los momentos difíciles, en aquellos en los que se les caigan proyectos como el de ayer, y en segundo lugar para acumular una experiencia de la que obviamente carecen y, de esa manera, adelantarse, como en el ajedrez, a los encierros que con absoluta seguridad el peronismo le va a proponer.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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