LA "CONDICIÓN POSHUMANA"

Reseña del libro de Santiago Koval

La condición poshumana. Camino a la integración hombre-máquina en el cine y en la ciencia” aborda los encuentros y desencuentros entre los seres humanos y las máquinas para pensar los adelantos tecnológicos. Para ello, el autor, Santiago Koval, propone una doble vía: a través del imaginario de la ciencia y del cine.

En una primera parte (“Clima Científico”), se aborda lo relativo al discurso de la ciencia y los adelantos tecnológicos que permiten pensar lo “tecnológico realizable” y lo “tecnológico concebible” como una compleja relación que incluye pensamientos previos a la materialidad tecnológica desde una dimensión mitológica y discursiva. Mediante las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), y teniendo en cuenta que el aumento cuantitativo de elementos tecnológicos que permiten mayor nivel de integración tecnológica, sobre todo a partir de la década de 1970, la realización material de viejos sueños científicos llevaría a un salto cualitativo que cambiaría la condición del ser humano y de la máquina.

En una segunda parte (“Clima Imaginario”), Koval hace una lectura de distintos filmes para abordar la problemática de la relación del ser humano con la máquina. Sin lugar a dudas, el cine es un vehículo fundamental del imaginario tecnológico y permite representar adelantos existentes o posibles teniendo en cuenta la realidad tecnológica circundante y las posibilidades que brindan las tecnologías de la imagen y el sonido.

Estos abordajes son realizados mediante una clasificación original, que diferencia dos tipos de articulación entre los seres humanos y las máquinas. La primera de ellas, la “integración endógena”, incluye la lógica de construcción extensiva, buscando potenciar las capacidades del hombre en una tendencia hacia la maquinización o mecanización del ser humano: “el humano tiende a la máquina y deriva en el hombre mecánico” –aquí encontramos a los ciborgs. La segunda, la “integración exógena”, es el resultado de una lógica mimética, mediante la cual se busca reproducir la naturaleza del organismo humano: se trata de la “humanización de la máquina” por medio de la cual “la máquina tiende al hombre y deriva en máquina humana” –donde encontramos a los robots.

A partir de esta diferencia fundamental en relación a la condición ontológica de la entidad original, Koval propone una lectura de diversos filmes siguiendo esta clasificación. En cada uno de los apartados se describe brevemente al personaje o la circunstancia que ameritaría ser analizada en relación a una integración endógena o exógena del ser humano con la máquina.


El título del libro que nos ocupa, “La condición poshumana”, nos remite directamente a hablar de “La condición posmoderna” (Lyotard, 1984), mediante la cual se supone el fin de los metarrelatos que enunciarían una verdad.

Si bien el término “posmoderno” recibió algunas críticas en función de que no se trata de un cambio radical de estructuras, como la ruptura de la Edad Media hacia la Edad Moderna, de todas maneras nos permite pensar en la Verdad de la Razón Moderna, que queda diluida en la estructura del lenguaje. En el clima de época posmoderno se incluye la pregunta por la verdad y por el saber, sobre todo en el discurso científico:

La pregunta, explícita o no, planteada por el estudiante profesionalista, por el Estado o por la institución de enseñanza superior, ya no es «¿es eso verdad?», sino «¿para qué sirve?» En el contexto de la mercantilización del saber, esta última pregunta, las más de las veces, significa: «¿se puede vender?» Y, en el contexto de argumentación del poder «¿es eficaz?» Pues la disposición de una competencia performativa parecía que debiera ser el resultado vendible en las condiciones anteriormente descritas, y es eficaz por definición. Lo que deja de serlo es la competencia según otros criterios, como verdadero/falso, justo/injusto, etc., y, evidentemente, la débil performatividad en general”.

Como plantea Lyotard, la cuestión de la utilidad y de la eficacia se convierte en el centro de la cuestión en un contexto de mercantilización. Los filmes sobre la integración del ser humano y de la máquina lo siguen al pie de la letra. En los casos analizados, se pueden ver a los ciborgs y robots creados con una finalidad específica que relaciona utilidad y costo: la ayuda doméstica, la mano de obra, la habilidad para la guerra, etc.

Sin embargo, estos aparatos tecnológicos no son meros instrumentos comercializables, sino que median representaciones con lo imaginable y lo posible o, en palabras de Koval, entre lo realizable y lo concebible.

La misma función puede articularse con respecto al cine, que puede ser considerado un ordenador imaginario de las ideas. A través de la narrativa cinematográfica, uno de los aportes de la modernidad, podemos ver un movimiento dialéctico entre las cuestiones sociales que determinan eventos científicos, y viceversa. A su vez, el cine produce eventos científicos y sociales en relación a lo que muestra en pantalla, vehiculizando el imaginario tecnológico y representando el “clima imaginario” producido por las TIC. Lo posible y lo imaginario se alimentan mutuamente. ¿El discurso del cine absorbe los cambios científicos y también los promueve? Esta doble espiral produce la sensación de retroalimentación entre los movimientos sociales, la tecnología y el cine, como si cada uno de los tres se alimentaran de las ideas de los demás, con el objetivo de buscar nuevos horizontes narrativos frente al fin de los metarrelatos de la posmodernidad.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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