Ganadores y perderdedores del primer año de Macri presidente

NACIONALES 02/12/2016
Parte del agro, los bancos y los servicios públicos salieron beneficiados en un año "para el olvido", según los especialistas. El consumo, la construcción y la industria fueron, sin duda, los más perjudicados.

Pocos sectores lograron zafar del contexto recesivo general de este año. Una parte del campo y sus proveedores, los bancos y los servicios públicos encabezan la lista de ganadores. En el otro extremo, el consumo masivo, la industria automotriz y la construcción fueron los principales perjudicados. Se esperaba más de las economías regionales, el turismo y la minería, que tuvieron desempeños decepcionantes. La buena noticia es que, para casi todos los sectores, se prevé que el año que viene sea mejor.

Para describir lo sucedido y anticipar las perspectivas de 2017, El Cronista contactó a los economistas Marcelo Capello, presidente del IERAL de la Fundación Mediterránea, Alejandro Ovando, director general de IES Consultores, Matías Surt, economista jefe de Invecq, y Eduardo Fracchia, director de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral. Coinciden en que 2016 debe ser visto como un año de transición, caracterizado por el reacomodamiento de variables.

Diagnóstico general

Capello destaca que dos factores impactaron en 2016 sobre el consumo y la producción: uno, endógeno, la devaluación del peso oficial y la consecuente suba de la inflación, que hizo caer los salarios reales. Y otro, exógeno, la recesión brasileña, que provocó la contracción de las exportaciones de manufacturas de origen industrial.

Quizás las expectativas para este año eran demasiado altas. En 2016, el Gobierno "logró evitar un nuevo colapso tras varios años de incremento de los desequilibrios macroeconómicos que la pusieron en riesgo", enfatiza Ovando.

"La economía cerrará 2016 con una importante recesión", plantea Fracchia, quien prevé que la caída del PBI se ubique en torno al 2%. En este marco, el comportamiento de los sectores fue, en general, contractivo. "La devaluación suponía una mejora para los sectores productores de bienes transables pero el tipo de cambio real fue bajando por la inflación y no hay casi ventajas en esta variable", describe Fracchia.

Aunque la caída de la actividad fue generalizada, hubo distintos desempeños sectoriales que se sintetizan a continuación.

Los que zafaron

Parte del agro, bancos, servicios públicos entran en esta categoría.

Con el cambio de reglas de juego, los analistas coinciden en que parte del sector agropecuario y sus proveedores, como los productores de fertilizantes y de maquinaria agrícola, fueron los principales ganadores de 2016 y seguirán en terreno positivo en 2017.

"La liberación del tipo de cambio, la baja de las retenciones y la eliminación de las restricciones comerciales generaron fuertes beneficios en el sector agropecuario, que se verán en forma plena a partir de 2017, con una cosecha nueva y con el avance de los stocks pecuarios", describe Ovando. Esta mejora se extendió a los sectores proveedores, como la producción de maquinaria agrícola y agroquímicos y los servicios. "El agro pampeano es un ganador gracias a la reducción de retenciones y la soja sigue siendo un sector dinámico de la economía", concuerda Fracchia.

"El agro tradicional de la zona núcleo es el gran ganador del año", coincide Surt. La suba del tipo de cambio (de algo más del 60% desde la eliminación del cepo), la eliminación y reducción de retenciones y la quita de los registros de exportación (especialmente para el trigo) recompusieron o aumentaron la rentabilidad del sector. El tipo de cambio efectivo, teniendo en cuenta la modificación de las retenciones, aumentó un 80% interanual para la soja, casi 110% para el maíz y un 115% para el trigo respecto de 2015.

Sin embargo, advierte Surt, las ganancias del sector también sufrieron impactos negativos, por parte de los precios internacionales y del aumento de los costos internos, con una inflación anual promedio de 40% e insumos importados, afectados por el ajuste cambiario.

A lo largo del año, los precios se mostraron muy positivos para la soja, algo negativos para el maíz y muy negativos para el trigo (-25%). Un índice combinado de precios internacionales, tipo de cambio, inflación y retenciones elaborado por Invecq muestra que una tonelada de maíz cosechada y comercializada tiene actualmente un poder de compra superior en un 25% a una de la campaña pasada. Para una tonelada de soja, esta mejora fue del 30%. En el caso del trigo, a semanas de comenzar la nueva cosecha, la comparación también arroja un saldo positivo aunque menor, del 10%, en el poder de compra de una tonelada del cereal con respecto a noviembre de 2015. De todos modos, si se tiene en cuenta que, dados los registros de exportaciones (ROE) y otras trabas burocráticas, los productores recibían un precio considerablemente menor al teórico, la ecuación es más positiva para el maíz y el trigo. "Esto explica que se esté por levantar una cosecha de trigo de un 32% superior a la del año pasado, aún con fenómenos climáticos adversos", concluye Surt.

Más allá del campo, el trazado de un plan energético y la actualización de las tarifas cambiaron el panorama de los servicios públicos, que recibieron incentivos importantes para empezar a normalizar la provisión de sus prestaciones. "Ello incluye los nuevos proyectos en energía térmica y renovable que empezarán a ser operativos a partir de 2017/18", anticipa Ovando.

Por otra parte, la normalización de la deuda y las altas tasas de interés hicieron que los servicios financieros registraran un buen nivel de rentabilidad este año, a pesar de la caída de la demanda de créditos. "Esta situación cambiaría a partir de 2017, cuando la baja de la tasa de interés y de la inflación reduciría los spreads y obligaría a los bancos a salir a competir de manera más agresiva en el mercado para compensar la caída de la rentabilidad unitaria", adelanta Ovando.

Los biggest losers

Entre los segmentos menos beneficiados, figuran el consumo, la construcción y la industria. La caída de los salarios reales golpeó al consumo masivo (la venta en supermercados acumula una caída cercana al 7% en 2016). También, junto con la mayor tasa de interés real y menor disponibilidad de crédito, repercutió sobre la construcción, que cae este año a dos dígitos. "A ello también contribuyó la menor ejecución de obra pública del primer año del nuevo gobierno", describe Capello.

Por otra parte, la caída de las exportaciones hacia Brasil afectó principalmente a automóviles y autopartes.

"El aumento de la incertidumbre y de las tasas de interés y la caída de los salarios reales impactaron negativamente en el consumo, tanto de bienes básicos como durables", plantea Ovando. El retroceso de la obra pública y el incremento de la incertidumbre afectaron a la construcción, que también se vio perjudicada por la caída de la inversión petrolera, ante el retroceso de los precios internacionales. En tanto, el sector industrial fue perjudicado por el retroceso del mercado interno, la parcial apertura de los mercados de importación, la caída de la capacidad de consumo de las familias y la merma de la demanda de Brasil de automotores.

"Si bien en los últimos meses parece vislumbrarse una suavización de la caída del consumo, impulsada por distintas medidas del Gobierno y por la desaceleración inflacionaria, 2016 fue un año para el olvido", considera Surt. En 2017, la recuperación del poder adquisitivo salarial (proyectada en al menos 4 ó 5 puntos según Invecq) permitirá recobrar parte de lo perdido este año.

Otro sector perdedor fue el automotor, dependiente de Brasil, país que vivió su peor recesión en décadas. Mientras los patentamientos crecen a buen ritmo, la producción aún sigue mostrando números rojos porque la mayor parte de la demanda argentina se satisface con autos producidos en Brasil y la demanda brasilera (con dos o tres años de caídas acumuladas), con autos argentinos. Para 2017, se espera una débil recuperación de Brasil (de 0,9%, según proyecciones oficiales). "Con solo detener la caída, la comparación interanual mostraría números menos preocupantes que los de este año", sostiene Surt.

Los que decepcionaron

Otros sectores tenían perspectivas positivas pero no lograron crecer: las economías regionales, la construcción (ya mencionada como uno de los sectores de peor desempeño), el turismo y la minería. En las economías regionales, "la baja de los derechos de exportación y una suba insuficiente del tipo de cambio no permitieron una recomposición de la rentabilidad afectando el normal desempeño por su menor nivel de competitividad", describe Ovando. Además, lácteos, vinos, azúcar, frutas y hortalizas también se vieron afectados por el contexto internacional y las dificultades climáticas, que redujeron fuertemente la oferta disponible.

El turismo se vio perjudicado por la caída de la demanda de Brasil y un dólar aún apreciado, que provocaron retrocesos en las llegadas de viajeros internacionales y en la ocupación hotelera. En tanto, la minería, a pesar de la quita de retenciones, fue impactada por un contexto internacional poco propicio, evalúa Ovando.

A pesar de las medidas positivas, 2016 fue un año de empate o pérdida para la mayor parte de las economías regionales. "Si bien las economías regionales se vieron beneficiadas por el reajuste cambiario y la eliminación de retenciones, enfrentan condiciones estructuralmente más adversas por su menor competitividad sistémica, altos costos logísticos, caída en los precios internacionales y una menor demanda internacional", enfatiza Surt. Muchos destinos de exportación de los productos regionales atraviesan una coyuntura muy complicada, como Rusia, Venezuela y Brasil. En 2017, la suerte del sector dependerá de un mejoramiento en las condiciones externas: precios internacionales y demanda de los principales consumidores.

Se esperaba que la construcción tuviera un repunte, impulsado por el mayor gasto en obra pública anunciado por el Gobierno. Sin embargo, advierte Surt, los números hasta el momento muestran un importante deterioro del sector, principalmente en la primera parte del año, con grandes pérdidas de empleo que comenzaron a revertirse débilmente desde septiembre. "Si se logra aceitar el sistema de licitaciones y las obras comienzan a activarse, el sector tendrá un nuevo despegue a comienzos de 2017 y, si el Gobierno cumple con sus promesas de campaña sobre la inversión en infraestructura, tendrá más que un año de buena racha", anticipa.

Fuente: Cronista

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