LA DESINFORMACIÓN MATA

Fiestas electrónicas: "narcotráfico, violación y muerte"

El festival de Woodstock, cuya fecha de inicio data del 15 de Agosto de 1969, puede considerarse también como el punto de partida para una nueva era resumida en en una simple frase: “sexo, drogas y rock & roll”.

Han pasado más de 45 años desde ese primer festival, y muchas cosas han cambiado en el mundo. La mayoría de esos cambios han resultado en un mundo más pequeño, en un mundo interconectado, con avances tecnológicos que han superado a los relatos más audaces de cualquier libro de ciencia ficción. La vida se ha vuelto mucho más confortable. Hoy se conoce cura para males que a finales de la década de los 60 eran prácticamente mortales.

Pero también existen cambios y avances en los hábitos y en las formas de disfrutar de un ocio que antaño era imposible de hacerlo, que suponen grandes peligros para la salud física y mental de un universo colectivo que siempre va para delante, que no se detiene a sopesar riesgos, que por naturaleza es avasallante. Es el universo de la juventud, que no comporta sino otra cosa que el motor que hace que este mundo, tal y como lo conocemos, siga progresando. Sin embargo, es bien sabido que no todo progreso es, en sí mismo, sinónimo de buen avance.

El progreso trae consigo un sinnúmero de efectos secundarios que es necesario conocer y controlar. Sino, el progreso juega en contra de la humanidad. Con el progreso, también progresan parásitos sociales que se regeneran y adaptan a los nuevos tiempos, mudando de apariencia, cambiando de escenarios, pero conservando siempre la ponzoña venenosa que llevan en sus entrañas.

Las llamadas “fiestas electrónicas” o “fiestas raves” son el Woodstok de este nuevo milenio. Y también, como ese emblemático festival, tienen una frase que las resume: “narcotráfico, violación y muerte”

De la marihuana, cocaína y LCD de la década de los 60 se ha pasado a la sofisticación de las “drogas de diseño” de hoy en día.

Dentro del submundo que se mueve alrededor de estas fiestas electrónicas son muchos los nombres que se conocen para este tipo de “asesino encapsulado”: éxtasis, superman, cristal, hielo, y, últimamente, el más peligroso y letal de todos, éxtasis líquido o GHB.

El GHB o ácido gammahidroxibutírico es la droga empleada por los violadores. Es un poderoso depresor del sistema nervioso central que fue usado durante los años sesenta como anestésico. Sin embargo, el GHB fue retirado del mercado farmaceútico debido a sus efectos secundarios.

El GHB tiene efectos impredecibles en cada persona y por lo general son eufóricos (en dosis bajas) y sedativos (dosis altas), que hacen que esta sustancia sea sumamente peligrosa. Debido a sus características,se usa para llevar a cabo robos o agresiones sexuales, al igual que el Rohypinol o la Burundanga (escopolamina), ya que anula la voluntad de la personas y la convierte en una persona indefensa.

Generalmente, el GHB se presenta en forma de polvo blanco o líquido incoloro e inodoro, con un sabor ligeramente salado, y se distribuye en el mercado ilegal en ampollas pequeñas o viales que a menudo se mezclan con alguna bebida. La mezcla con alcohol es muy peligrosa. La principal complicación del consumo de GHB es la intoxicación aguda. Durante los últimos años se han registrado bastantes casos de coma, y también muertes por su uso.

Tanto el GHB como el Rohipnol o la Escopolamina se usan para facilitar las violaciones realizadas durante una cita o para “drogar” a la víctima en la discoteca y después abusar de ella cuando la sustancia hace su efecto. Ya que el GHB es una sustancia incolora e inodora, es fácilmente vertida en la bebida de la víctima y consumida sin que ésta la perciba. Cuando la droga hace su efecto, incapacita a la víctima e impide que se defienda del ataque sexual. En la actualidad se conoce al GHB como “viola fácil”.

Por lo tanto, el propósito del delincuente sexual es la sedación de la persona de la que va a abusar sexualmente, para disminuir su resistencia o provocar la pérdida total de conciencia de la víctima. Ya que el GHB tiene una vida corta, es difícil encontrar restos en una muestra de orina si ha pasado más de un día. Las victimas frecuentemente suelen denunciar pasado ese periodo, ya que se sienten avergonzadas y, en ocasiones, culpables de lo sucedido.

El GHB es un depresor del sistema nervioso central y se toma por vía oral. Los efectos se inician unos 15 minutos después de la ingesta y duran de 1 a 3 horas. Como ocurre con el alcohol, dependiendo de la dosis produce diferentes efectos.

En estado sólido, con dosis bajas o medias predomina el efecto empático, la euforia o la desinhibición. Con dosis más altas, los efectos se amplifican, y puede darse descoordinación, distorsión visual, relajación profunda y tendencia al adormecimiento. Esto es debido a que el GHB se une al menos a dos clases de receptores neuronales: a dosis bajas se une al el receptor del GHB, que es excitador, y a dosis altas se une también al receptor GABA-B (inhibitorio), que produce los efectos sedantes.

El GHB es especialmente peligroso mezclado con alcohol, combinación que puede conducir al coma y resultar mortal, como ya se ha registrado en infinidad de ocasiones.

Aunque el GHB se fabrica en laboratorio, también se produce en el cerebro (sustancia endógena). Algunas de las concentraciones más altas se encuentran en la sustancia gris, en el tálamo y el hipotálamo cerebral.

Muchos científicos aseguran que actúa como un neurotransmisor, y se le atribuyen varias funciones como la regulación de los ciclos del sueño, la temperatura, el metabolismo de la glucosa cerebral, el flujo sanguíneo, la memoria y el control emocional. Asimismo, tendría una acción de protector neurológico frente a los efectos negativos de la hipoxia y las demandas metabólicas excesivas.

Hace 30 años, un investigador francés sintetizó, por primera vez, en su laboratorio el GHB. Con ello, H. Laborit pretendía averiguar cuáles eran los efectos del GABA, otro potente neurotransmisor, pero se encontró con el inconveniente de que esta sustancia no podía atravesar la barrera de entrada al cerebro.

El GHB es un precursor en el metabolismo del GABA y tenía la ventaja de que sí podía pasar dicha barrera hematoencefálica. Laborit sólo tuvo que cambiar el grupo amino del GABA por el hidroxilo, para conseguir el GHB y estudiar cómo actuaba.

Se vió entonces que el nuevo compuesto produce efectos que van más allá que los del GABA. Uno de ellos es que el GHB es un potente depresor del Sistema Nervioso Central y su consumo produce una subida temporal de la concentración de la dopamina en el cerebro, haciendo que las personas se sientan mejor y más alertas.

Así, en los años siguientes, el GHB se empezó a utilizar como anestésico; para la terapia de la narcolepsia; para ayudar en el parto (logra dilatar el cuello del útero); y para el tratamiento de la adicción al alcohol y la heroína.

En los años 80, el GHB se podía encontrar fácilmente en las tiendas sin receta médica, y era consumido sobre todo por los culturistas (se descubrió que, tras su consumo, se estimula la hormona de crecimiento).

Nada hacía sospechar sobre la nueva sustancia. Durante 30 años, hasta la entrada de los años 90, todos los estudios sobre el GHB hablaban de sus muchas ventajas y de la ausencia de efectos secundarios. Pero fue a principios de esta década cuando la FDA (EEUU) lo retiró del mercado por seguridad pública. En 1991, dos científicos de California informaron sobre los 10 primeros casos de intoxicación por GHB y denunciaron su "gran potencial como sustancia de abuso".

Los doctores Chin y Kreutzer encontraron que los pacientes entrevistados todos consumidores de GHB experimentaban una agradable excitación, y que muchos de ellos continuaban ingiriendo la sustancia porque les hacía sentirse bien. Los autores concluyeron que podía ser un peligro para la salud, aunque no tenían pruebas de sus efectos a largo plazo ni de si creaba o no adicción.


El conocimiento sobre los efectos indeseados del GHB se ha ido ampliando. El GHB puede producir alucinaciones, delirio, euforia y efectos anestésicos. Los primeros síntomas pueden consistir en somnolencia, hipotonía, confusión, cefalea y desequilibrio y, posteriormente, evolucionar hacia un coma con alteraciones respiratorias severas por depresión del Sistema Nervioso Central.

Según los expertos en la materia, el GHB entró en la Argentina hace aproximadamente dos años, y hoy en día es una de las sustancias más letales utilizadas en cualquiera de las muy promocionadas “fiestas electrónicas”.

Sin entrar en mucho debate, es bien conocido el alto riesgo que corren los jóvenes cuando concurren a este tipo de eventos. El conocimiento de las autoridades es bastante ámplio al respecto, pero, de igual manera, otorgan el permiso respectivo, lo que tiende a darles legalidad, ocultando la trama de influencias con el narcotráfico y el crimen organizado.

Personalmente, creo que los padres no debemos esperar que las instituciones estatales nos garanticen, a priori, la seguridad de nuestros hijos, ya que eso sería delegar de manera completa en el Estado una responsabilidad de manera fría. Los sentimiento que tenemos hacía nuestros hijos, en general, no son para nada fríos. Pero no basta con tenerlos, también hay que saber direccionarlos de la mejor manera posible.

A ningún padre le va a ser posible hacer que su hijo no viva su propia vida, pero si es posible ayudarlo a que la experiencia de vida sea lo más feliz y fructífera posible. El punto de partida para esta ayuda es la educación y la información que les podamos acercar. Deslindarnos de esa responsabilidad, pensando que el Estado tiene la obligación de protegerlo, sería igual a darle una pistola con una sola bala y enseñarle a jugar a la “ruleta rusa”, en la creencia de que la bala no les va a tocar a nuestro hijo, sino a los hijos de los otros.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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