Arroz con leche

OPINIÓN 22/11/2016
El Tano (así se llama el libro de Ediciones B, que sufre difusión difícil), "jugó a la timba financiera. Maneja a Boca -protestó la oposición- como si fuera una Sociedad Anónima".

El fútbol, centenario, volvió a ser atracción el último sábado en La Noche de los Museos. El de Boca, me dicen, es el tercer museo más concurrido del país. Cerca de 24.000 visitantes por mes. Una facturación anual estimada de unos 52 millones de pesos. Pero, concesionado hasta 2024 a Torneos y Competencias y otros en una asamblea de 2014 en la que volaron sillazos, su Museo, según balance oficial, le ingresó a Boca sólo 3,5 millones de pesos. La Asamblea de socios de Boca del viernes pasado mostró también que el club cobrará 15 millones de dólares en el próximo ejercicio, pero que debe más de 34 millones. Que los gastos de Comisión Directiva (con miembros ad honórem) superan en un 700 por ciento a los del Departamento de Cultura. Y que Boca, "Club Atlético" como casi todos, por historia y origen, destina sin embargo al basquet, segundo deporte, apenas el 1,31 por ciento del presupuesto. Y a los deportes amateurs el 1,19 por ciento. Se celebró un superávit de 28,9 millones de pesos. Pero 22,8 millones se deben a una sorpresiva operación de dólar a futuro. El presidente Daniel Angelici, El Tano (así se llama el libro de Ediciones B, que sufre difusión difícil), "jugó a la timba financiera. Maneja a Boca -protestó la oposición- como si fuera una Sociedad Anónima".

A la misma hora del doble golpe AFIP-Comisión Normalizadora, el jueves pasado, el Congreso italiano escuchaba en Roma que sus clubes-empresa perdieron 525 millones de euros en 2014-15. Mucho más cerca, el modelo chileno de Clubes-SA sufrió en 2015 un déficit de 16.000 millones de pesos, más de 24 millones de dólares, un 407 por ciento más que en 2009. Argentina no es la excepción, afirmó Roberto Abad. El titular de la AFIP no citó la evasión en trasferencias trianguladas vía Uruguay. Sí agravó en cambio el desastre denunciando una deuda de 1.300 millones de pesos. Efectista, pero inexistente, porque él mismo había aprobado ese régimen especial en 2003. "¿Por qué cuando hay elecciones aparecen tantos interesados en un sistema que es deficitario?", se preguntó Abad en su conferencia del jueves. En Italia, Silvio Berlusconi pasó del Milan a Palazzo Chigi, en Chile Sebastián Piñera del Colo Colo a La Moneda y en Argentina Mauricio Macri de Boca a La Rosada. Ellos podrían explicarle por qué. Y no son los únicos. "El gobierno -aseguró al lado de Abad Fernando De Andreis, secretario general de la Presidencia- no intervino ni intervendrá" en las elecciones de la AFA. Lo dijo en serio, antes de la bendición al candidato Daniel Vila, pope de América TV. "Intratables".

Amenaza ahora la FIFA, no por la sanción a Bolivia, que dificulta el camino a Rusia. Su otro comunicado de ayer, de respaldo a Armando Pérez, fue un aviso a los clubes argentinos, tan rebeldes a la "normalización" como los de Guatemala, que no tiene a un Messi y jamás fue a un Mundial. Y que acaba de ser suspendida. En el predio Julio Grondona, de Ezeiza, los clubes -de intereses contrapuestos, pero abroquelados ante la tormenta- armarán mañana la resistencia. Ya resistieron en los '90 al presidente Carlos Menem, cuando un joven Macri propuso los Clubes SA, que funcionan en casi todas las Ligas top, pero tienen rechazo histórico en Argentina. "Perdimos", me cuentan que le dijo a Macri Grondona, con su mejor cara de Grondona, después de la votación 39-1 que fulminó en 1999 el primer proyecto privatizador. El presidente eterno de la AFA murió. La FIFA es otra (aún cuando el presidente Gianni Infantino mantiene fuertes pujas internas tras recortarle poder al cada vez más severo investigador independiente suizo Cornel Boberly). Y también es otro Macri. Además de Boca, Macri ahora también es gobierno, AFIP, IGJ y todos los recursos habituales del poder para sacar a la pelota del Museo. "Esta -me dijo un dirigente la semana pasada en un debate en la Universidad de Avellaneda- es su revancha".

Se cumplieron 35 años de aquel 24 de octubre de 1981 en el que hinchas de Nueva Chicago marcharon al trote de la cancha al calabozo por haber cantado la Marchita peronista en pleno partido ante Defensores de Belgrano, en tiempos de dictadura. Un grupo siguió preso algunas semanas más y sus compañeros volvieron a la puerta de la cárcel reclamando su libertad. En lugar de la Marchita, eso sí, cantaron el Arroz con leche. La Marchita sonó estos últimos años. El Fútbol Para Todos (FPT) mezcló goles y reivindicaciones con dineros mal administrados y relatos militantes. Mostró también a clubes que son de sus socios y de sus barrios -y también de sus barras- y que construyeron canchas, gimnasios y hasta escuelas, como la de Estudiantes de La Plata, de la que habló la semana pasada el hoy manager Agustín Alayes en El Futbolista, la Fundación de Agremiados en la que completaron estudios jugadores como Sebastián Saja y otros cientos. La Marchita no suena más. Ahora, cuando hasta el Museo y la historia se privatizan, son tiempos de SA, dólares a futuro y futuro fútbol pago. Y de que nos canten el Arroz con leche.

Fuente: La Nación

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